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Del directora nacional de El Mundo No Puede Esperar

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FUI TORTURADO POR DÍAS, GRACIAS A BRUCE JESSEN Y JAMES MITCHELL. UNA DISCULPA SERÍA BUENA


Ahmed Rabbani
Newsweek
20 de enero de 2020

Traducido del inglés para El Mundo no Puede Esperar 28 de enero de 2020

Tengo entendido que Bruce Jessen y James Mitchell testificarán esta semana en la Comisión militar de Guantánamo acerca de su “Proyecto de Tortura”; desde luego no lo llaman así —los métodos ideados por estos psicólogos mercenarios son, dicen; “técnicas de interrogación mejoradas”—. Sin embargo, yo he estado en la parte receptora y prefiero ser honesto.

Aun cuando no soy nadie más que un taxista de Karachi, soy un prisionero eterno aquí, en esta horrible prisión en Cuba: diecisiete años de detención sin juicio. Si se aparecen personalmente, espero que pasen por mi celda en el campo seis. Sigo esperando sus disculpas.

Jessen y Mitchell ayudaron a impulsar la tortura hacia el siglo XXI. Formaron una compañía a la que se pagó ochentaiuno mdd para poner en operación el programa de interrogatorios que utilizaron conmigo y con otros. Jamás se han disculpado, incluso se manejan con una actitud desafiante. Su abogado, James T. Smith dice que sus clientes, “eran servidores públicos cuyas acciones fueron autorizadas legalmente por el gobiernos de Los Estados Unidos en un esfuerzo por proteger vidas inocentes”

Dudo mucho que se haya salvado una vida inocente con la acción de torturarme. Mientras estaba ocupándome de mis asuntos en Karachi fui secuestrado y vendido a Estados Unidos que ofreció una generosa recompensa por las autoridades de Pakistán, asegurando que yo era un terrorista llamado Hassam Ghul. Más tarde los EE.U.U., capturaron al verdadero Ghul, pero lejos de admitir su error me llevaron a la “Prisión Oscura” en Kabul, y me aplicaron los métodos de tortura implementados por Jessen y Mitchell.

Ambos "doctores" aseguraron a los militares que los habían contratado, a los abogados y a los políticos que firmaron para seguir adelante, que sus técnicas eran completamente indoloras. Déjenme mostrarles una de ellas: técnica en la cual las muñecas del detenido se atan juntas por encima de la cabeza para que no le sea posible ni recargarse en una pared, ni recostarse. Fui puesto en un agujero, suspendido por las muñecas con cadenas que estaban aseguradas a una barra de metal, colocada horizontalmente a una altura desde la cual mis pies, apenas alcanzaban a tocar el piso. Me dejaron día tras día en total oscuridad, tal vez una semana, y sin ningún alimento, parado de puntas sobre mi propio excrementos.

Después supe que Jessen y Mitchell escogieron esta tortura de la inquisición española, llamada strappado. La Inquisición hacía esto para hacer sufrir a la gente, cristianos comunes acusados de herejía y torturados para obligarlos a confesar, y eran, al menos, más honestos que Jessen y Mitchell cuya técnica ha sido practicada específicamente en musulmanes. Sentí cómo mis hombros se dislocaban gradualmente. El dolor es intolerable.

Jessen y Mitchell también promovían el uso del submarino. Me he enterado que hace algunos años, el doctor Mitchell decía que la mayoría de la gente prefería que le rompieran las piernas a sufrir el submarino. Sin embargo, luego de firmar un contrato por 81 mdd, su parecer ha cambiado: “Que yo sepa no es doloroso”, afirmó recientemente. “Sería mejor usar el término zozobra”. La palabra precisa es tortura.

Instaron a la CIA a destruir las filmaciones de estos interrogatorios porque eran demasiado gráficas: A mi parecer eran un tanto feas y, ustedes saben, podrían, potencialmente, poner en peligro nuestras vidas exponiendo las fotos de tal suerte que los “malos” pudieran verlas”, explicó Mitchell.

Me he enterado que han indemnizado a Jessen y Mitchell, tal vez, con más de 5 mdd, como pago por la molestia de haber sido demandados por torturar seres humanos. Además pudieron conservar sus 81 mdd. Y para qué, si han dañado permanentemente la supuesta reputación de los EU, un país construido sobre leyes que juran defender la libertad. Y esto por infligir espantosos sufrimientos físicos y psicológicos en hombres inocentes como yo. Por hacer casi imposible llevar, a las supuestas mentes maestras del 9/11, a la justicia. I9 años después, los abogados siguen discutiendo si el tratamiento ha sido lo suficientemente incivilizado como para desechar por completo todo el caso.

En acuerdo con sus manejadores de la CIA y los políticos a cargo, Jessen y Mitchell no han sufrido ninguna consecuencia por sus nefastas acciones, mientras tanto, por el simple hecho de haber estado en el lugar y momento incorrectos, como una víctima de identidad equivocada, no solamente he padecido tortura física, sino el dolor profundo y duradero de haber sido separado de mi hijo. Jawad tiene hoy 17 años, y nunca lo he visto, mucho menos lo he podido tocar.

El pasado no se puede deshacer, pero podemos intentar construir un futuro mejor. Para empezar, me gustaría que los dos torturadores se detuvieran frente a mi celda esta semana y dijeran simplemente, lo sentimos. No puedo ir a ningún lado. Aquí los espero.

Ahmed Rabbani es un taxista de Karachi, que fue vendido a las fuerzas estadounidenses por una recompensa, y mantenido como prisionero sin cargos, por 17 años y contando.

Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor.


 

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