Inteligencia falsa y tragedias verdaderas
Rebecca Murria
IPS
2 de diciembre de 2011
JALALABAD, Afganistán, dic (IPS) - Una redada nocturna en la localidad
afgana de Hakimabad, en la oriental provincia de Nangarhar, muestra el
verdadero rostro de la ocupación militar extranjera encabezada por Estados
Unidos y lo que significa para la población local.
Qari Mohammad Bashir escuchó a su sobrina gritar desde el jardín del fondo
de su casa poco antes de la medianoche del 27 de octubre. Bashir, un
comerciante y líder religioso de 33 años del remoto distrito agrícola de
Jogyani, tomó una linterna y salió.
"¡No se mueva! Somos de la ISAF (siglas en inglés de Fuerza Internacional
de Asistencia a la Seguridad)", gritaron varios hombres fuertemente
armados que habían escalado los muros del lugar y se le abalanzaban.
Los soldados extranjeros, acompañados por intérpretes afganos, le ordenaron
a él y a su hermano que se desnudaran y se arrodillaran. Los esposaron y les
vendaron los ojos, relató Bashir.
"Actuaban con rudeza, me tiraban de la barba y del cuello
preguntándome si conocía a ciertos líderes del Talibán, pero no los
conocíamos", dijo a IPS.
Los militares allanaron casa por casa toda la noche en Hakimabad, parte del
distrito de Jogyani, registraron los muebles y confiscaron las armas que suele
tener la población para defenderse en esta insegura región. En algunos casos,
se llevaron dinero, según dijeron varios vecinos a IPS.
En una de las casas, Zabihullah, de 18 años, relató que su padre, quien
trabaja en un proyecto de infraestructura del gobierno, había sido amenazado
por combatientes del movimiento islamista Talibán para que dejara su empleo. El
muchacho pensó que era un ataque talibán cuando los soldados hicieron volar la
puerta con explosivos.
Otro vecino, Asif Amin, profesor del departamento de inglés de la
Universidad de Nangarhar, en Jalalabad, la capital provincial, relató que
estaba de visita en su aldea cuando allanaron la vivienda familiar. "Se equivocaron
porque aquí vive gente común. Si las fuerzas de la coalición les piden que se
presenten a declarar, lo harán. Pagan sus impuestos y conocen las reglas. Por
acciones como esta la gente puede volverse en su contra", dijo.
En la madrugada, 10 hombres, entre ellos Bashir, Zabihullah y Raees Jan, de
16 años, fueron conducidos a pie y con los ojos vendados hasta la base militar
del distrito, y luego trasladados en helicóptero a la base de operaciones
avanzadas de Fenty, en Jalalabad.
Nueve de ellos fueron confinados en aislamiento e interrogados durante tres
días sobre sus actividades cotidianas, tras lo cual fueron liberados por
separado en el portón principal de Fenty. Le dieron 20 dólares a cada uno para
regresar a casa.
Bashir fue conducido en un avión militar y trasladado a lo que él creyó que
era la base aérea de Bagram, destino común de las personas detenidas por la
coalición encabezada por Estados Unidos. Allí fue interrogado varias veces
sobre sus contactos antes de regresarlo a Fenty y liberarlo días después.
"La información de inteligencia era falsa", arguyó Bashir.
"No podemos ignorar que hay talibanes, pero no todo el mundo pertenece al
Talibán. Arremeten contra todo", añadió. Después de esa experiencia, cada
vez que se oye un helicóptero, los niños se asustan y dicen: "¡te vienen a
buscar!", relató.
El presidente de Afganistán, Hamid Karzai, habló el 16 de noviembre ante la
asamblea de la Loya Yirga en Kabul, reclamando el fin de los allanamientos
nocturnos de Estados Unidos y de las fuerzas de la coalición, como condición
para mantener la presencia militar estadounidense después de 2014.
La embajada de Estados Unidos en Kabul elogió la propuesta de la Loya Yirga
–una asamblea tradicional consultiva de 2.000 miembros nombrados por el gobierno–
que pidió mantener la presencia militar de ese país en suelo afgano por varios
años.
