Escritos de Robert Fisk
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El poder de la brutalidad... y sus límites
Robert Fisk La Jornada 16 de febrero de 2011
Luego de tres semanas de observar a la más poblada de las naciones árabes
arrojar del poder a un anciano ridículo, caigo en cuenta de un hecho extraño.
Hemos estado informando al mundo que la infección de la revolución de Túnez se
propagó a Egipto, y que en Yemen, Bahrein y Argelia han surgido protestas
democráticas casi idénticas, pero hemos pasado por alto la contaminación más
destacada de todas: que la policía de seguridad del Estado, puntal del poder de
los autócratas árabes, recurre en Saná, Bahrein y Argel a las mismas tácticas
desesperadas de salvajismo que los dictadores de Túnez y Egipto intentaron en
vano contra sus ciudadanos en pie de lucha.
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Los cables de Wikileaks
Ya no hay duda: a EEUU no le importa la injusticia en Oriente Próximo
Robert Fisk The Independent 2 de diciembre de 2010
Llegué a la más reciente historia de escándalo de la diplomacia
estadounidense con el más profundo cinismo. Y este martes, entre el polvo que
dejaron en El Cairo las elecciones al Parlamento egipcio –la acostumbrada mezcla
de farsa y fraude, pero al menos mejor que la estrategia de conmoción y pavor–,
rebusqué entre varios miles de reportes diplomáticos estadounidenses con algo
parecido a la desesperanza absoluta. Después de todo, ¿acaso no se atribuye al
presidente egipcio, Hosni Mubarak, haber afirmado que uno se puede olvidar de la
democracia?
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El deshonor de Estados Unidos
Robert Fisk The Independent 24 de octubre de 2010
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández
Como es lógico, los árabes lo sabían. Lo sabían todo de la tortura masiva, de
los promiscuos tiroteos contra civiles, del escandaloso uso del potencial aéreo
contra los hogares de las familias, de las actuaciones de los crueles
mercenarios británicos y estadounidenses, de los cementerios anegados de
víctimas inocentes. Todo Iraq lo sabía. Porque ellos son las víctimas.
Sólo nos quedaba fingir que no sabíamos nada. Sólo nosotros, los
occidentales, podíamos responder a cada reclamación, a cada denuncia contra los
estadounidenses o británicos haciendo que apareciera algún general importante
–me viene a la mente el desagradable portavoz del ejército estadounidense Mark
Kimmitt y el horrible presidente de la Junta del Alto Estado Mayor Peter Pace-
que se ponía a envolvernos con todo tipo de mentiras. Encuentren a un hombre que
haya sido torturado y le dirán que eso no es más que mera propaganda terrorista;
descubran una casa llena de niños asesinados por un ataque aéreo estadounidense
y también dirían que es propaganda terrorista, o “daños colaterales”, o una
simple frase: “No tenemos nada que ver con eso”.
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El 11-S y nosotros
Nueve años, dos guerras, cientos de miles de muertos y nada aprendido
Robert Fisk The Independent 13 de septiembre de 2010
Traducción: El Negro Gómez
¿Acaso el 11 de septiembre nos vuelve locos a todos? Nuestra conmemoración
de los inocentes que murieron hace nueve años ha sido un holocausto de fuego y
sangre…
¿Acaso el 11 de septiembre nos volvió locos a todos?
¡Qué ajustado (en una extraña, alocada manera) que la apoteosis de esa
tormenta de fuego iniciada hace nueve años tenga que ser la de un predicador
desquiciado amenazando con otra tormenta de fuego; o la de una quema
estilo nazi del Corán; o la de la edificación de una supuesta mezquita a dos
cuadras de “zona cero”!
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Retirada de Irak
Adiós a Irak
Robert Fisk La Jornada 20 de agosto de 2010
Cuando se invade un país, tiene que haber ahí un primer soldado, y de la
misma forma, tiene que haber un último.
El primer hombre al frente de la primera unidad de la primera columna del
ejército estadunidense invasor que llegó a la plaza Fardous del centro de
Bagdad, en 2003, fue el cabo David Breeze, del tercer batallón del cuarto
regimiento de los marines. Por esa razón, cuando platiqué con él, hizo
énfasis en que él no era un soldado porque los marines no son soldados.
Son marines. Comentó que no había hablado con su mamá en dos meses y
por ello, previsiblemente, le ofrecí mi teléfono satelital para que llamara a su
hogar en Michigan. Todos los periodistas sabemos que tendremos una buena
historia si le prestamos nuestro teléfono a un soldado durante la guerra.
