La mentalidad del ¡Estamos en Guerra!
Glenn Greewald
15 de diciembre de 2011
Traducido del inglés por El Mundo No Puede Esperar 23 de diciembre de
2011
Dos cosas importantes pasaron el jueves: (1) el
Senado liderado por los Demócratas rejuveneció y expandió la Guerra contra el
Terror mediante, entre otras cosas, la aprobación de una ley autorizando las
detenciones por parte de militares en territorio estadounidense y expandiendo
el objetivo principal de la guerra; y (2) los abogados de Obama, por primera
vez, justificaron
publicamente la insistencia del Presidente en que él tenía
el poder (y lo tomó) para decidir que ciudadanos estadounidenses sean objetivo
de asesinato sin transparencia o el debido proceso. Yo escribí
ampliamente sobre el primer episodio el jueves, y ahora tengo una pregunta
para aquellos que apoyan las teorías de asesinato que acaban de darnos los
abogados del Presidente.
Para plantear esta pregunta, me gustaría volver por un momento a la controversia
sobre el sistema de detención de Guantánamo. Los demócratas afirmaban estar
consternados porque la administración de Bush estaba deteniendo a gente de
manera indefinida sin cargos o el debido proceso. Barak Obama, como Senador de
Illinois, denunció
“el intento de la Administración de Bush para crear un agujero negro legal en Guantánamo” - por ejemplo, que se metiera a
personas en celdas, quizás para siempre, sin cargos. Pero los abogados de Bush
ofrecieron una teoría de por qué el encarcelamiento, sin el debido proceso, era
justificable.
La Teoría tenía estas cuatro premisas razonablemente sencillas:
(1). El terrorismo no es en principio un
delito criminal. Es un acto de guerra. Por lo que: Nosotros estamos en
guerra con los Terroristas.
(2). Aquellos que intenten hacer daño a los EEUU
como parte de esta Guerra son combatientes y Terroristas - no criminales - por
lo que no se les tiene que reconocer el debido proceso o cualquier otro derecho
que se le reconoce a cualquier otro criminal. Son los militares de EEUU
(liderados por el Comandante en jefe) - no las cortes - quien decide quién es o
no un combatiente o un terrorista.
(3). El que alguien sea un combatiente o un terrorista lo decide una sóla cosa: el
decreto unilateral del Presidente. Una vez que el Presidente decreta que alguien
es un combatiente o un Terrorista - incluyendo a uno de sus ciudadanos - esa
persona por definición se convierte en uno, y entonces puede ser tratado como
tal sin ningún proceso judicial posterior o protección constitucional. Una vez
que el decreto acusatorio presidencial entra en vigor, la protección de la
Constitución y la ley desaparecen. En definitiva, la acusación presidencial
de que alguien es un Terrorista es considerada prueba y un veredicto de
culpabilidad.
(4). A diferencia de cualquier otra guerra nunca librada jamás, el “campo de batalla”
de esta Guerra no está donde las fuerzas enfrentadas se disparan unas a otras,
sino que más bien se define como: donde sea que un acusado de terrorismo es
encontrado en cualquier parte del mundo. De esta manera, los poderes del
Presidente en el campo de batalla - que son ilimitados: señalamiento unilateral
para dar muerte, prisión indefinida sin cargos, espionaje en las comunicaciones
sin ninguna vigilancia - no están confinados a ninguna localización geográfica,
sino que pueden ser aplicados en cualquier sitio. Donde sea que el acusado
de combatiente o terrorista exista físicamente - durmiendo en una cama,
conduciendo un coche con sus niños, a miles de kilómetros de hecho de cualquier
tiroteo - estará el “campo de batalla.”
Esas eran las controvertidas premisas teóricas ofrecidas una y otra vez por los juristas de
Bush y otros defensores para justificar el sistema de detención de Guantánamo.
