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Cuántos millones de personas han muerto en las guerras de EEUU: I. Irak

El número de víctimas de las guerras de EEUU desde el 11 de septiembre de 2001 ha sido en gran medida incontable, pero aceptar la verdadera escala de los crímenes cometidos sigue siendo un imperativo moral, político y legal urgente

NICOLAS J. S. DAVIES
26 de marzo de 2018

¿Cuántas personas han muerto en las guerras que EEUU ha librado desde el 11-S? He investigado y escrito sobre esta cuestión desde poco después que EEUU lanzara estas guerras, que ha tratado de justificar como respuesta a los crímenes terroristas que mataron a 2.996 personas en EEUU el 11 de septiembre de 2001.

Pero ningún crimen, por horrendo que sea, puede justificar guerras contra países y personas que no fueron responsables del crimen cometido, tal como explicó pacientemente el exfiscal de Nüremberg Ben Ferencz a NATIONAL PUBLIC RADIO.

En “The Iraq Death Toll 15 Years After the U.S. Invasion” (El número de muertos en Irak 15 años después de la invasión estadounidense), que escribí junto con Medea Benjamin, estimamos el número de muertos en Irak de la manera más precisa y honesta posible en marzo de 2018. Nuestra estimación es que en Irak han muerto alrededor de 2,4 millones de personas como resultado del histórico acto de agresión cometido por EEUU y Reino Unido en 2003. En este informe, explicaré con mayor detalle cómo llegamos a esa estimación y proporcionaré algún contexto histórico. En la segunda parte de este informe haré una estimación actualizada similar de cuánta gente ha muerto en las otras guerras de EEUU después del 11-S.

Estudios de mortalidad vs. informaciones pasivas


Samar Hasan se lamenta después de que sus padres fueran asesinados por soldados estadounidenses en Irak en 2005. (Foto: Chris Hondros / Getty Images)

Exploré estas mismas preguntas en el capítulo 7 de mi libro Blood On Our Hands: the American Invasion and Destruction of Iraq (Sangre en nuestras manos: La invasión y destrucción de Irak por parte de EEUU) y en artículos anteriores, desde “Burying the Lancet Report… and the Children” (Enterrando el Informe de Lancet… y a los niños) en 2005 hasta “Playing Games With War Deaths” (Jugando con los muertos de las guerras) en 2016.

En cada uno de esos escritos expliqué las estimaciones de muertes causadas por las guerras publicadas regularmente por los organismos de la ONU, los grupos de estudios y los medios de comunicación, y que casi todos ellos se basan en “informaciones pasivas” fragmentarias, no en estudios exhaustivos de la mortalidad.

De los países en los que EEUU y sus aliados han estado librando guerras desde 2001, Irak es el único en el que los epidemiólogos han realizado estudios de mortalidad basados en las mejores prácticas que se han desarrollado y utilizado en otras zonas de guerra (como Angola, Bosnia, República Democrática del Congo, Guatemala, Kosovo, Ruanda, Sudán y Uganda). En todos estos países, al igual que en Irak, los resultados de estudios epidemiológicos exhaustivos revelaron entre 5 y 20 veces más muertes que las cifras publicadas anteriormente basadas en informes pasivos.

    Nuestra estimación es que en Irak han muerto alrededor de 2,4 millones de personas como resultado del histórico acto de agresión cometido por EEUU y Reino Unido en2003

Body Count: Casualty Figures After 10 Years of the «War on Terror»”, un informe publicado por Physicians for Social Responsibility (Médicos por la Responsabilidad Social) en 2015, encontró que el estudio de 2006 realizado por THE LANCET fue el estudio de mortalidad más completo y fiable realizado en Irak, basado en el diseño de su estudio, la experiencia e independencia del equipo de investigación, el corto tiempo transcurrido desde que se documentaron las muertes y su consistencia con otras contabilidades de la violencia en el Irak ocupado. En ese estudio se estimó que unos 601.000 iraquíes murieron en los primeros 39 meses de la guerra y la ocupación, mientras que la guerra también había causado unas 54.000 muertes no violentas.

