Confiesan irregularidades en Guantánamo
Guardias humillaban a prisioneros
The Associated Press
14 de febrero de 2009

El ex guardia de Guantánamo Brandon Neely, de 28 años, dijo que la
juventud de los carcelarios no permitió el uso de tácticas necesarias. |
SAN JUAN, Puerto Rico- El soldado Brandon Neely estaba asustado cuando hizo descender de un autobús a los primeros
detenidos que llegaban a Guantánamo. Como le habían dicho que eran terroristas
desalmados, asió a un detenido anciano y tembloroso y le incrustó la cara en el
piso de cemento, la primera de una serie de humillaciones que dijo haber
cometido y presenciado.
Golpes, Humillaciones y daños psicológicos
Neeley ha hecho oír su voz en este último año de existencia del centro de detención para manifestar públicamente su
sentimiento de culpa y vergüenza por el comportamiento de los soldados cuando
recibieron los primeros supuestos miembros de Al-Qaiea y el Talibán en la
aislada base naval estadounidense en Cuba.
Su testimonio, uno de los primeros de un ex guardia que describe abusos en
Guantánamo, reseña un momento caótico en que los soldados carecían de reglas
claras para tratar a los detenidos a quienes se privó de muchas comodidades
básicas. Dice que las circunstancias cambiaron rápidamente cuando llegaron los
observadores del Comité Internacional de la Cruz Roja.
Como Neely admitió esta semana en una entrevista con la AP, "lo que hice y
lo que vi estuvo mal".
El fornido texano que sirvió un año en Irak después de sus seis meses en
Guantánamo, fue dado de alta del ejército y ahora trabaja como policía en el
área de Houston. También preside la filial local de Veteranos de Irak Contra la
Guerra.
La necesidad que sintió de contar sus experiencias lo condujo al Proyecto de
Testimonios de Guantánamo, de la Universidad de California en Davis, un
esfuerzo por documentar versiones sobre abusos a prisioneros. Incluye
declaraciones públicas de otros cuatro ex guardias, pero Neely fue el primero
en conceder una entrevista a los investigadores.
Neely, de 28 años, describe una letanía de tratamiento cruel a manos de otros
soldados, incluyendo golpizas y humillaciones que dijo sólo tenían el propósito
de causar daños físicos o sicológicos.
Su testimonio arroja nueva luz sobre los primeros días de Guantánamo, donde
fueron despachados apresuradamente en enero del 2002 para recibir hombres
encadenados y encapuchados. Los mantuvieron en jaulas hasta que los trasladaron
a estructuras permanentes tres meses después.
Soldados carecían de reglas para tratar a presos
Los soldados, muchos de ellos todavía adolescentes, no tenían instrucciones sobre procedimiento y apenas se les habló
de las Convenciones de Ginebra, que suministran pautas para el tratamiento
humano de los prisioneros de guerra, dijo Neely, aunque algunos se enteraron
por iniciativa propia.
"La mayoría de nosotros que teníamos contacto con los detenidos éramos
realmente jóvenes", dijo en la entrevista telefónica con la AP.
El coronel del ejército Bill Costello admitió que los procedimientos
específicos en Guantánamo se desarrollaron con el tiempo, pero insistió en que
los guardias tenían instrucciones estrictas desde el comienzo. "Esta era
una guardia profesional", agregó Costello, que se desempeñó como vocero de
Guantánamo en sus primeros meses y ahora es portavoz del Comando Estadounidense
del Sur en Miami, que supervisa la operación de la base.
Apenas habían pasado meses desde los ataques terroristas del 2001 en Estados
Unidos y Neely dijo que muchos de los guardias querían venganza. Especialmente
antes de la primera visita de la Cruz Roja, dijo que los guardias aprovechaban
cualquier aparente infracción para herir a los detenidos. El comportamiento de
los guardias parecía justificado en ese entonces, agregó, porque les habían
dicho que los detenidos "eran los peores terroristas en el mundo".
Recordó que un médico dio un puñetazo en la cara a un prisionero esposado por
negarse a tragar un suplemento nutritivo líquido.
Dijo que los detenidos eran obligados a ducharse y defecar en baldes a la vista
de las soldados femeninas, en contravención a las costumbres islámicas. Cuando
un detenido insultó a una guardia mujer, dijo que un grupo de soldados le dio
una paliza y lo asió para que la mujer lo golpeara repetidamente en la cara.
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