En general, esas teorías eran (y
todavía lo son) el corazón y el alma de la visión neocon de la Guerra
contra el Terror. Una vez que aceptas esas cuatro premisas, no hay una manera
coherente de oponerse a Guantánamo. Por lo que aquí va mi pregunta:
A este punto, ¿rechazan los defensores de Obama cualquiera de estas teorías? Me
refiero a esto literalmente: No puedo contar cuántas veces he oído exactamente
esta misma teoría por los defensores de Obama justificando sus poderes para
asesinar (el Presidente está facultado para señalar a ciudadanos para matarlos
porque estamos en Guerra, y una vez que tomas las armas contra EEUU (que quiere
decir: una vez que el Presidente te acusa de hacerlo). De hecho, simplemente no hay una manera de defender los
poderes para asesinar reivindicados por Obama sin apoyar cada una de estas
teorías. Y por tanto, aquí está lo que juristas de Obama dijeron el Jueves:
Los ciudadanos estadounidenses son objetivos militares legítimos cuando toman las
armas con Al-Qaeda, dijeron el jueves los máximos juristas de seguridad
nacional de Obama. A los abogados se les preguntó en una conferencia nacional
de seguridad sobre el asesinato por la CIA de Anwar al-Awlaki, ciudadano
estadounidense y figura líder de al-Qaida...
Los abogados del gobierno, Stephen Preston abogado de
la CIA y Jeh Johnson abogado del Pentágono, no mencionaron directamente el caso
de al-Awlaki. Pero dijeron que los ciudadanos estadounidenses no tienen
inmunidad cuando están en guerra con Estados Unidos.
Johnson dijo que sólo el brazo ejecutivo, no las cortes, está preparado para tomar decisiones de
objetivos militares en el campo de batalla así como a quién se califica como un
enemigo.
Cuando los juristas de Obama se refieren a “ciudadanos estadounidenses que toman las armas
con al-Qaeda,” lo que quieren decir es esto: aquellos a los que el
Presidente acusa (en secreto, sin el debido proceso o prueba presentada) de
haber tomado las armas con al-Qaida. Cuando se refieren a “decisiones de
objetivos en el campo de batalla,” no se refieren a un lugar donde hay un
combate activo, sino más bien: a cualquier sitio en el mundo donde un
acusado de terrorismo se encuentre (sin dejar dudas sobre eso, Johnson sentenció
que la distinción fuera o dentro del “campo de batalla se ha vuelto
anticuada”). En otras palabras: el mundo entero es el campo de batalla, una afirmación que
los oficiales de Obama han
adoptado desde hace tiempo, y que alguien es un Terrorista en el momento
que el Presidente declara que lo es: el Presidente es juez y jurado, y ahora
incluso el único verdugo.
Por lo que mi pregunta a los defensores de los poderes para asesinar de Obama es esta: ¿cuál de las cuatro principales
premisas de la guerra contra el terror de Bush/Cheney rechazas, si acaso alguna?
Dadas las teorías para justificar los poderes de Bush/Cheney - que fueron
repetidas casi al pie de la letra por los juristas de Obama cuando se les
preguntaba por el asesinato de Awlaki - ¿cómo puede nadie coherentemente haber
objetado al sistema de detención de Bush/Cheney en Guantánamo pero apoyar ahora
los poderes para asesinar de Obama? Es más, incluso, los poderes para asesinar
de Obama son más extremistas que el sistema de detención de Guantánamo; esto es
verdad por dos razones: (1)
Bush/Cheney encarcelaron a extranjeros en Guantánamo, mientras que Obama ha
hecho objetivos para matar a ciudadanos estadounidenses (extranjeros capturados
en terreno foráneo tienen - según la Corte suprema -
muchas menos protecciones constitucionales (si acaso alguna) que los ciudadanos
estadounidenses, que conservan las protecciones constitucionales no importa
dónde estén); y (2) las muertes por
los aviones no tripulados (drone) de la CIA son obviamente una pena más
draconiana que el encarcelamiento en Guantánamo. En definitiva, ¿cómo es
posible apoyar los poderes para asesinar de Obama sin hacer propias aquellas
cuatro teorías utilizadas para justificar Guantánamo?