En los otros países afectados por las guerras de EEUU después del 11-S, los únicos informes existentes sobre víctimas mortales han sido realizados por la ONU, basados en investigaciones de incidentes reportados a las misiones locales de asistencia de la organización — como en Irak y Afganistán — o directamente por la ONU y grupos de estudio independientes como el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, Iraq Body Count y Airwars, a partir de informes pasivos de agencias gubernamentales, centros de salud y medios de comunicación locales o extranjeros.

Estos informes pasivos son citados regularmente por la ONU y las agencias gubernamentales, los medios de comunicación e incluso por los activistas como “estimaciones” del número de personas muertas, pero no son lo que parecen. Por definición, ninguna colección de informes fragmentarios puede ser una estimación realista de todas las personas muertas en un país asolado por la guerra.

En el mejor de los casos, los informes pasivos pueden revelar un número mínimo de muertes en la guerra. Pero esa es a menudo una fracción tan pequeña de las muertes reales que es altamente engañoso citarla como una “estimación” del número total de personas muertas. Esta es la razón por la que los epidemiólogos han desarrollado métodos de muestreo científico que utilizan para producir estimaciones precisas de las muertes por guerra a través de estudios de mortalidad estadísticamente válidos.

Las enormes disparidades que los epidemiólogos han encontrado entre los resultados de los estudios de mortalidad y los informes pasivos (una relación de 5 a 1 y de 20 a 1) han sido consistentes en muchas zonas de guerra diferentes en todo el mundo. En los países donde los gobiernos occidentales no son responsables del estado de guerra, no ha habido controversia política sobre estos resultados, y son citados regularmente por las autoridades y los medios de comunicación occidentales.

Pero los políticos y los medios occidentales han desestimado y marginado los resultados de los estudios de mortalidad en Irak por razones políticas. La responsabilidad de EEUU y Reino Unido por el estado de guerra en Irak significa que la escala de la matanza es un grave asunto de responsabilidad política y penal de las máximas autoridades, que eligieron ignorar el consejo legal de que la invasión de Irak sería un “crimen de agresión”.

En 2006, Sir Roy Anderson, consejero científico jefe del ministerio de defensa de Reino Unido, informó a las autoridades británicas que “el diseño del estudio [de THE LANCET] es sólido y emplea métodos que se consideran cercanos a las «mejores prácticas» en este área”.


El presidente de EEUU George W. Bush en un poster de Robbie Conal.)

La BBC obtuvo copias de correos electrónicos en los que las autoridades británicas admitían que el estudio era “probable que fuera correcto” y que “la metodología de la encuesta empleada aquí no puede ser criticada, siendo una forma probada y comprobada de medir la mortalidad en zonas de conflicto”. Pero las mismas autoridades lanzaron inmediatamente una campaña para desacreditar el estudio. El presidente George W. Bush declaró públicamente: “No lo considero un informe fiable”. Y los serviles medios de comunicación corporativos estadounidenses lo rechazaron rápidamente.

En “Playing Games With War Deaths” concluí que “al igual que con el cambio climático y otros temas, las autoridades de la ONU y los periodistas deben superar las presiones políticas, tomar en cuenta las investigaciones científicas y dejar de arrastrar a la gran mayoría de las víctimas de nuestras guerras por este «agujero de la memoria» orwelliano”.

Algunos han argumentado que no es importante saber si nuestras guerras han matado a decenas de miles de personas o a millones, ya que todas las muertes en las guerras son una trágica pérdida de vidas y deberíamos simplemente llorarlas, en lugar de discutir sobre los números. Pero como señalaron los autores de “Body Count”.

Los números difundidos por los medios de comunicación deberían ser en sí mismos lo suficientemente aterradores… Pero, al parecer, todavía se perciben como tolerables y, además, fáciles de explicar dada la imagen de excesiva violencia por motivos religiosos. Sin embargo, la cifra de 655.000 muertos solo en los tres primeros años de la guerra apunta claramente a un crimen contra la humanidad que se acerca al genocidio.

Estoy de acuerdo con los autores de “Body Count>”, ya que no es lo mismo matar a millones de personas que a unas decenas de miles, como parece creer la mayoría de la gente en Reino Unido y EEUU, según las encuestas de opinión.

