La verdad encadenada
Chris Floyd
disenso.wordpress.com
7 de diciembre de 2010
Publicado originalmente en Counterpunch: Truth in Chains: The Arrest of Julian Assange.
Por las dimensiones que ha adquirido Wikileaks, por el bien que está
suponiendo para la libertad y la democracia planetarias, por el triunfo de la
verdad que está representando… la detención de Julian Assange es un gravísimo
atentado contra la libertad, la democracia y la verdad. Y desde aquí exigimos
su puesta inmediata en libertad. Esos valores y, sobre todo, esas realidades
están del lado de Wikileaks y los ciudadanos y en contra de los poderes
realmente existentes. Las “democracias” se han desnudado, por acción o por
omisión, de derechas o de izquierdas. Los políticos, la casta política, sus
privilegios, sus mentiras, sus dobles juegos, sus intereses inconfesables, su
falso discurso, sus maniobras, sus conchabeos, su corrupción, todo eso y más es
contrario a la libertad y la democracia, como está quedando de manifiesto. Los
aires frescos de libertad y democracia no vendrán de sus hediondos partidos
políticos, ministerios, delegaciones y parlamentos no representativos (gracias
a leyes electorales hechas por ellos y para ellos), sino de iniciativas como
Wikileaks, de ciudadanos comprometidos con la verdad, la libertad y la
democracia. Otro día hablaremos más extensamente sobre ello.
Al fin lo consiguieron. El fundador de Wikileaks, Julian Assange, el
principal objetivo de varios de los gobiernos más poderosos del mundo, se ha
entregado hoy a la autoridades británicas. Ahora está a merced de unas
autoridades estatales que ya han mostrado su feroz y desaforado deseo de
destruirle a él y a su organización.
Hemos presenciado una extraordinaria campaña de injurias y persecución, totalmente
comparable a la clase de tratamiento que se otorga a los disidentes en China o
Birmania. No lo olvidemos, Wikileaks es una organización que distribuye
información, al igual que The New York Times, The Guardian y Der
Spiegel, todos los cuales están publicando el mismo material —documentos
secretos filtrados— que está disponible en Wikileaks. El sitio web distribuye
información periodística, tal y como lo hacen CNN, ABC, CBS, Fox y demás medios
de comunicación, donde hemos visto un desfile interminable de políticos —¡y
periodistas!— pidiendo que Assange sea procesado o asesinado en el acto. Todos
los argumentos que se han esgrimido para cerrar Wikileaks pueden —y, sin duda,
podrán— utilizarse en contra de cualquier empresa periodística que publique informaciones
que no gusten a los poderosos.
Y el papel principal en esta persecución de la verdad está siendo
desempeñado por la administración del gran representante progresista de la
esperanza y el cambio, el autoproclamado heredero de Martin Luther King y
Mahatma Gandhi, el ganador del Premio Nobel de la Paz, Barack Obama. Su
secretario de Justicia, Eric Holder, ha explicado con gran aparato los “pasos”
que ya ha tomado para aniquilar Wikileaks y tipificar como delito la filtración
de información embarazosa. Y escuchemos la feroz reacción de esa leona liberal,
la senadora Dianne Feinstein, que salió en las páginas del Wall Street
Journal de Rupert Murdoch pidiendo que Assange sea condenado a 2.500.000
años de cárcel:
Cuando el fundador de Wikileaks, Julian Assange, hizo público su último
hallazgo —más de 250.000 cables secretos del Departamento de Estado—, buscó
intencionadamente dañar al gobierno de Estados Unidos. La publicación de estos
documentos perjudica a nuestros intereses nacionales y pone en peligro a vidas
inocentes. Debe ser intensamente perseguido por espionaje.
La ley que el Sr. Assange está violando es la Ley de Espionaje de 1917. Esa
ley tipifica como crimen la posesión o transmisión, por una persona no
autorizada, de “información relativa a la defensa nacional, información que el
poseedor tiene razones para creer que podría ser utilizada para dañar a Estados
Unidos o beneficiar a cualquier nación extranjera”. [...] Es importante
destacar que los tribunales han sostenido que “la información relativa a la
defensa nacional” se aplica tanto a los documentos clasificados como a los no
clasificados. Cada violación se castiga con hasta 10 años de prisión.