Una vez has hecho propias esas teorías ofrecidas por los juristas de Obama, por definición
has adoptado la guerra contra el terror de Bush/Cheney (de hecho, como los
documentos de Marcy Wheeler, los abogados de Obama incluso defendían
explícitamente muchas de las teorías utilizadas por los abogados del
Departamento de Justicia (DOJ por sus siglas en inglés) para justificar el
programa de escuchas ilegales de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA por sus
siglas en inglés) y los exagerados poderes secretos; el abogado del DOJ Marty
Lederman, por ejemplo, anunció: a raíz de los amplios poderes secretos,
“estamos en conflicto armado con algunos grupos del público americano que no
saben que estamos en conflicto armado con ellos”). Durante la presidencia de
Bush, pasé años discutiendo -literalmente sin la oposición de un sólo
progresista - que las dos más radicales y peligrosas premisas llevadas a cabo
por Bush/Cheney fueron estas: (1) el mundo entero - incluyendo sitios donde no
se dispara o combate - se considera ahora campo de batalla (lo que significa
poderes de guerra ilimitados para el Presidente en cualquier parte); y (2)
acusaciones del Presidente de ser un Terrorista son consideradas el equivalente
a vinculantes veredictos de culpabilidad. ¿Hay alguna manera de apoyar los
poderes para asesinar de Obama sin adoptar ambas ideas? Estoy realmente
interesado en escuchar respuestas a esta pregunta.
* * * * *
Hay que hacer otra puntualización sobre lo que solía ser un punto básico de
controversia entre progresistas y neocons
- el mantra de que ¡Estamos en guerra con los terroristas!” y que debemos
tratar a los acusados de terrorismo como combatientes, no como criminales -
pero que se ha convertido ahora, en la era Obama, también en un dogma común para los
Demócratas (tú no tendrás un debate con un defensor de los poderes para
asesinar de Obama o cualquier otra política de la Guerra contra el Terror suya
sin oír estas consignas de guerra). No es exagerado decir cómo de central es
esta mentalidad de “Estamos en Guerra” para todos esos poderes reclamados en
nombre del Terrorismo.
Pero más que una creencia política o legal, es una necesidad psicológica - una necesidad
entusiasta y arraigada - para creer que estamos en Guerra. Realmente es una
adicción. Por ejemplo, Lindsey Graham - fácilmente uno de los belicistas
más
radicales de la nación - está tan resueltamente dedicado a insistir en que
¡Estamos en Guerra! que durante años se ha convertido en su obsesión todo el
tiempo. Constantemente
compara la Guerra contra el Terror a la guerra contra los Nazis (la manera
en que los neocons,
y ahora los
defensores más incondicionales de Obama, han invocado por mucho tiempo la
Guerra Civil para justificar los abusos de la Guerra contra el Terror), e
incluso una vez fue tan lejos como para declarar:
“La libertad de expresión es una gran idea, pero nosotros estamos en guerra.”
Pero esta necesidad
de adoptar la idea de que ¡Estamos en Guerra! es llevada más por deseos
psicológicos y emocionales que por una visión legal o política. Todo esto va de
sentirse fuerte y decidido - somos Guerreros por una gran causa como nuestros
nobles ancestros que ganaron la Guerra Civil y derrotaron a los Nazis - y
virtualmente no tiene nada que ver con combatir el Terrorismo. Esta obsesión
con ordenar detenciones militares para terroristas - cuando los juicios civiles
han tenido más
éxito que los militares en mantener a los terroristas en prisión - esconde
su propósito real: nada tiene que ver con contrarrestar el Terrorismo sino con
arrimarse al propósito psicológico otorgado por la Guerra. Como se puede leer
en un informe
reciente de la Unión Americana por las Libertades Civiles (ACLU en inglés):
Esta dinámica de nuestro discurso político ha sido en parte llevada por un “debate”
totalmente artificial sobre si la amenaza del terrorismo necesita una respuesta
“militar” o por los “aparatos legales”, con la primera descrita como musculosa
y la otra como anémica. De acuerdo a este punto de vista, castigar a los
terroristas como los criminales que son es ridiculizado como una reflexión de
la mentalidad “pre-11 de septiembre”, mientras que enaltecerlos como los
combatientes que ellos claman ser es celebrado como tomar la amenaza con
seriedad. Pero este debate dice más de la imagen propia de los llamados
combatientes que lo hace sobre ninguna realidad del anti-terrorismo.
