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10-07-2007
Crimen y castigo en el mundo de Bush
Compasión, conspiración y conmutación
Marjorie Cohn
CounterPunch
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Al anunciar la conmutación de la condena
a 30 meses de Scooter Libby, George W. Bush citó todo lo que Libby ha sufrido y
sufrirá: daño a su reputación, el sufrimiento de su esposa e hijos, elevadas
multas, y las consecuencias “duraderas” de ser un infractor de la ley
condenado.
Cuando fue gobernador de Texas, sin
embargo, Bush no mostró compasión por las 56 personas cuyas penas de muerte se
negó a conmutar. Uno de ellos fue Terry Washington, un retrasado mental
ejecutado por asesinar al gerente de un restaurante. El jurado nunca fue
informado de la condición mental de Washington. A Bush no lo afectó.
Cuando el Departamento de Justicia de
Bush recientemente convenció a la Corte Suprema para que confirmara la condena a 33 meses de Victor Rita, un
héroe de la guerra condecorado acusado de los mismos crímenes que Libby, Bush
no expresó ninguna preocupación por la familia o el futuro de Rita.
Y cuando su procurador general, Alberto
Gonzales, argumentó recién el pasado mes que el Departamento de Justicia
propugnaría legislación para extender las sentencias federales, a Bush no le
preocupó cómo esas largas sentencias a la cárcel afectarían a las familias y el
futuro de los prisioneros. Pero Bush sintió que la sentencia de Scooter Libby
era “excesiva.” Y en lugar de reducir la sentencia a la cárcel de ese criminal
condenado, Bush lo dejó ir sin un solo día en la prisión.
Al conmutar la condena de Libby, Bush
señalizó su complicidad en la obstrucción de la justicia por la que condenaron
a Libby. Bush y Cheney habían iniciado la campaña de difamación para
desprestigiar y castigar al embajador Joseph Wilson y a su esposa Valerie
Plame, después de que Wilson desenmascarara pública la pieza central de las
mentiras del gobierno sobre las armas de destrucción masiva en Iraq.
Durante el proceso de Libby, éste hizo
citar legalmente a Cheney y a otros altos funcionarios de Bush para apoyar su
defensa de que era el chivo expiatorio para sus superiores. Pero Libby terminó
por echarse atrás y casi no presentó defensa ante las acusaciones. La única
explicación lógica es que Bush le prometió que nunca llegaría a ver los muros
de una celda en la prisión. El quid pro quo: Libby mantiene silencio sobre la
participación de Bush y Cheney en la conspiración. Con la conmutación, Bush
cumplió con su promesa.
¿Por qué no perdonó simplemente Bush a
Libby y limpió sus antecedentes? Porque entonces Libby no podría apoyarse en el
privilegio de la Quinta Enmienda
contra la auto-incriminación en cualquier futuro proceso criminal o
parlamentario, y sería susceptible a hacer declaraciones juradas en el juicio
civil Wilson/Plame. Esta conmutación calculada preserva sus derechos a la
apelación (y por lo tanto su recurso a la Quinta Enmienda). Es una continuación del encubrimiento.
James Madison advirtió: “Si el presidente
tiene que ver, en alguna manera sospechosa, con alguna persona, y hay motivos
para pensar que lo protegerá, la Cámara de
Representantes puede impugnarlo; pueden removerlo si es declarado culpable.”
El representante John Conyers Jr. ha
programado una audiencia para la próxima semana para investigar “el uso y abuso
del poder de clemencia presidencial.” En respuesta a la conmutación de Libby,
la presidenta de la Cámara, Nancy
Pelosi, dijo que Bush “abandonó todo sentido de equidad cuando en relación con
la justicia, no ha defendido el Estado de derecho, y no ha mantenido la
responsabilidad de su gobierno.” Tal vez ahora vuelvan a considerar la
impugnación.
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Marjorie Cohn es profesora en la Escuela de Derecho Thomas Jefferson y presidenta del Sindicato Nacional
de Abogados. Su nuevo libro: “Cowboy Republic: Six Ways the Bush Gang Has Defied
the Law,” será publicado en julio.
http://www.counterpunch.org/cohn07062007.html
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