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La Convención Demócrata, escenario para todo el que tenga algo que manifestar
Detienen a un centenar de personas durante protestas
Dpa y Afp
Denver, 26 de agosto. Al menos un centenar de personas fueron detenidas hoy
aquí en dos protestas: una contra el sistema capitalista y la política
belicista de Estados Unidos y otra más contra el aborto, al margen de la
Convención Demócrata que se celebra desde el lunes en esta ciudad.
Unos 300 manifestantes convergieron hacia el parque del Centro Cívico de
Denver, en el centro de la ciudad, para protestar contra el capitalismo y la
“política belicista” del gobierno republicano de Estados Unidos. Muchos fueron
observados mientras portaban piedras y otros elementos que podrían haber sido
empleados para amenazar la seguridad pública, comunicó la policía.
Los agentes de seguridad utilizaron gases lacrimógenos después de que los
manifestantes repentinamente cruzaran una línea de seguridad tendida por la
policía local. Los detenidos fueron acusados de obstruir las calles y
desobediencia, dijeron las autoridades de Denver.
Los incidentes ocurrieron esta tardes. Los detenidos deben pagar una multa
de 141 dólares y cumplir un arresto de cinco días bajo fianza si se reconocen
culpables. Caso contrario deberán comparecer ante un juzgado, opción adoptada
por algunos de ellos.
Otro número indeterminado de personas, entre ellas un cura, fueron
detenidas durante incidentes registrados en una marcha contra el aborto, en la
que los participantes llegaron inclusive a gritar a seguidores de la ex primera
dama Hillary Clinton.
Estos fueron sólo dos de muchos escenarios que rodean la Convención
Demócrata, que ha servido para que protesten todos los que tenga algo qué
manifestar.
Dos chicas se acercaron al predicador evangelista para darse un largo y
tierno beso, bajo los aplausos de partidarios irreductibles de Hillary Clinton,
pacifistas, gays, anarquistas o ambientalistas que se concentraron este martes
frente al Congreso de Colorado.
Para no responder a la provocación, el predicador cerró los ojos, mientras
sus compañeros pedían a las chicas que no se atrevieran a dar un paso más. “A
ustedes no las tocamos y no nos toquen a nosotros”, gritó uno, agarrado a una
pancarta que rezaba “La homosexualidad es un pecado”.
Vigilados a distancia por numerosos policías armados y entrevistados por
otros tantos periodistas, los diferentes manifestantes rodeaban a los
predicadores y debatían con ellos, pacíficamente, a pesar del tono de la
conversación.
“¿Cuándo fue la última vez que llamaste a tu madre?“, preguntó el jefe de
los evangelistas a un partidario de Hillary Clinton que se había alejado de su
grupo de cientos de personas concentradas a unos 100 metros. “Anoche”, replicó,
sin dejarse perturbar.
“Pues tu madre debería tener vergüenza. Te deja tener sexo con chicas. No
es una madre es una amiga”, le espetó el predicador, mientras otra persona
gritaba “Y yo fumé mariguana”, mientras vestía una camiseta que destacaba las
ventajas de dicha droga sobre el alcohol por “no originar violencia o cruda”.
Los predicadores perdieron el monopolio de la atención cuando se acercó un
desfile encabezado por las mujeres pacifistas de la organización Código Rosa,
que avanzaban al grito de “Hoy manifestamos pacíficamente. No estamos fuera
haciendo compras”.
Detrás de una réplica verde de una estatua de la libertad, marchaba un
grupo de ambientalistas bajo el lema “Estamos aquí para demostrar que tenemos
un plan para el futuro”, al tiempo que llevaban pancartas pidiendo un “comercio
justo” y “una energía y alimentos sustentables”.
Momentos después apareció un oso polar, especie amenazada por el
calentamiento global (en realidad se trataba de un disfraz con dos personas
adentro), y un grupo de cinco mujeres pidiendo “que se mantengan vivas las
abejas”, bajo la mirada de sorpresa de un grupo de jóvenes que se habían
acercado a la explanada del Congreso para ofrecer teléfonos celulares durante
la convención.
El desfile lo cerró un grupo de personas que llevaba máscaras de George W.
Bush, Dick Cheney, Condoleezza Rice y Donald Rumsfeld, todos vestidos de
prisioneros y condenados por "guerra ilegal y crímenes de guerra".
El predicador trató de recuperar la atención. “Nosotros somos los
pacifistas”, gritó, sin conseguir otra respuesta que una señal de victoria de
una manifestante.
Tras pasar por delante de miembros de la secta china Falun Gong, el
colorido desfile de unas 200 personas y casi otras tantas causas se dirigió por
las calles de Denver hasta la zona de la convención, acercándose al perímetro
de seguridad que prohíbe el acceso a los que no tienen pase.
Si pudieran entrar al Pepsi Center, los manifestantes habrían recibido un
preservativo gratuito, distribuido amablemente a todos los delegados y los que
trabajan en la convención con el argumento de que “puede salvar vidas”.
Eso sí, ningún predicador pudo llegar hasta allí para poner el grito en el
cielo.
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