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Del directora nacional de El Mundo No Puede Esperar

Debra Sweet


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(Nuevo)
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“En realidad, nunca se fue”: los sobrevivientes de tortura de Abu Ghraib finalmente tienen su día en la corte

Después de diez años de luchar por justiciar, las víctimas iraquíes verán a un contratista militar privado enjuiciado por su rol en el escándalo de tortura, escribe Richard Hall

@_richardhall
The Independent
20 de marzo de 2019

Traducido del inglés para El Mundo no Puede Esperar 23 de abril de 2019

‘Sadistic, blatant and wanton criminal abuses’ were inflicted on detainees

‘Abusos criminales sádicos, descarado y sin sentido fueron infringidos sobre los detenidos” ( Getty )

Las imágenes de tortura en Abu Ghraib impactaron al mundo cuando surgieron hace casi quince años. Hombres apilados en pirámide amarrados y desnudos unos encima de otros. Prisioneros encapuchados conectados a cables eléctricos. Un perro ladrando a centímetros de una cara paralizada por el terror.

Casi tan memorable como el horror de las víctimas, fueron las sonrisas de los soldados presentes en las imágenes. Las caras felices simbolizaron un tipo de crueldad impensable que vino a definir la guerra para una generación de iraquíes

Las fotografías cuentan una historia, pero no la historia completa. Mientras que pocos soldados fueron castigados por su papel en el escándalo, otro no. Para las víctimas, queda algo sin terminar. Por más de una década, un grupo de ex detenidos ha intentado demandar al contratista militar que dicen estaba involucrado en el abuso en Abu Ghraib.

La empresa, CACI Premier Technology, estaba contratada por el Pentágono para proveer interrogadores a la prisión. Hasta el día de hoy, todavía tiene contratos que valen cientos de millones de dólares con el Departamento de Defensa de los Estados Unidos.

La firma ha luchado para evitar la audiencia del caso por más de diez años, según lo que dicen los abogados involucrados. Pero ahora los detenidos tendrán su día en corte. Una decisión tomada por un juez federal significa que CACI enfrentará juicio por primera vez por su papel en el escándalo de tortura en Abu Ghraib. El caso alega tortura, crímenes de guerra y trato inhumano bajo la ley internacional.


Un prisionero encapuchado con cables es visto en la prisión de Abu& Ghraib cerca de Bagdad (AP)

Salah al-Ejaili, un reportero de 48 años que fue detenido y torturado en la famosa prisión todavía vive con el dolor emocional del tiempo que pasó ahí.

“Incluso ahora todavía pienso en eso”, dice. “Tengo pesadillas en donde me caigo a un agujero en donde tengo una bolsa en mi cabeza. En realidad, eso nunca se fue”.

Mr Ejaili trabajaba para Al Jazeera en Irak en el 2003 cuando fue a reportar acerca de las consecuencias de un ataque bomba. Fue rodeado por los militares que sospechaban su participación en el ataque y llevado a Abu Ghraib, 20 millas al oeste de Bagdad. Miles terminaron de esa manera en la prisión: levantados en puntos de revisión o secuestrados en barridas al azar por parte del ejército estadounidense, sin haber cometido algún delito.

En la primera hora de su llegada, el abuso comenzó. Sus carceleros lo llamaban “Al Jazeera” cuando hablaban con él, dice. “Me dijeron que, o me quitaba la ropa o ellos me la quitarían a fuerza”, le dijo a The Independent por teléfono desde Suecia en donde se reestableció como refugiado.

“Después de eso, me mantuvieron desnudo por diez horas con una capucha negra sobre mi cabeza”.


Salah al-Ejaili fue detenido y torturado en Abu Ghraib en 2003 (Mustafa al-Ejaili)

En otra ocasión, estando desnudo en una celda, le preguntó a una soldado americana que pasaba si podría darle ropa. “Claro”, dijo ella. Fue y regresó con ropa interior femenina, me la aventó riéndose”.

Lo mantuvieron en confinamiento solitario por días a la vez. “Tenía miedo. Tenía miedo de jamás salir. Miedo por mi familia Temía por mi vida. Escuchaba los gritos de otros detenidos”, dice.

“No tienes sentimiento o concepto del tiempo. Tus pensamientos están pro todos lados, no puedes enfocarte”.


Un soldado estadounidense confronta a un detenido iraquí en 2004 (AP)

Incluso antes de que los americanos llegaran, Abu Ghraib era sinónimo de tortura. En la era de Saddam Hussein, la cárcel era conocida como “central de tortura”. Miles de personas que terminaron ahí nunca salieron. Amnistía Internacional lo describe como “centro de tortura y ejecuciones masivas”.

Dieciséis años atrás, las fuerzas encabezadas por los Estados Unidos invadieron Irak con la orden de quitar a Hussein. Cuando el régimen colapsó en el primer año de la invasión, la prisión fue saqueada y sus prisioneros fueron liberados. Los EE.UU. la reabrieron el mismo año y la usaron como centro de detención para iraquíes.