Un estudio realizado en septiembre por la Open Society Foundation y la
organización no gubernamental afgana The Liaison Office, sugiere que la
actuación militar mejoró en la identificación de objetivos militares, la
integración de las Fuerzas de Seguridad Nacional, y en reducir la cantidad de
víctimas civiles y la destrucción de infraestructura.
Pero, alertó, no disminuyeron los ataques y "el drástico aumento de
los allanamientos nocturnos y la evidencia de que estos y otro tipo de
operaciones pueden estar dirigidas sobre todo a la población civil con el fin
de conseguir información, parece haber superado la tolerancia afgana".
"La actitud de la población hacia las incursiones nocturnas es tan
hostil como antes, o incluso más", añade.
IPS había documentado previamente que las bajas civiles
registradas estaban por debajo de la realidad "bastante más" y que
hubo más de 1.500 personas muertas en un periodo de 10 meses entre 2010 y 2011,
según análisis de estadísticas oficiales de Estados Unidos y de la Organización
del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
"Seguirán con los allanamientos mientras piensen que son exitosos y
que reducen la cantidad de víctimas civiles", dijo a IPS una de las
fundadoras de The Liaison Office, Susanne Schmeidl.
"Las fuerzas de ISAF/OTAN avanzan hacia un modelo de redadas nocturnas
dirigidas por las Fuerzas de Seguridad Nacional y sostienen que casi lo
logran", indicó Peyton Cooke, responsable del programa de justicia de la
organización.
"La Fuerza de Operaciones Especiales (SOF) de Estados Unidos (que
actúa con cierto grado de independencia, aunque técnicamente está bajo el mando
de ISAF/OTAN) puede, o no, avanzar también hacia ese modelo", puntualizó.
"No sé si hicieron declaraciones públicas al respecto, pero parte de
su misión es trabajar en estrecha colaboración y asesorar a las fuerzas
afganas. En ese sentido, la condición de Karzai puede resultar menor, aunque
será imposible saberlo sin contar con información de la SOF", añadió.
En respuesta a la decisión de la Loya Yirga, unos 1.000 estudiantes de la
Universidad de Nangarhar protestaron el 20 de noviembre en Jalalabad reclamando
el fin de las bases militares permanentes de Estados Unidos, las redadas
nocturnas y las prisiones en manos de extranjeros.
Rafiuddin, de 36 años, trata de no llorar cuando cuenta detalles de la
incursión militar en su casa de Koshkaky, en el distrito de Surj Rod en el
norte de la provincia Nangarhar, que sufrió en mayo de 2010.
Las fuerzas de la coalición lanzaron un ataque sorpresa poco después de la
medianoche contra su casa. Su sorprendido guardia levantó el arma, pero le
dispararon primero. Luego, su hermano Hafizuddin murió instantáneamente tras
recibir un tiro en la cabeza.
Cuando su hijo, Habibuddin, de 17 años, corrió a socorrer a su tío, le
lanzaron una granada propulsada por un cohete. Sufrió una muerte lenta en la
huerta, donde la familia fue obligada a permanecer durante la noche. Un
agricultor y sus cuatro hijos que vivían en la propiedad, escucharon el ruido y
corrieron a ayudarlos. También les dispararon. En total 10 civiles fueron
asesinados.
Atado e interrogado hasta la mañana siguiente, Rafiuddin descubrió que las
fuerzas de la coalición buscaban a combatientes del Talibán y sospechaban de
uno de los hijos del agricultor.
Rafiuddin, chófer de un legislador de la oposición, contó que tres
generaciones de la misma familia habían vivido en esas tierras y dijo no saber
nada del Talibán.
"Le dije al intérprete que habían matado a todas las personas que
estaban a mi alrededor. Le pedí, ‘por favor diles exactamente lo que estoy
diciendo’. Él respondió: 'Les dieron información falsa sobre su propia casa, lo
siento por usted'".
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