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Los sitios negros del Imperio de las Bases
Las 700 bases militares en Afganistán
Nick Turse
TomDispatch
15 de febrero de 2010
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández
En el siglo XIX era un fuerte utilizado por las fuerzas británicas. En el siglo XX, las
tropas soviéticas se instalaron entre sus destartaladas paredes. En diciembre
de 2009, en ese lugar del distrito de Shinwar, de la provincia de Nangarhar en
Afganistán, las tropas estadounidenses se reunieron con miembros del Ejército
Nacional afgano para allanar el camino para la siguiente ronda de ocupaciones
extranjeras. Se quería levantar una nueva base en sus terrenos, una más de
entre los cientos de campos y puestos de avanzada diseminados por todo el país.
Casi diez años después de que la administración Bush lanzara su invasión de Afganistán, TomDispatch
ofrece el primer recuento actualizado de las bases de EEUU, de la OTAN y de las
pertenecientes a la coalición, así como de las instalaciones utilizadas por las
fuerzas de seguridad afganas. Esas bases van desde lugares relativamente
pequeños como Shinwar, hasta megabases que parecen pequeñas ciudades
estadounidenses. Actualmente, según fuentes oficiales, aproximadamente 700
bases de todos los tamaños salpican el territorio afgano, y hay más, como la de
Shinwar, que están en construcción o que pronto serán parte del boom de construcción de bases que empezó ya el pasado año.
Este programa de construcción de bases, latente en medio de las sombras y del que apenas se
informa y raramente se habla, es sin embargo escalofriante en tamaño y alcance,
y muy dependiente de los suministros importados de fuera, lo que significa que
es también extraordinariamente caro. Se ha añadido de forma significativa a la
ya larga lista secreta de propiedades del Pentágono en el exterior y plantea
muchos interrogantes acerca de cuánto tiempo, después de ese supuesto inicio de
retirada de las tropas estadounidenses en 2011, va a permanecer acuartelado
EEUU en Afganistán.
400 bases extranjeras en Afganistán
El coronel Wayne Shanks, portavoz de la Fuerza de Ayuda de Seguridad Internacional (ISAF,
por sus siglas en inglés) dirigida por EEUU, ha manifestado a TomDispatch
que hay, en estos momentos, casi 400 bases estadounidenses y de la coalición en
Afganistán, incluyendo campos, bases de operaciones de avanzada y puestos de
combate. Además, hay al menos 300 bases del Ejército Nacional afgano (ENA) y de
la Policía Nacional Afgana (PNA), la mayoría de ellas construidas, mantenidas o
apoyadas por EEUU. Hay un número reducido de sitios de la coalición que son
megabases, como el campo aéreo de Kandahar, que alardea de tener las pistas más
ocupadas del mundo, y la Base Aérea de Bagram, una anterior instalación
soviética remozada y completada con cadenas de Burger King y Popeyes, donde
ahora se alojan más de 20.000 soldados estadounidenses, además de miles de
efectivos de la coalición y de contratistas civiles.
De hecho, se espera que Kandahar, que recientemente, en 2007, albergaba a 9.000 soldados de
la coalición, tenga una población de 35.000 soldados en el momento en que se complete
el incremento del Presidente Obama, según el Coronel Kevin Wilson, que
supervisa los esfuerzos de construcción, en la mitad sur de Afganistán, del
Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EEUU. Por otra parte, el sitio de Shinwar, según el Sargento Tracy J. Smith, del Equipo de Combate de la 48ª Brigada de Infantería,
será una pequeña base de operaciones de avanzada (BOA) que albergará tanto a
tropas afganas como extranjeras.