Así que ahí lo tienen. Diez años por cada delito y 250.000 delitos
distintos; por lo tanto, una pena de prisión de 2.500.000 años. Naturalmente,
mañana el mismo diario denunciará a Feinstein por ser una rojilla y una
terrorista ñoña: “¡¿Por qué no pide que Assange sea desgarrado miembro a
miembro por perros salvajes, como haría todo norteamericano viril de buenas
ideas?!”.
Mientras tanto, las empresas estadounidenses y sus aliados internacionales
ponen su granito de arena. Junto a PayPal y Amazon, que ya habían cortado sus
servicios a Wikileaks, la mayoría de las restantes entidades a través de las cuales
se financiaba la organización le han retirado sus servicios: MasterCard, Visa y
un banco suizo que Wikileaks utilizaba para recibir donaciones. Evidentemente,
estas organizaciones están obedeciendo a las presiones del gobierno.
Tal vez lo más notable es que esta acción conjunta de las elites mundiales
para cerrar Wikileaks —que ha estado funcionando durante cuatro años— se
produce después de la publicación de los cables diplomáticos, no en respuesta a
las filtraciones anteriores que proporcionaron informaciones detalladas sobre
los crímenes y las atrocidades cometidas por los autores y continuadores de la
Guerra de Washington contra el Terror. Supongo que esto se debe a que los
cables diplomáticos han alterado el buen funcionamiento de las operaciones
corruptas y cínicas que gobiernan en realidad nuestro mundo, detrás de las
bambalinas confeccionadas con mentiras y con una arrogante superioridad moral
que sirven de alimento a los ciudadanos. No les importaba ser desenmascarados
como cómplices de asesinatos en masa e instigadores de sufrimiento y odio. En
realidad, estaban bastante orgullosos de ello. Sin duda sabían que sus colegas
corruptos de gobiernos extranjeros —por no mencionar al siempre aturdido e
indolente pueblo estadounidense— no querrían tirar de la manta acerca de
personas insignificantes que perdieron la vida en Irak y Afganistán. Sin
embargo, los cables diplomáticos han causado un vergonzoso mal olor en la
hermética camarilla de los que mueven los hilos. Y eso es un crimen merecedor
de millones de años en chirona, o de la pena de muerte.
Pero antes de que Assange fuera detenido, se disparó un último mensaje al
mundo, en The Australian, un diario de su tierra natal. Con suprema
ironía, vinculó el funcionamiento de Wikileaks con los orígenes del imperio
mediático de Murdoch, que empezó cantando las cuarenta a los poderes asesinos y
manirrotos, y ahora, como sabemos, es uno de los instrumentos más poderosos y
asiduos del poder asesino y manirroto. Escribe Assange:
En 1958, un joven Rupert Murdoch, entonces propietario y editor de The
News de Adelaida, escribió: “En la pugna entre el secreto y la verdad,
parece inevitable que la verdad siempre gane”. Su observación tal vez reflejaba
la opinión de su padre, Keith Murdoch, de que las tropas australianas estaban
siendo sacrificadas innecesariamente por incompetentes comandantes británicos
en las costas de Gallípoli. Los británicos intentaron callarlo, pero Keith
Murdoch no pudo ser silenciado y sus esfuerzos dieron lugar a la terminación de
la desastrosa campaña de Gallípoli.
Casi un siglo más tarde, Wikileaks está publicando sin temor hechos que
deben ser conocidos. … Las sociedades democráticas necesitan medios de
comunicación fuertes y Wikileaks forma parte de esos medios. Los medios de
comunicación ayudan a conseguir un gobierno honesto. Wikileaks ha revelado
algunas verdades sobre la guerras de Irak y Afganistán, así como historias
sobre la corrupción corporativa.
Wikileaks no es el único editor de cables de las embajadas de Estados
Unidos. Otros medios de comunicación, como The Guardian en Gran
Bretaña, The New York Times en EE UU, El País en España y Der
Spiegel en Alemania, han publicado los mismos cables con un trabajo de
redacción.
Sin embargo, es Wikileaks, como coordinador de estos otros grupos, el que
ha recibido los ataques más crueles y las acusaciones del gobierno de EE UU y
sus acólitos. He sido acusado de traición a la patria, a pesar de que soy
australiano, no ciudadano de Estados Unidos. Ha habido decenas de llamamientos
serios en EE UU para que sea “eliminado” por las Fuerzas Especiales de Estados
Unidos. Sarah Palin ha dicho que debería ser “cazado como Osama Bin Laden”. Un
proyecto de ley republicano presentado en el Senado de EE UU pretende que yo
sea declarado una “amenaza transnacional” y propone, en consecuencia, que sea
eliminado. Un asesor de la oficina del primer ministro canadiense ha hecho un
llamamiento en la televisión nacional para que yo sea asesinado. Un bloguero
estadounidense ha propuesto que mi hijo de 20 años de edad, que vive aquí en
Australia, sea secuestrado y atacado simplemente como un medio para llegar
hasta mí.