Lo que es más asombroso para mí sobre esta necesidad de parte de muchos americanos de ambos
partidos en insistir en que ¡Estamos en Guerra! es lo similar que es a la
mentalidad que impulsa a los miembros de Al Qaeda. Los miembros de Al Qaeda son
tan insistentes como los “pequeños guerreros americanos” de Lindsey Graham, que
aunque no son meros criminales, sí son combatientes involucrados en una guerra
gloriosa. Así es cómo Richard Reid, culpable de intentar explotar un zapato
bomba en un avión civil se describía a sí mismo en su audiencia durante el
juicio:
Estoy en guerra con tu país. Estoy en guerra con ellos no por razones personales sino porque
ellos han asesinado a más, muchísimos niños y han oprimido mi religión y han
oprimido a la gente sin otra razón excepto que dicen que nosotros creemos en
Allah.
Como respuesta, la sentencia del juez decía esto - dirigiéndose primero al gobierno de EEUU y
después al acusado:
Se ha hablado demasiado de guerra aquí. Y
lo digo a todo el mundo con el mayor respeto...[A Reid:] Eres un tipo grande.
Pero no eres tan grande. No eres un guerrero. Conozco a guerreros. Tú eres un
terrorista. Una especie de criminal culpable de muchos intentos de asesinato.
Tenía mucha razón el soldado Santiago cuando te sacaron del avión y te llevaron
en custodia y tú preguntabas dónde estaba la prensa y dónde estaban los equipos
de TV y dijiste que no eras importante. Tú no eres importante.
La gente envuelta en meras actividades criminales - cometiéndolas o atrapándolas - no son “importantes”. Eso es
precisamente por lo que los miembros de al Qaeda y los americanos obsesionados
con la guerra tienen el mismo objetivo: elevar su conflicto, y por tanto a
ellos mismos, para verse a sí mismos en guerra, como guerreros.
Sólo hay que escuchar lo vital que era para Khalid Shiekh Mohammed ver que lo que estaba haciendo era un acto de
guerra más que un mero crimen, diciendo lo mismo que Lindsey Graham y esos que
insisten en EEUU que ¡Estamos en guerra! El cerebro del 11 de septiembre se
aferraba desesperadamente al mismo pretexto: que él era un guerrero y un
combatiente en una atroz guerra, exactamente como George Washington y los
miembros de los militares americanos él apuntaba a su encargo militar. Como
resultado, argumentaba, ellos deberían entender que las bajas civiles del 11 de
septiembre de las que Mohammed fue acusado son simplemente parte de lo que todo
“militar” hace:
Lo que escribí aquí, no es que me esté poniendo como un héroe, cuando dije que era
responsable de esto o aquello. Pero tú eres un militar. Sabes muy bien que hay
lenguajes para cualquier guerra. Entonces, hay, nosotros cuando admito estas
cosas no estoy diciendo que no lo hice. Lo hice pero este es el lenguaje de cualquier guerra. Si America quiere invadir
Irak no enviarán rosas y besos a Sadam, sino que enviarán un bombardeo. Esta es
la mejor manera si quiero. Si estoy luchando por cualquiera les admito que soy enemigo de los americanos.
Seguro, soy enemigo americano. Usama bin Laden, hizo su mejor rueda de prensa
en los medios americanos. El señor John Miller estaba allí cuando hizo la
declaración contra la Jihad, contra América. Y él dijo, no es necesario que
explique lo que dijo, pero básicamente lo que dijo sobre la presencia militar
americana en la península de Arabia y ayudando a Israel y otras muchas cosas. Por lo que cuando nosotros hacemos
cualquier guerra contra América nosotros somos como chacales en la noche.
Entonces, venimos de líderes religiosos que
consideramos que nosotros y George
Washington hacemos lo mismo. Cuando se considera a George Washington como
un héroe. También muchos de los musulmanes consideran así a Usama bin Laden.