La mayoría de los estadounidenses diría que es importante saber si el papel de Alemania en la Segunda Guerra Mundial condujo a la muerte de millones de personas o solo de diez mil. Sugerir esto último es realmente un delito en Alemania y en otros países.

Por tanto, los políticos, periodistas y ciudadanos de EEUU que dicen que no importa cuántos iraquíes hayan muerto están aplicando, consciente o inconscientemente, un doble rasero moralmente insostenible sobre las consecuencias de las guerras de nuestro país, precisamente porque son las guerras de nuestro país.

Una guerra que sigue matando

Aunque el estudio de THE LANCET de 2006 sobre la mortalidad posterior a la invasión de Irak es reconocido por expertos independientes, entre ellos los autores del informe “Body Count” de Physicians for Social Responsibility, como la estimación más precisa y fiable de las muertes por guerra en cualquiera de nuestras guerras posteriores al 11-S, fue llevado a cabo hace casi 12 años, tan solo 39 meses después de la guerra y la ocupación de Irak. Tristemente, eso no fue ni mucho menos el final de las consecuencias mortíferas y catastróficas del histórico acto de agresión de EEUU y Reino Unido.

El estudio de THE LANCET de 2006 documentó el aumento constante de la violencia en el Irak ocupado entre 2003 y 2006, y muchos otros indicadores señalan que la escalada de la violencia en el país continuó al menos hasta el final de la “escalada” estadounidense en 2007. La oleada de cadáveres mutilados de víctimas de los escuadrones de la muerte en Bagdad no alcanzó su punto más álgido hasta finales de 2006, con 1.800 cadáveres en julio y 1.600 en octubre. Luego se quintuplicaron los bombardeos aéreos de Irak en 2007, y enero de 2008 fue el mes en el que se realizaron los bombardeos más intensos desde el inicio de la invasión en 2003.

Este patrón da credibilidad a una encuesta realizada por una respetada firma británica, Opinion Research Business (ORB), en junio de 2007, un año después del estudio de THE LANCET, en el que se estimaba que para entonces habían muerto 1.033.000 iraquíes.

El estudio de THE LANCET estimó que 328.000 — más de la mitad de las muertes violentas que contabilizó — habían ocurrido entre mayo de 2005 y mayo-junio de 2006. Por consiguiente, si la estimación de ORB es correcta, significaría que otros 430.000 iraquíes murieron en los 12 meses transcurridos después del estudio de la prestigiosa revista médica británica.

    “La cifra de 655.000 muertos solo en los tres primeros años de la guerra apunta claramente a un crimen contra la humanidad que se acerca al genocidio”
     — Body Count

Aunque la cifra de un millón de iraquíes muertos es realmente fuerte, el aumento constante de muertes revelado por la encuesta de ORB es consistente con otros estudios de la violencia de la ocupación, que siguió incrementándose a finales de 2006 y en 2007.

La violencia en Irak disminuyó en 2008 y durante varios años después. Pero los escuadrones de la muerte de la policía especial, reclutados, entrenados y desatados en Irak por el ministerio del interior iraquí, las fuerzas de ocupación de EEUU y la CIA entre 2004 y 2006 (rebautizados como Policía Nacional tras el descubrimiento de su centro de torturas de Al Yadiriyah en 2005, y luego como Policía Federal en 2009), continuaron su reinado del terror contra los árabes suníes en el norte y el oeste del país. Esto generó un resurgimiento de la resistencia armada y llevó a grandes áreas de Irak a aceptar el gobierno del Estado Islámico en 2014, como una alternativa a los implacables abusos del gobierno corrupto y sectario iraquí y sus mortíferos escuadrones de la muerte.

Iraq Body Count (IBC), radicado en Reino Unido, ha compilado informes pasivos de muertes de civiles en Irak desde la invasión, pero solo había contabilizado 43.394 muertes hasta junio de 2006, cuando el estudio de THE LANCET estimó 601.000 muertes violentas: casi 14 veces más. Just Foreign Policy (JFP), de Estados Unidos, creó un “estimador de muertes iraquíes” que actualizó la estimación del estudio de THE LANCET, rastreando las muertes reportadas pasivamente por IBC y multiplicándolas por la relación entre el estudio de mortalidad y el informe pasivo de IBC de 2006.

