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El Mundo no Puede Esperar moviliza a las personas que viven en Estados Unidos a repudiar y parar la guerra contra el mundo y también la represión y la tortura llevadas a cabo por el gobierno estadounidense. Actuamos, sin importar el partido político que esté en el poder, para denunciar los crímenes de nuestro gobierno, sean los crímenes de guerra o la sistemática encarcelación en masas, y para anteponer la humanidad y el planeta.



Del directora nacional de El Mundo No Puede Esperar

Debra Sweet


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Bajo el pretexto de proteger a los civiles, Estados Unidos certifica la escalada de crímenes de guerra en Yemen

3 de octubre de 2018 | Periódico Revolución | revcom.us

Yemen map
Map: revcom.us

“Ayer certifiqué ante el Congreso que los gobiernos de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos están emprendiendo acciones demostrables para reducir el riesgo de daños a los civiles y la infraestructura civil como resultado de las operaciones militares de estos gobiernos”.

— Secretario de Estado Mike Pompeo, 12 de septiembre

La “certificación” del régimen de Trump y Pence de que Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) venía reduciendo “los daños a civiles” es peor que una farsa. Y también lo es su afirmación de estar trabajando para “permitir el acceso sin obstáculos” a la ayuda humanitaria y tomando medidas para disminuir el impacto catastrófico de la guerra en los civiles yemeníes.

Mientras Pompeo emitía su declaración, las fuerzas de Arabia Saudita y de los EAU estaban renovando su ataque contra el sustento crítico de alimentos y ayuda para Yemen, la ciudad portuaria de Al Hudaydah, amenazando con una devastación genocida aún mayor. ¡Y esta “certificación” fue el sello de aprobación de Estados Unidos, y el respaldo militar, para esa devastación!

El clamor internacional por los crímenes de guerra de Estados Unidos, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos en Yemen

En un mundo lleno de horrores, la guerra saudí-EAU en Yemen, respaldada por Estados Unidos y otras potencias occidentales, ha creado la peor crisis humanitaria del mundo y ha provocado la indignación y condena internacional.

Libran la guerra para derrotar a los hutíes de Yemen para evitar la propagación de la influencia iraní y para garantizar el dominio estadounidense-saudí sobre este país estratégicamente ubicado a la orilla de los mares Rojo y Arábigo. En tres años y medio de guerra —librada con aviones, bombas, inteligencia y apoyo político de Estados Unidos— Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos han bombardeado hospitales, clínicas, escuelas, edificios de apartamentos, mercados, estaciones de servicio, fábricas y granjas. Al menos 16.000 civiles (tal vez hasta 50.000) han resultado heridos o asesinados, la gran mayoría a manos de Arabia Saudita y los EAU. La infraestructura de alimentos, salud y agua de Yemen ha sido destruida, provocando la mayor epidemia de cólera en la historia, y dejando en necesidad de ayuda humanitaria a 22 millones personas, incluidos 8,4 millones de ellas al borde de la inanición.

Los temores y divisiones entre los gobernantes de Estados Unidos

El 9 de agosto, las fuerzas sauditas masacraron un autobús escolar lleno de niños, matando a 40 de ellos e hiriendo a otros 56 con una bomba MK82 de 500 libras guiada por láser fabricada en Estados Unidos.

Todo esto ha suscitado crecientes preocupaciones en un sector de la clase dominante de Estados Unidos y fuertes divisiones sobre el papel de Estados Unidos en la guerra de Arabia Saudita y los EAU. No es que están horrorizados por el asesinato de los inocentes. Lo que les preocupa es que el respaldo abierto y acrítico a la matanza saudí esté dañando los intereses imperialistas estadounidenses, y que saque a luz ante el mundo el hecho de que Estados Unidos, el autoproclamado “bastión de la libertad” y “fuerza para el bien en el mundo”, es cómplice en la matanza de niños. A los funcionarios de Estados Unidos les podrían acusar de crímenes de guerra. Un reciente editorial del Washington Post advirtió que la guerra se estaba avivando la ira en contra de Estados Unidos en Yemen, y que la guerra era “imposible de ganar” y, por lo tanto, era una apuesta arriesgada para Arabia Saudita, un cliente, sustituto y pilar clave del imperio global de Estados Unidos.


Ataque aéreo de Arabia Saudita en Yemen, agosto de 2018: La guerra de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos en Yemen, respaldada por Estados Unidos y otras potencias occidentales, ha creado la peor crisis humanitaria del mundo y provocado la indignación y condena internacional.

Estas preocupaciones habían llevado al gobierno de Obama a suspender la entrega de ciertas bombas guiadas de precisión a Arabia Saudita (después de haberle vendido más de $ 115 mil millones de armas, más que ningún otro presidente) en diciembre de 2016, al mismo tiempo que continuaba respaldando su guerra en general. El régimen de Trump y Pence revocó esa suspensión, pero el mes pasado el Congreso votó para que la certificación fuera un requisito para continuar el reabastecimiento en el aire de los aviones militares saudíes por parte de Estados Unidos, cual reabastecimiento les posibilita llevar a cabo ataques en Yemen.

Al igual que la suspensión de Obama, esto fue en parte una medida simbólica para salvar las apariencias, pero también pretendía presionar a la coalición liderada por Arabia Saudí para que evitara algunas de sus peores atrocidades. Esta “certificación” nunca cuestionó el respaldo general de Estados Unidos a Arabia Saudita, pero algunos en la clase dominante están pidiendo a los saudíes que negocien un fin de la guerra.