El abuso que el Sr. Ejaili sufrió era el típico experimentado por prisioneros en Abu Ghraib. Una investigación interna por parte del ejército estadounidense en el 2004, llevada a cabo por el Mayor General Antonio Taguba, describió “abusos criminales sádicos, descarado y sin sentido fueron infringidos en los detenidos”.

Se encontró que “este abuso sistemático e ilegal de detenidos fue intencionalmente perpetrado por varios miembros de la fuerza policiaca del ejército”.

El reporte también mencionó empleados de la CACI como responsables de algunos de los abusos. Un empleado “permitió y/o instruyó a la policía militar no entrenada en técnicas de interrogación, en facilitar interrogaciones “estableciendo condiciones” que no fueron autorizadas ni acordes a las regulaciones o políticas. Claramente sabía que sus instrucciones equivalían al abuso físico”, el reporte decía.

Hacían las interrogaciones mientras yo estaba desnudo, con una bolsa negra sobre mi cabeza…sentí que había perdido el control y que yo sol era una criatura en sus manos. Salah al-Ejaili, ex detenido de Abu Ghraib.

El reporte se filtró algunos meses después, llevando a una crisis en la guerra de Estados Unidos. El entonces presidente George W Bush hizo pública una disculpa por las “humillaciones sufridas por los prisioneros iraquíes y las humillaciones a sus familias”. Un total de once soldados fueron encontrados culpables de crímenes relacionados con el escándalo. Pero como el gobierno estadounidense dice ser inmune a demandas, el Sr. Ejaili y otros prisioneros nunca recibieron compensación por el daño que fue infringido a ellos.

Eso no aplica para CACI, cuya responsabilidad igualmente señalan los detenidos por el abuso que sufrieron. “El miedo crecía entre los prisioneros cuando los interrogadores llegaban”, dice el Sr. Ejaili, refiriéndose al staff de la empresa contratista. Eran peores que los soldados estadounidenses”.

“Realizaban las interrogaciones mientras yo estaba desnudo, con una bolsa negra sobre mi cabeza. A veces, de la nada, la policía militar me golpeaba. Sentí que había perdido completamente el control, que yo era solo una criatura en sus manos”. “Les preguntaba “¿Qué quieres que diga? ¿Qué quieren de mí? Ellos en realidad nunca tenían una respuesta clara”.


La prisión se volvió famosa por sus abusos sádicos, descarados y sin sentido (Getty)

CACI negó las acusaciones en el reporte y el CEO de la compañía, Jack London, hizo una movida inusual y escribió un libro en respuesta.

La publicidad en la tapa por Our Good Name: A Company’s Fight to Defend its Honor and Get the Truth Told about Abu Ghraib habla de “un frenesí en la prensa raramente visto por una compañía en décadas” que “retorció las acusaciones sin fundamento en un veredicto de culpabilidad sin importar los hechos o la verdad, creando una percepción pública dañina para CACI”.

“Nuestro buen nombre es la historia de CACI enfrentando uno de los escándalos más grandes en la historia reciente…y saliendo de él honorablemente con la cabeza en alto”, continúa.

En respuesta a una petición de comentario por parte de The Independent, CACI dijo que los alegatos en contra “no estaban sustentados por alguna evidencia o pruebas en el momento en el que pasó y las investigaciones que le siguieron por parte de CACI y del gobierno estadounidense no pudieron confirmarlo”.

“Los alegatos no estaban relacionados con las fotografías perturbadoras mostradas en la prensa justo en ese tiempo. Quince años después, los alegatos siguen sin fundamentos y no han sido probados. Ningún empleado ha sido acusado por mal comportamiento de algún tipo” dijo la empresa en una declaración.

“CACI siempre se ha tomado los alegatos extremadamente en serio. CACI no condona, tolera o endosa ningún comportamiento ilegal por parte de sus empleados en ninguna circunstancia o en ningún momento. Si un empleado resultara estar involucrado en este tipo de comportamientos, nosotros hubiéramos tomado cartas en el asunto”.

En los años desde entonces, el caso alega, el Sr. Ejaili y los otros demandantes han sufrido severo estrés mental por el trato recibido.

En el documento de 54 páginas del juicio, programado para el 23 de abril, el juicio de distrito Leonie Brinkema dijo que “había evidencia registrada de que el maltrato ha causado severo y duradero daño físico y mental en los tres demandantes”.

“Cada uno ha sido diagnosticado con desorden de estrés post traumático y desorden de depresión mayor, cada uno ha entregado un reporte por parte de un experto detallando cómo estas enfermedades mentales han causado problemas importantes en las vidas personas y profesionales de los demandantes hasta el día de hoy”, escribió.

Baher Azmy, director legal de Center for Constitutional Rights, que tomó el caso, la llamó una “sentencia histórica”.