Puesto que el IBC se basa principalmente en los informes de los medios de comunicación en lengua inglesa, es posible que haya subestimado aún más las muertes después de 2007, ya que el interés de los medios de comunicación occidentales por Irak ha disminuido. Por otra parte, a medida que se hizo más seguro para los funcionarios del gobierno y los periodistas viajar por Irak, su cobertura informativa podría haber mejorado. O quizás estos y otros factores se equilibraron entre sí, haciendo que el estimador de muertes iraquíes de JFP sea bastante preciso. De todas formas, es posible que se haya vuelto menos preciso con el paso del tiempo y, además, se interrumpió en septiembre de 2011. En ese momento, su estimación de muertes iraquíes ascendía a 1,46 millones.

Otro estudio de la mortalidad fue publicado en la revista médica PLOS en 2013, cubriendo el periodo hasta 2011. Su autor principal dijo a NATIONAL GEOGRAPHIC que su estimación de cerca de 500.000 muertos en Irak era “probablemente una estimación baja”. El estudio tenía un margen de error más amplio que el estudio de 2006 de THE LANCET, y los equipos de encuestadores decidieron que era demasiado peligroso trabajar en dos de los cien grupos que fueron elegidos al azar para la encuesta.

El problema más serio del estudio de PLOS parece radicar en que muchas casas fueron destruidas o abandonadas y muchas familias fueron aniquiladas o simplemente desaparecieron, así que nadie quedó para informar de las muertes de esas familias a los equipos de encuestadores. En el extremo, las casas o bloques enteros de viviendas donde todas las personas habían sido asesinadas o habían huido no fueron contabilizadas en absoluto.

Después de la extrema violencia de 2006 y 2007 y varios años más de menor intensidad, el efecto de la destrucción y los desplazamientos en el estudio de PLOS parece haber sido mucho mayor que en 2006. Uno de cada seis hogares en Irak se vio obligado a mudarse al menos una vez entre 2005 y 2010. El ACNUR registró tres millones de refugiados dentro o fuera del país, pero reconoció que muchos más no estaban registrados. Los autores añadieron 55.000 muertes a su total, estimando que el 15 por ciento de los dos millones de hogares de refugiados perdió a un miembro de su familia cada uno, pero reconocieron que eso fue un cálculo muy conservador.

Los autores del informe “Body Count” citado calcularon que si solo el 1 por ciento de las casas encuestadas estuviera vacío o destruido y cada uno de esos hogares hubiera perdido a dos miembros de la familia, esto habría incrementado la estimación general de mortalidad del estudio de PLOS en más de un 50 por ciento. Ignorar los dos grupos que, en efecto, representaban las partes más devastadas de Irak debe de haber tenido un efecto similar. El método de la encuesta por muestreo de conglomerados se basa en el efecto de estudiar una muestra representativa de diferentes áreas, desde las más afectadas hasta las que están relativamente indemnes y reportan pocas o ninguna muerte. La mayoría de las muertes violentas se concentran a menudo en un pequeño número de conglomerados, lo que hace que los dos grupos que se omitieron sean desproporcionadamente importantes para la exactitud de la estimación final.


Mapa de Irak. El territorio kurdo está en el noreste.

Desde 2011, una nueva fase de la guerra ha tenido lugar. Hubo una Primavera Árabe en Irak en 2011, pero fue reprimida sin piedad, llevando a Faluya y otras ciudades una vez más a una rebelión abierta. Varias ciudades importantes cayeron ante el empuje del Estado Islámico en 2014, fueron asediadas por las fuerzas del gobierno iraquí y luego destruidas en gran parte por los bombardeos aéreos y los disparos de cohetes y artillería de las fuerzas de EEUU, Irak y sus aliados. Iraq Body Count y la misión de asistencia de la ONU para Irak han recogido informes pasivos de decenas de miles de civiles muertos en esta fase de la guerra.

El ex ministro de asuntos exteriores iraquí Hoshyar Zebari le dijo a Patrick Cockburn, del periódico británico INDEPENDENT, que los informes de los servicios de inteligencia kurdos iraquíes estimaban que al menos 40.000 civiles murieron solo en el bombardeo de Mosul. Zebari dijo que probablemente había muchos más cuerpos enterrados entre los escombros, lo que implicaría que los informes que vio fueran de cuerpos encontrados y enterrados hasta ese momento.

