Gente 'ilegal'
Rubén Hernández León
Maestro e investigador de temas migratorios de UCLA
ruben@soc.ucla.edu
13 de octubre, 2008
En momentos en que el gobierno federal ha arreciado
sus redadas en las comunidades inmigrantes, vale la pena echarle un ojo a una
obra de reciente publicación que nos ayuda a entender la situación desde la
perspectiva de sus víctimas. Se trata del libro Gente Ilegal: Cómo la
Globalización Crea Migración y Criminaliza a los Inmigrantes (Illegal People:
How Globalization Creates Migration and Criminalizes Immigrants, su título en
inglés) de David Bacon, conocido fotógrafo, periodista y defensor de los
derechos de los inmigrantes. Cabe apuntar de entrada que Bacon usa la palabra
'ilegal' en sentido figurado. Él, al igual que el movimiento pro inmigrante de
este país, no cree que haya inmigrantes 'ilegales' sino políticas
gubernamentales que producen gente en situación de clandestinidad e
irregularidad migratoria.
Por varias décadas ya, Bacon se ha dedicado a documentar con la palabra y la
imagen, las condiciones económicas y las luchas políticas y sociales de grupos
marginados y explotados en Estados Unidos y América Latina: trabajadores
industriales y agrícolas, indígenas y mujeres. Primero como organizador
comunitario y sindical y luego como periodista, Bacon ha hecho suya la causa
por los derechos y la legalización de los inmigrantes en este país y alrededor
del mundo.
En Gente Ilegal, Bacon nos ayuda a entender el acoso actual que viven las
comunidades inmigrantes a manos de los agentes de la migra. En efecto, las
páginas de este diario han informado de redadas cotidianas de lado a lado de la
Unión Americana, de California hasta Alabama y Mississippi. Sobra decir que no
hay nada nuevo en ello. Pero ahora parece ser que el gobierno federal,
encabezado por su Departamento de Seguridad Interna (DHS, por sus siglas en
inglés), se ha propuesto atrapar a los inmigrantes indocumentados no sólo en la
frontera sino en el interior del país. La explicación que normalmente nos
proporcionan los medios de comunicación es casi siempre una repetición medio
digerida de los boletines de prensa de la migra. Según éstos, los agentes de lo
que antes era el INS y ahora es el ICE, andan tras inmigrantes con antecedentes
criminales y personas que no han obedecido sus órdenes de deportación.
Pero la verdad es que cada vez un mayor número de redadas se dirige a los
centros de trabajo, como fábricas, hoteles y restaurantes. Así las cosas, David
Bacon nos recuerda que las redadas son y ha sido desde siempre una forma de
intimidar y controlar a los inmigrantes en tanto que trabajadores. No es
casualidad entonces que las redadas a los centros de trabajo se den
frecuentemente cuando los inmigrantes están en proceso de organizarse y formar
sindicatos para defender sus derechos laborales. Los administradores de estas
empresas saben que pueden utilizar el estatus legal de sus trabajadores para
amedrentarlos y disuadirlos de sus esfuerzos organizativos y a lo largo de las
décadas no se han tentado el corazón. Bacon también nos recuerda que ahora los
patronos cuentan con una herramienta adicional para debilitar los intentos de
sindicalización de los inmigrantes: las cartas que envía la Administración de
la Seguridad Social a individuos y negocios para reconciliar el nombre del
empleado con su número seguro social. Aunque por ley estas misivas no deben
usarse para despedir trabajadores, los jefes de personal las utilizan para
deshacerse de empleados que reclaman sus derechos.
Estas 'herramientas' que criminalizan a los inmigrantes y que les impiden
luchar efectivamente por mejores condiciones laborales, son también un
obstáculo para que formen alianzas con grupos de trabajadores nativos, víctimas
también del prejuicio y la exclusión, como los negros y los inmigrantes ya
legalizados provenientes de otros países. Es por eso que la fórmula que sugiere
Bacon como solución a estos dilemas no son programas de trabajadores huéspedes,
como el extinto Programa Bracero, ni los actuales programas de visas temporales
H1-B y H2-B, que lo único que hacen es atar al trabajador a un empleador (con
los abusos de siempre), sin importar su origen o sus destrezas ocupacionales.
Lo que David Bacon propone es que se extiendan a los trabajadores indocumentados
todos los derechos de residencia con los que cuentan los habitantes de este
país.
Esto no sólo acabaría con la vulnerabilidad que les impide a muchos
trabajadores reclamar sus derechos laborales, sino que eliminaría de tajo el
uso que muchos empleadores hacen de la llamada 'ilegalidad' para debilitar los
esfuerzos colectivos por mejorar salarios y prestaciones.
Esto llevaría a igualar las condiciones de vida de millones de asalariados
hacia el común denominador más alto y no al más bajo. Sin gente 'ilegal'
mejorarían no sólo unos cuantos, sino esta sociedad en su conjunto.
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