Estos, por supuesto, son los defensores de la civilización occidental, ese
pináculo del progreso humano, ese baluarte contra la barbarie, el asesinato y
la tortura, ese bastión de la templanza y la razón. Pero en su artículo,
Assange desmiente una vez más los feroces bulos de Feinstein, Holder, Obama y
Palin sobre el “gran daño” que han hecho las filtraciones:
Wikileaks lleva cuatro años publicando informaciones. Durante ese tiempo,
hemos cambiado gobiernos enteros, pero, hasta donde sabemos, ni una sola
persona ha resultado dañada. Sin embargo, Estados Unidos, con la connivencia
del gobierno australiano, ha matado a miles de personas solo en los últimos
meses.
El Secretario de Defensa, Robert Gates, admitió en una carta al Congreso de
EE UU que ninguna fuente ni método sensible de inteligencia había resultado
comprometido por la publicación de los archivos sobre la guerra de Afganistán.
El Pentágono afirmó que no había evidencia de que los informes de Wikileaks
hubieran dado lugar a que alguien resultara perjudicado en Afganistán. La OTAN
en Kabul dijo a CNN que no pudo encontrar una sola persona que necesitara
protección. El departamento australiano de Defensa dijo lo mismo. No hay tropas
ni recursos australianas afectados por lo que hemos publicado.
Sí, ¿cuántos miles de personas, cuántas decenas de miles, han sido
asesinadas por nuestros Guerreros contra el Terror, de ambos partidos, en los
cuatro años de existencia de Wikileaks? ¿Cuántos millones han sido
“perjudicados” no sólo por las operaciones directas de la Guerra contra el
Terror, sino por la cada vez mayor y más profunda violencia, odio y confusión
que se está extendiendo por todo el mundo? (Por no hablar de la caída acelerada
de la sociedad estadounidense, que ha sufrido una bancarrota económica,
política y moral debido a la aceptación de la guerra de agresión, la tortura,
la rapiña de la elite y los regímenes autoritarios.)
Pero ninguno de los autores de estos actos, pasados o presentes, está en la
cárcel, o ni siquiera ha sido procesado o investigado, o molestado de ninguna
manera. Sin embargo, Assange pasará esta noche en una prisión británica; y,
desde luego, no por las acusaciones de “mala conducta sexual” que se
presentaron contra él en agosto, que luego se convirtieron en la base de una
orden de arresto sin precedentes en todo el mundo, que normalmente se reserva
para los criminales de guerra, para aquellos acusados de guerra de agresión, tortura,
corrupción y regímenes autoritarios. El juez se ha negado a conceder la
libertad bajo fianza, alegando que Assange tiene “acceso a los medios
financieros” y podría huir del país. Parece una broma amarga por parte de milord,
dirigida a un hombre cuyos medios de apoyo financiero están siendo
sistemáticamente cerrados por el gobierno y las fuerzas empresariales más
poderosos del mundo. El periodista John Pilger y el director de cine Ken Loach
se encontraban entre los que comparecieron ante el tribunal dispuestos a avalar
a Assange, pero fue en vano.
Wikileaks, sin duda, tratará de seguir luchando. Y Assange dice que ha
ofrecido un gran hallazgo diplomático a 100.000 personas. A cuentagotas, se van
a ir publicando fragmentos de la verdad. Pero los periodistas del mundo —y las
personas con conciencia que trabajan en los gobiernos del mundo— han recibido
una dura e inequívoca lección sobre las nuevas realidades de estos nuestros
degenerados tiempos. Diga una verdad que moleste al poder, que desafíe su dominio
sobre nuestras vidas, nuestros discursos o nuestros pensamientos, y será
destruido. Ninguna institución, pública o privada, estará junto a usted, las
entidades más poderosas, tanto públicas como privadas, se alinearán en su
contra, respaldadas por una fuerza violenta abrumadora. Aquí es donde estamos
ahora. Esto es lo que somos ahora.
Chris Floyd es escritor y frecuente colaborador de
CounterPunch. Su blog, Empire Burlesque, se puede encontrar en www.chris-floyd.com.
Traducción: Javier Villate
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