Un proyecto reciente de desescombro y recuperación de cadáveres en solo un barrio de Mosul arrojó otros 3.353 cuerpos sin vida, de los cuales una quinta parte parecían ser combatientes del Estado Islámico y el 80 por ciento restante, civiles. Otras 11.000 personas siguen dadas por desaparecidas por sus familias en Mosul.

Iraq Body Count ha actualizado su contabilidad de muertos para el periodo que va hasta junio de 2006 a 52.209, reduciendo su proporción de muertes violentas en comparación con el estudio de 2006 de THE LANCET a 11,5:1. Si aplicamos el método del estimador de muertes iraquíes de JFP desde julio de 2007 hasta el presente, utilizando esa proporción actualizada, y lo añadimos a la estimación de ORB de 1,03 millones de muertos para junio de 2007, podemos llegar a una estimación actual del número total de iraquíes muertos desde 2003. Esto puede no ser tan exacto como un nuevo estudio exhaustivo de la mortalidad, pero a mi juicio es la estimación más precisa que podemos hacer basándonos en lo que sabemos.

Esto nos da una estimación de 2,38 millones de iraquíes muertos desde 2003, como resultado de la criminal invasión estadounidense y británica de Irak.

Estimaciones mínimas y máximas

Dada la importante incertidumbre que subyace a esta estimación, es conveniente calcular un número mínimo y uno máximo basado en posibles variaciones en las cifras involucradas.

Para llegar a un número mínimo y uno máximo de personas que pueden haber muerto violentamente en Irak, podemos empezar con el número mínimo y máximo de muertes establecidos con una probabilidad del 97,5 por ciento por el estudio de 2006 de THE LANCET, a saber, 426.000 y 794.000. En 2007 ORB dio un abanico más estrecho para su mínimo y máximo gracias al mayor tamaño de su muestra, pero el de ORB no fue considerado tan riguroso como el estudio de THE LANCET. Si aplicamos los mismos márgenes al estudio de ORB que los empleados por THE LANCET, esto nos da un mínimo de 730.000 y un máximo de 1,36 millones de personas muertas hasta junio de 2007.

Para actualizar esas cifras mínimas y máximas al momento actual utilizando una variación del método de JFP, debemos también tener en cuenta los cambios en la relación entre el recuento de muertes de IBC y el número real de personas muertas. Lo ratios de las cifras mínima y máxima del estudio de THE LANCET en relación con el recuento revisado de IBC para junio de 2006 es aproximadamente de 8:1 y 15:1, respectivamente.

Estos ratios están muy por debajo de los existentes entre los estudios exhaustivos de mortalidad y los informes pasivos encontrados en otras zonas de guerra en todo el mundo, que han variado de 5:1 a 20:1, como he señalado anteriormente. Pero tal vez IBC haya contabilizado más o menos muertes reales desde 2006 que las que hizo para el periodo anterior. Sin duda, ha intentado mejorar el alcance de su recogida de datos. Por otra parte, en la fase más reciente de la guerra, muchas personas murieron a causa de los bombardeos y ataques dirigidos por EEUU en áreas controladas por el Estado Islámico, donde la gente era castigada o incluso ejecutada por tratar de comunicarse con el mundo exterior. Por consiguiente, los datos de IBC para este periodo pueden ser aún más fragmentarios.

El mundo nunca responsabilizará a los principales criminales de guerra estadounidenses y británicos por sus crímenes mientras no entienda la magnitud y el horror de lo que han hecho

Para llegar a una estimación mínima y máxima realista, debemos tener en cuenta estas dos posibilidades. La relación de 8:1 de IBC con respecto al número mínimo de muertes del estudio de THE LANCET de 2006 puede haber caído más cerca de la relación mínima histórica de 5:1, o su relación de 15:1 con respecto al número máximo del estudio de la revista médica británica puede haber aumentado más cerca del máximo histórico de 20:1. El uso de una relación de 6,5:1 para llegar al número mínimo de muertes y 17,5:1 para el máximo nos autoriza a dar un mínimo más bajo y un máximo más alto que en 2006, sin igualar las relaciones más extremas jamás vistas en otros conflictos. Eso nos da un mínimo de 760.000 iraquíes muertos desde julio de 2007 y un máximo de 2,04 millones.