El pasado otoño se informó que había un presupuesto por valor de 200 millones de dólares
para proyectos de construcción –desde barracas a instalaciones para almacenes
de carga- en Bagram. La Fuerzas Aéreas de EEUU han reservado también fondos importantes para mejorar su capacidad y potencial aéreo en Kandahar. Por
ejemplo, se han destinado 65 millones de dólares para construir más espacio
para pistas (donde los aviones puedan aparcar, ser atendidos, cargar y
descargar) para facilitar más apoyo aéreo directo a los soldados sobre el
terreno y mayor capacidad de inteligencia, vigilancia y reconocimiento. Se han
asignado también otros 61 millones de dólares para la construcción allí de una
pista para helicópteros de carga y otra pista para facilitar un puente aéreo
táctico.
Kandahar es justo uno de los muchos lugares que actualmente están mejorándose. No se dispone
de cifras exactas de la cantidad de instalaciones que se están ampliando,
mejorando o reforzando pero, según un portavoz de la ISAF, el ejército planea
ampliar varias bases más para acoger el incremento de tropas como parte de la
estrategia del comandante de la guerra afgana Stanley McChrystal. En resumen,
al menos van a construirse doce bases más para poder albergar a los nuevos
30.000 soldados estadounidenses y a los miles de fuerzas de la OTAN que van a
empezar a llegar al país.
“En la actualidad, tenemos en marcha trabajos en Afganistán por valor de 3.000
millones de dólares”, dice el Coronel Wilson, “y para el verano, probablemente,
cuando el polvo de todo el incremento se pose, tendremos entre 1.300 millones y
1.400 millones de dólares de esa cantidad en el Sur”. En comparación, entre
2002 y 2008, el Cuerpo de Ingenieros gastó más de 4.500 millones de dólares en
proyectos de construcción en Afganistán, la mayoría dedicados a construcción de
bases.
En el lugar de la futura BOA en Shinwar, más de 135 contratistas privados de construcción
asistieron a lo que se denominó el “rodeo de contratistas afganos y de la
coalición”. Según el Teniente Fernando Roach, técnico contratista de los
Guerreros de la Montaña del Destacamento Especial del Ejército estadounidense,
el evento de preparó “para proporcionar a los potenciales contratistas una
descripción detallada de la zona para que tuvieran una sólida visión general
del ámbito de trabajo”. Las firmas constructoras pujaron después sobre tres
proyectos separados: la renovación de las instalaciones soviéticas de más de
treinta años de antigüedad, la construcción de nuevos cuarteles para las
fuerzas de la coalición y afganas, y la construcción de un muro para la base de
dos kilómetros.
En las semanas que siguieron al “rodeo”, el ejército estadounidense anunció nuevos
planes para mejorar instalaciones en otras bases de operaciones de avanzada. En
la BOA aerotransportada, localizada cerca de Kane-Ezzat, en la provincia de
Wardak, por ejemplo, el ejército intenta crear búnkeres de hormigón reforzado y
barreras de protección contra explosivos, así como cimientos de hormigón para
Edificios Reubicables (estructuras prefabricadas tipo trailer utilizadas como
cuarteles de trabajo y albergues). También se han proyectado trabajos similares
para la BOA de Altimur, un campo del ejército en la provincia de Logar.
El boom de las bases afganas
Recientemente, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército estadounidense en el distrito de Kabul, en
Afganistán, anunció que iba a buscar ofertas para “evaluar lugares” por toda la
nación donde establecer instalaciones para cuarteles de distrito de las fuerzas
de seguridad nacional afganas. No está clara la cifra precisa de bases afganas
diseminadas por todo el país.
A preguntas de TomDispatch, el Coronel Radmanish, del Ministerio afgano de Defensa,
afirmó que las bases importantes se ubicarían sólo en Kabul, Pakteya, Kandahar,
Herat y Mazar-e-Sharif, y que las unidades del ENA actúan por todo Afganistán.
Sin embargo, los recientes contratos del ejército para el mantenimiento de los
servicios proporcionados a las bases de la policía y ejército afganos, sugieren
que no hay menos de 300 de esas instalaciones, que, según un portavoz de la
ISAF, no están registradas en el inventario de bases de la coalición.