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Afganistán, vieja estrategia fallida
Robert Fisk 3 de diciembre de 2009
Le tiran a los rusos, me dijo un joven paracaidista. Hacía frío. Nos
acabábamos de topar con su unidad, la División Soviética 105 aerotransportada,
cerca de Charikar, al norte de Kabul, y me mostraba su mano vendada. La sangre
aún le chorreaba y manchaba la manga de su uniforme. Era un adolescente de
cabello rubio y ojos azules. Junto a nosotros estaba un camión de carga
soviético cuya parte posterior había sido volada en pedazos por una mina, sí,
esas que se llaman artefactos explosivos improvisados. No era así como nosotros
las conocíamos, pero aún así el vehículo quedó con las llantas hacia arriba en
una zanja. Con dolor evidente, el joven levantó la mano hacia las cimas de las
montañas que eran patrulladas por un helicóptero soviético. ¿Podía haberme
imaginado entonces que los señores Bush y Blair nos iban a llevar al mismo
sepulcro de ejércitos, casi tres décadas más tarde? ¿O que un joven presidente
estadunidense haría exactamente lo que los rusos intentaron tantos años
antes?
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Occidente debería avergonzarse de su complicidad con los
torturadores.
Robert FISK 19 de marzo de 2009
Traducido del inglés para Cristina
Soler
Me gustaría saber porqué los cómplices de las torturas de Almalki no están
ante los Tribunales.
Invité a Abdullah Almalki a desayunar en Ottawa, pero sólo tomó café. Y
mientras yo engullía mi desayuno inglés completo en el Hotel Chateau Laurier
(tan querido por Churchill y por Karsh, de gran fama en Ottawa) él bebía con
parsimonia su taza, con la mente repleta de tantas cosas...
Vigilado por el Servicio Secreto canadiense, fué después torturado en Siria,
mientras las autoridades de Canadá no movían un dedo por él - excepto para
proporcionar a sus inhumanos torturadores más preguntas para el interrogatorio -
realmente, tiene mucho en lo que pensar.
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12-12-08
Robert Fisk
Al menos 20 centros de tortura de la CIA en Afganistán
La Jornada
Supe que estaba en Tadjikistán esta semana cuando mi teléfono celular libanés
me dio la bienvenida a “Rusia” a mi llegada al aeropuerto de Dushanbé. Sí
amigos, Alpha Beirut en realidad creyó que yo estaba en el imperio del señor
Putin. Y qué maravilla, mi teléfono sonó de nuevo cuando estaba de camino a la
ciudad tadjika de Panj, sobre la rivera del Amu Darya, y me dio la bienvenida a
Afganistán. Una hora más tarde, cuando aún estaba en el norte de Tadjikistán, al
norte del río Oxus, atravesado por Alejandro el Grande, quien se casó con una
mujer de esta zona (y que después fue asesinada), mi celular volvió a sonar.
Esta vez me dio la bienvenida a los Emiratos Árabes Unidos.
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10-12-08
■ El colapso está más cerca de lo que se cree; Kandahar, en poder de los
rebeldes
Nadie apoya a los talibanes en Afganistán; todo el país odia al gobierno
corrupto de Karzai
Robert Fisk (The Independent)
Kabul, 9 de diciembre. El colapso de Afganistán está más cerca de lo que el
mundo cree. Kandahar está en manos del talibán –toda la ciudad, con excepción de
1.6 kilómetros cuadrados en el centro de la ciudad– y los primeros puestos de
control talibanes están a escasos 24 kilómetros. El gobierno profundamente
corrupto de Hamid Karzai es casi tan impotente como lo es el gabinete iraquí en
la Zona Verde de Bagdad. De hecho, los transportistas afganos ahora llevan
licencias del talibán, que opera sus propias cortes en áreas remotas del
país.
La Cruz Roja ya advirtió que las operaciones humanitarias están siendo
drásticamente socavadas en la mayor parte de Afganistán; más de 4 mil personas,
un tercio de ellas civiles, han sido asesinadas en los últimos 11 meses, al
igual que gran cantidad de soldados de la OTAN y 30 trabajadores
humanitarios.
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Guerra sin fin: la brutalidad en Afganistán ha durado siglos
21 de noviembre de 2008
De vuelta en Afganistán, la mente se ocupa del insignificante tema del
salvajismo. No la rutinaria crueldad de la guerra, sino la inhumanidad
deliberada con que nos comportamos. La tortura y el asesinato de prisioneros en
este penoso lugar –al estilo estadunidense en Bagram y al estilo talibán en
Helmand–, es una rutina de la historia. Existe siempre la intención de volver
más dolorosa hasta una ejecución. Un cuchillo es más terrible que una bala.
El culto del atacante suicida en Medio Oriente comenzó sus días en Líbano, se
mudó a Palestina, llegó a Irak, se coló a través de la frontera hasta aquí,
Afganistán y atravesó sin esfuerzo el paso de Jiber hacia Pakistán, Y Nueva
York. Y Washington. Y Londres...
¿Acaso los seres humanos en guerra –en cualquier guerra– están destinados por
definición a cometer atrocidades? El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR)
trató de responder a esta pregunta en un reporte publicado hace cuatro años.
¿Ignoran los combatientes las leyes humanitarias internacionales? Me parece poco
probable.
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