Si añadimos estas cifras a los mínimos y máximos que calculamos para el periodo previo a junio de 2007, tendremos unas cifras totales mínimas y máximas para todo el periodo desde la invasión de Irak por parte de EEUU y Reino Unido en 2003. Podemos estimar que el número de iraquíes muertos como consecuencia de esa invasión ilegal debe de estar entre los 1,5 y 3,4 millones. Al igual que ocurre generalmente con estos rangos estadísticos, es probable que el número real de personas muertas se acerque más a nuestra estimación principal de 2,38 millones que al extremos mínimo o máximo de este rango.

Necesidad de un nuevo estudio sobre la mortalidad en Irak

Es muy importante que la comunidad de salud pública proporcione estudios precisos y actualizados sobre la mortalidad en Irak y otras zonas de guerra tras el 11-S.

Un nuevo estudio sobre la mortalidad en Irak debe encontrar la manera de examinar incluso las zonas más peligrosas y debe desarrollar, finalmente, procedimientos realistas para estimar las muertes en los casos en que hayan fallecido familias enteras o en que algunas casas o viviendas hayan sido destruidas o abandonadas. Este factor ha sido identificado como un posible defecto de todos los estudios de mortalidad en Irak desde 2004, y se vuelve más significativo a medida que pasa el tiempo. Esto no se puede ignorar y tampoco nos debemos contentar con meras conjeturas.

Los equipos de estudio podrían elaborar registros de casas vacías y destruidas en los grupos de población que están siendo objeto de estudio, y podrían preguntar a los vecinos sobre las casas vacías o destruidas en las que un gran número de personas o familias enteras podrían haber muerto. Podrían también investigar sobre el número de personas refugiadas e internamente desplazadas para estimar las muertes producidas en esas poblaciones.

Los epidemiólogos han superado peligros y dificultades muy serias para desarrollar técnicas que permitan medir con precisión el coste humano de la guerra. Su trabajo debe continuar y debe seguir desarrollándose y perfeccionándose. Deben superar enormes presiones políticas, incluso de los culpables responsables de la carnicería, para politizar y desacreditar su increíblemente difícil pero noble y vital labor.

En el XV aniversario de la ilegal invasión de Irak, el Centro de Derechos Constitucionales de EEUU ha renovado su llamado para que Washington pague reparaciones de guerra al pueblo iraquí. Esta es una de las formas en que los países que son culpables de agresión y otros crímenes de guerra han cumplido tradicionalmente con su responsabilidad colectiva por las muertes y la destrucción que han causado.

En Blood On Our Hands concluí mi relato de la guerra de EEUU en Irak con un llamamiento similar para efectuar reparaciones de guerra, así como para el enjuiciamiento por crímenes de guerra de las autoridades civiles y militares de EEUU y Reino Unido, responsables del “crimen internacional supremo” de agresión y otros crímenes de guerra sistemáticos cometidos en Irak.

Aceptar la verdadera magnitud de los crímenes cometidos sigue siendo un imperativo moral, político y jurídico urgente para el pueblo de Irak, EEUU, Reino Unido y el mundo entero. El mundo nunca responsabilizará a los principales criminales de guerra estadounidenses y británicos por sus crímenes mientras no entienda la magnitud y el horror de lo que han hecho. Y el mundo no conocerá la paz mientras los agresores más poderosos puedan cometer con impunidad el “crimen internacional supremo”.


Nicolas J. S. Davies es autor de Blood On Our Hands: the American Invasion and Destruction of Iraq. También ha escrito el capítulo sobre “Obama at War” de Grading the 44th President: a Report Card on Barack Obama’s First Term as a Progressive Leader.

Publicado en inglés en Consortiumnews, 22 de marzo de 2018

Traducción: Javier Villate (@bouleusis)

Fuente: https://medium.com/diferencias/cu%C3%A1ntos-millones-de-personas-han-muerto-en-las-guerras-de-eeuu-i-irak-b6f273de044f


 

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