Al contrario de las bases estadounidenses atiborradas de franquicias de comida rápida, las
afganas son a menudo decididamente mucho más rústicas. Los cuarteles de la
policía en el Distrito de Khost Farang, en la provincia de Baghlan, es un buen
ejemplo. Según una valoración detallada del lugar llevada a cabo por un
contratista local para el Cuerpo de Ingenieros del Ejército y el gobierno
afgano, los cuarteles del distrito consisten en unas construcciones de adobe y
piedra rodeadas de un muro de adobe. El lugar carece incluso de un pozo de
agua. Una zanja alimentada por un manantial cercano es la única fuente de agua
disponible.
Las bases estadounidenses que más se parecen a las austeras instalaciones afganas son los
puestos de combate, conocidos también como COPs (siglas en inglés). El
especialista medioambiental Michael Bell del Cuerpo de Ingenieros del Ejército,
División Inmobiliaria del Distrito Sur de Ingenieros en Afganistán, describió recientemente las
instalaciones y la vida en esa base que, él y su ayudante, el Especialista en
Bienes Inmuebles Damian Salazar, vieron a finales de 2009:
“El COP de Sangar… es un recinto rodeado de muros de adobe y paja. Los dormitorios sólo
están dotados de catres… La tienda de campaña con el puesto de mando, la
farmacia y el médico ocupaba el centro del COP y se completaba con unos cuantos
ordenadores con acceso a Internet y tres primitivas mesas de operaciones. Se
acababan de instalar duchas con aguo caliente, de la que sólo de disponía de
8:00 a 10:00 de la mañana y desde las 14:00 a las 16:00 horas…
“El Día de Acción de Gracias se levantó una tienda de campaña para el recreo, bienestar y
la moral de la tropa dotada de un televisor; sin embargo, apenas se utilizaba
la tienda debido al frío. La mayor parte de los soldados utilizaban para
distraerse una tienda de campaña que tenía equipo de gimnasia… Un trailer con
la cocina proporcionaba un sencillo almuerzo y cena calientes. La comida era preparada.
Las noches eran como boca de lobo sin luz alguna en la base o en la ciudad”.
¿Cómo se construye una base?
Según una valoración local oficial, en la futura construcción de los cuarteles policiales
de Khost Farang se utilizará arena, grava y piedra, todo ello adquirible en la
zona. Además, se ha podido localizar cemento, acero, ladrillos, piedra caliza y
yeso en la ciudad de Pol-e Khomri, a unos 130 kilómetros de distancia.
Sin embargo, construir una base para las tropas estadounidenses es otra cuestión. Para las
mucho menos modestas necesidades de las tropas estadounidenses, los
constructores dependen sobre todo de productos importados de lugares
extremadamente lejanos, con dificultades de transporte, teniendo que atravesar
en ocasiones líneas de combate, todo lo cual se añade a un coste
extraordinariamente alto. “Nuestro negocio depende de los materiales”, decía el
Teniente General Robert Van Antwerp, comandante del Cuerpo de Ingenieros del
Ejército, a una audiencia en una reunión en el ayuntamiento en Afganistán en
diciembre de 2009. Tienes que traer mamadera, tienes que traer el acero, tienes
que traer los contenedores y todo lo demás. El transporte no es fácil en este
país –número uno: las mismas carreteras, número dos: tener que atravesar otros
países hasta llegar-, hay que afrontar desafíos enormes hasta llegar aquí con
los materiales”.
Para facilitar los proyectos de construcción de bases estadounidenses, la Agencia de
Logística de Defensa del Pentágono (DLA, por sus siglas en inglés) ha lanzado
un nuevo “escaparate virtual” –un portal de compras online-. La página web de
Operaciones, Mantenimiento y Reparaciones del Escaparate Virtual de de
Uzbekistán y las instalaciones de un almacén de mortero y ladrillo, a cuyo
frente está un contratista de defensa que también es su propietario, sirven al
objetivo de proporcionar materiales de construcción producidos en la región
para acelerar los esfuerzos de construcción que el incremento requiere.
