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viernes, 03 octubre de 2008
Dennis Loo
Los candidatos a vicepresidente de sendos partidos tuvieron ayer su
"debate". ¿Qué escuchamos? Había, por un lado, una fascista que
recita el guión y se hace pasar por reformista y, por el otro, un conformista
con el fascismo que se hace pasar por agente de cambio.
Tenemos al hombre que, como presidente del comité judicial del Senado, bloqueó el testimonio de las mujeres que
hubieran apoyado las acusaciones de Anita Hill contra el nominado a la Suprema
Corte Clarence Thomas: el hombre cuyo partido nos advierte de las consecuencias
funestas para la Suprema Corte si gana el Partido Republicano, que contribuyó
enormemente a la prisa para ir a la guerra contra Irak, que durante treinta y
cinco años ha estado cumpliendo las órdenes de los ricos y poderosos, y ahora
quiere nuestro apoyo.
En el otro bando tenemos a la sedicente defensora de "Joe six-pack" [el supuesto trabajador común],
que cree que los Días Finales llegarán durante su vida y que la guerra inmoral
de Irak es una misión que viene de Dios, que tiene grandes posibilidades de
convertirse en presidenta una vez que McCain, de 72 años de edad, cumpla con
las expectativas de las tablas de mortalidad, y cuyo programa oculto incluye la
eliminación oficial de la división entre la iglesia y el estado y el
establecimiento de las Escrituras hebreas como la ley del país.
¿Qué manera de locura es esa? ¿Es lo mejor que pueda producir la clase política
del país? ¿Es todo lo que hay?
¡Bienvenidos, damas y caballeros! ¡Entren, entren, pues comienza la función!
Entren a la carpa grande. ¡Pueden escoger entre la versión del Partido
Republicano de los años ochenta o la versión de 2008! ¡Entreguen su dinero
aquí, y pueden mirar el circo de dos pistas! ¡Vengan todos!
Si usted es uno de los millones de estadounidenses que no pueden creer que las
cosas hayan ido tan lejos, que la tortura ahora se haga abierta y
extensivamente, que su gobierno haga guerras basadas en mentiras comprobadas,
que la única elección real sea entre un candidato que votó a favor de la Ley de
Amnistía para las compañías de telecomunicaciones y otro que hizo lo mismo,
entre un candidato que votó a favor de darles un rescate financiero de US$ 700
mil millones a unos ladrones multimillonarios de Wall Street y otro que votó
así también, entre un candidato que amenaza con bombardeos nucleares a Irán y
otro que amenaza con hacer lo mismo, entre un candidato que piensa que no es
necesario respetar la soberanía de Pakistán y otro que piensa igual, entre un
partidario abierto de la teocracia y otro que procura acomodarse a los
teócratas y a los criminales de la guerra, si el desastre continuo de la
desregulación y la privatización, apoyado por ambos partidos, es más crudo que
nunca, entonces le tengo una propuesta:
No se trague el bombo. No eche suerte con estos saqueadores y estafadores. Haga
lo justo. Tome la única acción moral y verdaderamente realista, lo único que
jamás haya cambiado las cosas. Exprese sus opiniones públicamente. Convierta en
una realidad concreta el poder colectivo de los que actúan independientemente
en la esfera pública.
Aunque el régimen de Bush ha hecho y sigue haciendo cosas increíblemente
espeluznantes, y aunque sus acciones y sus palabras son tan extremas y tan
desastrosas que la popularidad de su gobierno ha caído al nivel más bajo de
cualquier presidente jamás, el partido de la oposición y los “vigilantes”
medios de comunicación andan de la mano con esos reaccionarios de la Casa
Blanca. Somos testigos a una abdicación de responsabilidad que es tal vez la
más dramática y la más despreciable de la historia.
¿Cómo traducir en una fuerza material la desesperación y la ira que tienen
muchísimos millones de personas de este país por las acciones del gobierno,
cuando esa ausencia de liderazgo les ha dejado desorientados e inmovilizados?
Los que se sienten profundamente descontentos por lo que ha estado pasando
deben demostrar públicamente sus opiniones. Los que tienen el coraje y la
resolución para ir más allá de los límites sofocantes de la esfera electoral,
los que se dan cuenta de que la única manera de invertir esta trayectoria
monstruosa son las acciones del pueblo, deben asumir esa responsabilidad y
llenar el vacío dejado por el Partido Demócrata y los medios de comunicación
corporativos. Esto no será fácil. Pero no hay otra manera de hacerlo.
Alzar la voz ahora significa estar dispuesto a ser parte de una minoría por
ahora relativamente pequeña de los que se han librado del abrazo sofocante de
los de arriba y de la apatía paralizante de los que han estado hasta ahora
demasiado tímidos para hacer algo y que simplemente aceptan lo inaceptable y lo
inexcusable. Los tímidos, los engañados, y los mal informados necesitan que
ustedes, que sienten eso tan profundamente, alcen la voz. Si ustedes lo hacen,
creará las condiciones para que otros puedan dar un paso adelante y lo harán
también. En un tiempo cuando nuestro gobierno comete crímenes históricos y el
statu quo se vuelve cada vez más absurdo y terrible, los valientes deben
actuar.
El color naranja es el color de la resistencia y una declaración de que la tortura, las guerras injustas y los
teócratas anti-racionales no triunfarán. Extiendan la resistencia. Organícense
entre sus amigos y busquen las maneras de ayudar a otros a salir del clóset de
la autocomplacencia. Las acciones de unas personas de audacia, que tienen a su
lado el derecho y la verdad, pueden repercutir mucho más allá de cuántas
personas las presencian. Éntrenle en el trabajo de El Mundo no Puede Esperar.
Formen un grupo en su escuela o comunidad. Hagan pancartas y levántenlas en las
calles concurridas. Saquen volantes. Desbórdense. Sean audaces. ¡Pronúnciate
ya!
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