¿Bush en Haití?, una bofetada a la tragedia
Vicky Peláez
(especial para ARGENPRESS.info)
20 de enero de 2010
Donde quiera que haya un duelo, estaré de parte del que cae (Juan José Arreola)
Recurrir a Bill Clinton y a George W. Bush para que ayuden en la tragedia de Haití, es
ignorar el daño que ocasionaron ambos líderes a este país sufrido y constituye
uno de los actos más cínicos del presidente Barack Obama. Fue precisamente en
1991 cuando el gobierno de George H. Bush (padre) apoyó el golpe de Estado
contra el legítimo presidente populista Jean – Bertrand Arístide por sus
intentos de retornarle a su pueblo la dignidad, a través de suaves reformas
socioeconómicas que fueron percibidas por Washington como una sublevación
contra el neoliberalismo globalizado.
Sin embargo, la resistencia de los haitianos obligó al gobierno norteamericano,
ya bajo la presidencia de Bill Clinton, a mandar a sus marines para reinstalar
a Arístide en el poder en 1994. Pero para castigar su desobediencia al plan
económico neoliberal impuesto por los EEUU,que los haitianos denominaban “plan
de la muerte”, Clinton declaró el embargo económico para estrangular al país,
donde más del 80 por ciento de la población vivía en la pobreza, de los cuales
54 por ciento sobrevivían con menos de un dólar al día.
George W. Bush (hijo), fue inclusive más lejos cuando
Arístide, que fue reelegido, trató en el 2004 de crear los comités populares y
formar un sistema de Defensa Civil para prevenir las tragedias humanas durante
los desastres nacionales como el terremoto que ha devastado al país, la semana
pasada. Esta iniciativa fue percibida por los halcones de Bush como un ‘intento
comunista que peligraría los intereses nacionales norteamericanas’. En seguida
reactivaron los escuadrones de la muerte que desestabilizaron al país y dieron
un pretexto a los Estados Unidos para detener y deportar a Arístide, con el
cuento que había renunciado. Tras de esto impusieron presidentes lacayos y
lograron que las Naciones Unidas manden soldados para ocupar y administrar el
país de acuerdo a los intereses de las trasnacionales.
Las grandes potencias occidentales nunca perdonaron que
Haití haya sido el primer país negro independiente, ni que haya expulsando a
los franceses en 1804, a pesar de la ayuda que les dio Thomas Jefferson, quien
temía que “la rebelión de 500,000 esclavos en Haití daría estímulo a los
esclavos en Norteamérica”. En venganza de su liberación, los franceses
obligaron a Haití a pagar una indemnización que en el dinero de hoy sería 28
mil millones de dólares, lo que llevó a este país, entonces el más rico de
América Latina, al desastre. Al irse los franceses, los estadounidenses se
“interesaron” por la riqueza del país: el azúcar. En 1915 lo invadieron y
permanecieron allí hasta 1934, tiempo en que se produjo la deforestación y el
desastre medioambiental. En ese tiempo el secretario naval Franklin D.
Roosevelt, el que sería en el futuro presidente de los Estados Unidos, escribió
la constitución de Haití.
En realidad cada presidente norteamericano hizo algo para
arruinar más a este país. Ronald Reagan favoreció a los criadores de chanchos
estadounidenses y ordenó a Haití a destruir sus 400,000 cerdos, bajo el
pretexto de la gripe porcina cuya presencia nunca fue comprobada. Bill Clinton
hizo destruir la producción de arroz y ahora Barack Obama les promete 100
millones de dólares de los 500 millones embargados por Clinton, ¡como ayuda
desinteresada! Es más ha enviado 10,000 marines armados en vez de rescatistas y
médicos. El Fondo Monetario Internacional les promete 100 millones de dólares
de préstamo con intereses.
Hoy Obama se burla de Haití y del mundo, encargándole la tarea de ayuda a GeorGe W.
Bush, el presidente que miraba desde un avión, tras el huracán Katrina, cómo
morían los afroamericanos en Nueva Orleans.
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