En respuesta, el régimen de Trump y Pence “incumplió las restricciones del Congreso”, como escribió el Washington Post, y simplemente certificó, en contra de toda evidencia, que Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos estaban reduciendo los riesgos para los civiles yemeníes. La amenaza de una gran guerra que involucre a Irán —ya sea por diseño de Estados Unidos, las acciones de uno u otro de sus sustitos en la región, o por accidente— se intensifica cada día.

La respuesta de Trump y Pence: Ponerse intransigente y seguir con los crímenes de guerra

La organización humanitaria internacional Oxfam denunció la “certificación” de Pompeo del 12 de septiembre diciendo que no tiene ninguna base en “hechos, código moral o derecho humanitario”. Argumentó correctamente que en cambio la administración de Trump y Pence estaba “poniéndose intransigente” y “alimentando literalmente la mayor crisis humanitaria del mundo”. Note bien: Los llamados “adultos” en este régimen fascista como el secretario de Defensa James Mattis, con quien demasiada gente cuenta para salvar a la humanidad, apoyaron la certificación.

Esta decisión concentra el enfoque estratégico de Trump y Pence en Medio Oriente en un momento cuando el dominio estadounidense de la región se encuentra frente a una serie de contradicciones y desafíos, incluida la vulnerabilidad de algunos aliados clave y el creciente alcance e influencia regional de la República Islámica de Irán. Este enfoque: respaldar aún más fuertemente a sus clientes asesinos como Arabia Saudita, Israel y Egipto —lo que incluye negarse a siquiera fingir que le importa un carajo el derecho internacional y los derechos humanos— y reforzar el respaldo yanqui a esta violencia.

Los monstruosos crímenes de este régimen en el Medio Oriente (y en todo el mundo) están arraigados en las necesidades y el funcionamiento del capitalismo-imperialismo estadounidense. Su riqueza, poder y estabilidad provienen de su implacable dominio económico, político y militar y de la explotación de regiones clave, de recursos clave, y especialmente de las masas en todo el mundo.

El Medio Oriente es una de esas regiones clave, y Arabia Saudita, el principal exportador de petróleo del mundo, es una parte estratégica clave en todo el imperio estadounidense: económica, militar y políticamente. Es por eso que los demócratas y los republicanos han apoyado esta bárbara monarquía teocrática durante unos 80 años. Protegerlo, mantener su estabilidad y, hoy en día, asegurarse de que Irán no sobrepase su influencia y poder regional son las principales prioridades de los gobernantes de Estados Unidos.

La certificación de una escalada genocida

El 12 de septiembre, el día en que Estados Unidos emitió su “certificación”, las fuerzas sauditas/EAU tomaron el control de dos de las carreteras principales que salen de Al Hudaydah, “la única fuente de alimentos para millones de personas en el norte de Yemen”, según los trabajadores humanitarios. Informan que poca ayuda se está saliendo de Al Hudaydah, y si esa ciudad es tomada, “es probable que la ayuda se detenga”.

Esto sería catastrófico en una escala genocida. Unos 2,9 millones de mujeres y niños ya sufren la desnutrición aguda y otros 400.000 niños están al borde de la inanición. Recientemente, Associated Press (14 de septiembre) documentó la inanición masiva en el distrito Aslam de Yemen: “En un lugar remoto del norte de Yemen, muchas familias con niños hambrientos no tienen nada que comer excepto las hojas de una vid local, hervidas hasta ser una ácida pasta verde. A las agencias internacionales de ayuda les ha tomado por sorpresa la magnitud del sufrimiento allí mientras que los padres y los niños se consumen”.

En este momento, el asalto de Arabia Saudita-EAU amenaza a los molinos de grano en Al Hudaydah que tienen almacenados suficientes alimentos para alimentar a 3,5 millones de personas por un mes. Si se tomaran Al Hudaydah y cortan la ayuda, hasta 10 millones más de yemeníes podrían padecer la inanición.

¿Qué tipo de sistema impone deliberadamente la inanición a millones de personas?

Los saudíes afirman que quieren tomarse Al Hudaydah para detener el flujo de armas y dinero a los hutíes, y no para bloquear la comida y la ayuda humanitaria. Puras mentiras. Estados Unidos, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos han utilizado el hambre y enfermedad en masa como armas de guerra durante los últimos tres años, y ahora su objetivo es obligar a los hutíes a rendirse cortando sus últimas fuentes de ayuda y matando de hambre a millones de yemeníes si es necesario.

Cualquier sistema que dependa de masacrar, imponer el hambre e infectar a millones de personas no es un sistema digno de existir ni un momento más. Cualquier sistema que cometa estos crímenes década tras década —sin importar si los republicanos o los demócratas están en el poder— ha demostrado que no puede reformarse, que ASÍ es cómo funciona. Cualquier sistema como este debe ser derrocado por medio de la revolución tan pronto como se den las condiciones que lo hagan posible. Las personas necesitan reconocer la verdadera naturaleza de un imperio basado en niños hambrientos (AQUÍ), y entrarle a la verdadera solución para ponerle fin a ese imperio, y a todos los horrores que inflinge a la humanidad (AQUÍ).


 

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