Desde unas instalaciones situadas en Termez, Uzbekistán, pueden transportarse rápidamente
al cercano Afganistán para acelerar los esfuerzos de construcción de bases,
materiales como cemento, hormigón, vallas, tejas, cuerda, arena, acero,
canaletas, cañerías, etc. “Tener los productos más cerca del combate facilitará
la acción de los guerreros al reducir el tiempo de entrega y la respuesta de la
logística”, dice Chet Evanitsky, el jefe de la división de la cadena de suministros de equipamiento y
construcción de la DLA.
El oscuro mundo de las bases estadounidenses
El inventario más reciente del Pentágono de bases enumera un total de 716 lugares en el
extranjero. Ahí se incluyen las instalaciones que poseen y arrendan por todo
Oriente Medio, así como una importante presencia en Europa y Asia,
especialmente en Japón y Corea del Sur. Quizá incluso más imponente que la cartera de propiedades públicas en el extranjero son los
muchos lugares que han quedado fuera de ese inventario oficial. Aunque las
bases en los países del Golfo Pérsico como Bahrain, Kuwait, Omán y los Emiratos Árabes
Unidos, están todas en la lista, hay un lugar notablemente ausente como es el
la Base Aérea de Al-Udeid, una instalación por valor de miles de millones de
dólares en la cercana Qatar, donde la Fuerza Aérea estadounidense supervisa en secreto las guerras que tiene en marcha con
aviones no tripulados.
El recuento no incluye tampoco ninguno de los lugares de Iraq donde, en agosto de 2009,
había aún casi 300 bases y puestos
de avanzada estadounidenses. De forma muy
parecida, las bases en Afganistán –un porcentaje importante de los 400 lugares
diseminados por todo el país- están notoriamente ausentes del inventario del
Pentágono.
Contando las bases que quedan en Iraq –se espera que hasta 50 bases sigan operativas después
de la fecha límite fijada por el Presidente Barack Obama del 31 de agosto de
2010, para sacar a todas las “tropas de combate” estadounidenses del país- y
las que están en Afganistán, así como los lugares negros como Al-Udeid, la
cifra total de bases estadounidenses en el extranjero debe en este momento
superar, y en mucho, la cifra de 1.000. Será muy difícil saber nunca
públicamente y con exactitud cuántas bases militares de EEUU (e instalaciones
aliadas que las fuerzas estadounidenses utilizan) hay esparcidas por todo el
planeta. Lo que sabemos –desde la experiencia de las bases en Alemania, Italia,
Japón y Corea del Sur- es que, una vez construidas, tienen una tendencia a la
permanencia que ni el cese de hostilidades ni siquiera una paz indiscutible
pueden en forma alguna alterar.
Después casi de una década de guerra, casi 700 bases militares estadounidenses, aliadas y
afganas salpican todo Afganistán. Sin embargo, hasta ahora, existen sitios
negros que muy pocos estadounidenses conocen fuera del Pentágono. Queda por
ver, en una década futura, cuántos de esos lugares seguirán estando ocupados
por las tropas aliadas y estadounidenses y cuál será la bandera que ondeará en
el siempre cambiante (británico, soviético, estadounidense/afgano)
emplazamiento de Shinwar.
Nick Turse es editor asociado de TomDispatch.com y ganador del Premio Ridenhour 2009 a la
Distinción Informativa, así como el Premio James Aronson para el Periodismo de
Justicia Social. Sus trabajos se publican en Los Angeles Times, The Nation,
In These Times y, regularmente, en TomDispatch. Turse es actualmente
miembro del Center for the United States and the Cold War de la
Universidad de Nueva York. Es autor de “The Complex: How the Military Invades Our
Everyday Lives”, (Metropolitan Books). Su página en
Internet es: NickTurse.com
Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/175204/tomgram%3A_
nick_turse%2C_america%27s_shadowy_base_world/#more
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