El desempate de Obama
Juan Gelman
Página 12
4 de enero de 2012
Barack Obama acaba de superar a W. Bush: no cerró
Guantánamo, inaugurado por su antecesor; amplió a Pakistán las guerras en Irak
y Afganistán y su política económica y social no cambió la dirección que le
imprimiera W. Pero pocos días después de cumplirse, el 15 de diciembre, el 220º
aniversario de la Carta de Derechos que los Padres Fundadores de EE.UU.
erigieron en modelo democrático, Obama promulgó una ley que recorta las
libertades civiles más, pero mucho más que la Patriot Act de su predecesor. La
National Defense Authorization Act (NDAA), aprobada por el Congreso, faculta a
las fuerzas armadas a encarcelar por tiempo indeterminado, sin cargos ni
proceso y en prisiones militares, a todo estadounidense sospechado de
terrorista, aunque viva en el extranjero. Adiós al derecho de defensa y a un
juicio civil, adiós a la presunción de inocencia del acusado hasta que su
culpabilidad se pruebe.
Son conocidas las torturas y humillaciones
propinadas a los presos en Guantánamo y aún padecen, los que quedan,
exactamente la misma situación. Este hecho despertó protestas débiles en
EE.UU., finalmente se trataba de extranjeros. La amenaza de que los
estadounidenses mismos se vean sometidos a semejante trato provocó las
reacciones más inesperadas, aun antes de que Obama diera su plácet al engendro.
El New York Times publicó una columna de opinión de los generales (R) Charles
C. Krulak y Joseph P. Hoar, del cuerpo de marines, nada avara en adjetivos
(www.nytimes.com, 12–12–11).
(La NDAA) “es equivocada e innecesaria: el
presidente ya cuenta con el poder y la flexibilidad que requiere una lucha
efectiva contra el terrorismo... las leyes en vigor facultan a los militares a
detener a los capturados en el campo de batalla, pero esta disposición
extendería el campo de batalla a EE.UU.”. Agregan que la disposición no sólo
viola el espíritu de la legislación que limita el uso de las fuerzas armadas en
cuestiones de seguridad interna, “sino también nuestra confianza en el personal
de servicio, que se alistó pensando que nunca se le pediría que volviera sus
armas contra nuestros compatriotas”. Subrayan que la medida “reduce, si no
elimina, el papel de las cortes federales en los casos de terrorismo... desde
el 11/9, las inciertas e inexpertas comisiones militares condenaron solamente a
seis acusados de terrorismo, mientras que los tribunales civiles sentenciaron a
más de 400”. Una consideración muy práctica.
Forbes distrajo un poco de su permanente atención
a los multimillonarios para titular así una de sus columnas: “La NDAA es la
amenaza más grande a las libertades civiles que los estadounidenses enfrentan”
(www.for bes.com, 5-12-11). “Y qué hay de la inocencia hasta que la
culpabilidad se pruebe. Y qué hay de un gobierno con límites. Estamos
afrontando el acabóse. O mantenemos las libertades intrínsecas de nuestra
república constitucional o rompemos ese proyecto entero en nombre de la
seguridad librando sin término esa infructuosa, cara y en última instancia
contraproducente Guerra contra el Terror.”
Al parecer, juicios tan duros hicieron vacilar a
la Casa Blanca y varios asesores sugirieron la posibilidad de que la ley fuera
vetada. Pero Obama, citando vagos cambios introducidos en el texto, pegó la
vuelta en U y descartó el veto incurriendo en lo que un editorial del New York
Times calificó de “una rendición política completa, que refuerza la impresión
de una presidencia que se mueve a tropezones” (www.nytimes.com, 15-12-11). A
saber si fue realmente así.
El patrón de la Casa Blanca agitó el fantasma del
veto “pero no porque tuviera alguna objeción a la sustancia de la ley –señaló
el Christian Science Monitor–. En realidad el presidente, que es un ex profesor
de derecho constitucional, quería retener la facultad de aplicar sus
disposiciones, es decir, el encarcelamiento militar por tiempo indeterminado, a
los ciudadanos estadounidenses que, en virtud de la Constitución, tienen
derecho a un juicio expeditivo y público y a la protección jurídica debida. El
Congreso capituló” (www.csmonitor.com, 28–12-11). No fue Obama el que izó
bandera blanca.
El profesor de derecho Jonathan Turley, de la
Universidad George Washington, trazó el historial de las violaciones de los
derecho civiles y humanos cometidas por el gobierno Obama, desde el permiso
para usar ese tormento llamado “submarino” hasta el bloqueo de la investigación
y procesamiento de torturadores del ejército y la CIA (www.latimes.com,
29–11-11). “Con el tiempo, la elección de Barack Obama podrá considerarse como
uno de los sucesos más devastadores en nuestra historia de las libertades
civiles”, concluye Turley.
La Carta de Derechos, primera enmienda de la
Constitución de EE.UU., aprobada en 1791, garantiza, entre otras, la libertad
de expresión y de reunión, el derecho, entre otros, a no ser sometido a
torturas y a un juicio rápido con un jurado imparcial. Pareciera que el ex
profesor de derecho constitucional olvidó todo lo que sabía.
Fuente original: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-184657-2012-01-03.html
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