“La juez dijo que lo que ellos sufrieron es tortura”, dijo. “Eso es importante porque los demandantes y la gente de la era de George Bush y Dick Cheney, tratan de minimizarlo. “Qué es un poquito de agua fría, un día con ropa interior en la cabeza no es nada” y así. La juez reconoció que debes ver la experiencia de tortura de manera holística. Está compuesta”.

“Los tres sufren de PTSD. Esta gente está destrozada”, añade.


Los marines rompieron una puerta mientras aseguraban el edificio al lado del hospital principal en el centro del Bagdad que estaba siendo usado de manera temporal por la policía iraquí en 2003 (Reuters)

El Sr. Azmy describe la demanda como algo tipo David contra Goliat. “Estamos lidiando con un acusado con muchos recursos y muy agresivo”, dice acerca de CACI. “Por diez años han usado su riqueza para que el caso sea descartado. Hemos estado de un lado para el otro con apelaciones en corte cuatro veces”.

El caso argumenta que el caos de la prisión les dio a los interrogadores de CACI autoridad sobre el personal militar y que usaron dicha autoridad para dirigir a esos soldados a ejecutar abuso.

“Creemos que había un comando de vacío en Abu Ghraib. Era caótico, no bien llevado y no supervisado. Y en ese vacío, los interrogadores de CACI, que eran más grandes que la policía militar, asumieron posiciones de autoridad y empezaron a dirigirlos al abusar de los detenidos o a “suavizarlos” para las interrogaciones que ellos realizarían”, dijo.

“Dos soldados estadounidenses fueron sometidos a corte Marcial por esta conspiración y testificaron que fueron los interrogadores de CACI quienes les dijeron qué hacer. Esos soldados sirvieron una condena de años por esos crímenes, pero hasta ahora los de CACI no han sido culpables”.

El Sr.Ejaili fue liberado de Abu Ghraib sin cargos después de 48 días de detención. Después de un juicio de cinco minutos, se determinó que estaba diciendo la verdad sobre su trabajo como reportero.

    Perdí la confianza en mí mismo. Estaba cansado mentalmente. Tenía miedo de enfrentar a los demás y de ataques de enojo. Traté de curarme a mí mismo. El proceso de auto sanación fue largo.

    Salah al-Ejaili, ex detenido de Abu Ghraib.

“Me llevaron en un coche junto con otros detenidos y me dejaron en la calle. No tenía dinero ni zapatos”, dijo.

Pero esta experiencia penosa no terminó ahí. Meses después, las imágenes del abuso se hicieron públicas.

“Fue como echarle sal a las heridas,” dijo.

“Tenía puesta una bolsa negra en mi cabeza seguido, así que puede ser que sea yo en algunas de esas fotos. Me sentí todavía más humillado. Estaba pensando constantemente en que la gente sabría que era yo en esas fotos. De repente se sabía lo que me había pasado”.

El Sr. Ejaili todavía se encuentra afectador por lo que pasó, sufriendo de PTSD.

“Perdí la confianza en mí mismo. Estaba cansado mentalmente. Tenía miedo de enfrentar a los demás y de ataques de enojo. Traté de curarme a mí mismo. El proceso de auto sanación fue largo”, comenta.

La famosa cárcel de Abu Ghraib yace vacía y abandonada. El alambre de púas alrededor de su perímetro se está oxidando. Sus antiguos calabozos silenciosos y quietos. Pero el legado del escándalo sobrevive.

De hecho, no podría ser un mejor momento para el juicio público sobre el uso de tortura en Abu Ghraib. En la era de Trump, la tortura no es el tabú que era antes.

El presidente abiertamente ha apoyado el tipo de abuso que provocó escándalos hace tantos años. Designó a Gina Haspel, que jugó un papel clave en establecer sitios negros como Abu Ghraib durante la guerra contra el terror, como directora de la CIA.

CACI todavía hace una enorme cantidad de negocios con el ejército estadounidense. En noviembre del año pasado, se contrató a la empresa por $413 millones de dólares para “dar apoyo de inteligencia en campo y sistemas de comunicaciones” para el ejército de Estados Unidos.

El propio país del Sr. Ejaili ha cambiado de manera dramática también. Lo que pasó en Abu Ghraib no puede ser separado de lo que vino después. Como lo ve él, una línea directa puede ser marcada del escándalo y otros parecidos, al surgimiento de ISIS.

“La mentalidad de ISIS fue creada por esas prisiones, básicamente”, dice. “Había gente inocente que llegó a estas prisiones y fue torturada y convertida en personas diferentes. Fueron escuelas para radicales”.

De hecho, se cree que el fundador de ISIS, Abu Bakr al-Baghdadi, pasó tiempo en Abu Ghraib cuando el Sr. Ejaili estuvo ahí. Ejaili dice que su objetivo no es vengarse o revivir la guerra sino evitar que Abu Ghraib suceda de nuevo. “Si la corte falla a nuestro favor, será un mensaje claro para cualquier empresa o autoridad de cómo la tortura no será tolerada”.

“No estoy hacienda esto por rencor, lo hago para obtener justicia”, dice. “Y no solo para mí, sino para todos”.


 

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