Está haciendo lo mismo. No hace otra cosa que luchar. Necesita su independencia.
Incluso nosotros pensamos eso, o no sólo yo. Muchos musulmanes, que están
haciendo al Qaida o los Talibanes. Ellos han oprimido América. Este es el
sentimiento del profeta. Por lo que cuando
nosotros decimos que somos enemigos combatiendo, así es. Nosotros lo estamos
haciendo.
Lo que nos encontramos aquí es que los extremos de ambos lados de un conflicto en muchas
ocasiones son un perfecto reflejo en el espejo. Los colonos israelíes y Hamas
tienen el mismo deseo de prevenir un acuerdo de paz y por las mismas razones.
Los neocons americanos y los extremistas en Irán tienen el mismo deseo de
inflamar el conflicto entre EEUU e Irán y al final piensan
exactamente del mismo modo. Y los miembros de Al Qaeda y los extremistas de
¡Estamos en Guerra! en los EEUU tienen a converger en su forma de pensar
también (ver
aquí para entender cómo Lindsey Graham está tan trastornado y sediento de
sangre como nadie en el mundo). El historiador Richar Hofstadter, en su
relevante ensayo de
1964 en Harper titulado “El estilo paranoico en los políticos americanos,”
describía perfectamente cómo los extremistas en ambos lados de un conflicto son
casi siempre idénticos (y, al hacer eso, enfatizó, con precisión, que esta
dinámica “no está confinada a nuestro propio territorio y tiempo; es un
fenómeno internacional”):
El portavoz paranoico ve el destino de
la conspiración en términos apocalípticos - transita entre el nacimiento y la
muerte de mundos enteros, enteros sistemas políticos, completos sistemas de
valores humanos...Él no ve el conflicto social como algo que tenga que ser
mediado y de acuerdo mutuo, de la manera que lo hace un político. Como lo que
está en juego es siempre un conflicto entre el bien y el mal absoluto, lo que
hace falta no es un compromiso sino pelear hasta el final.
Como se cree que el enemigo es
totalmente malvado e insaciable, debe ser totalmente eliminado - si no del
mundo, al menos del teatro de operaciones al que la paranoia dirige su
atención. Esta demanda de victoria total lleva a la formulación de objetivos
irreales y sin esperanza, y como esos objetivos no son alcanzables ni de lejos,
el fallo constantemente agudiza el sentido de frustración de la paranoia. Incluso
éxitos parciales le dejan con la misma sensación de impotencia con la que
empezó, y esto a cambio sólo refuerza su consciencia de lo inmensas y
aterradoras cualidades de su oponente.
El enemigo está claramente definido: es
un modelo perfecto de malicia, una especie de superhombre amoral - siniestro,
omnipresente, poderoso, cruel, sensual, lujurioso. A diferencia del resto de
nosotros, al enemigo no se le encuentra en las empinadas cuestas que conforman
la historia, o como una víctima del pasado, de sus deseos o limitaciones. Él
dispone, de hecho construye, el mecanismo de la historia, o intenta desviar el
curso normal de la historia de un modo diabólico... Es duro resistirse a la
conclusión de que este enemigo es en muchos aspectos una proyección de su
yo; ambos aspectos, lo ideal y lo inaceptable del yo son atribuidos a él.
El enemigo - al que los guerreros americanos mantienen y glorifican con su interminable fijación de que ¡Estamos
en Guerra! y en cuyo nombre se hace una Guerra interminable y las
libertades civiles son destruidas - es, de hecho, “en muchos aspectos la
proyección de él mismo.” Hay una buena razón por la que los miembros de Al
Qaeda y los que serían los guerreros americanos están ambos igualmente
desesperados por mantener la mentalidad del ¡Estamos en Guerra!: es lo que les
da un propósito y justifica todo lo que hacen.
* * * * *
Un último punto sobre estos defensores del ¡Estamos en Guerra!: Jeffrey Goldberg en The
Atlantic agrupó
informes de noticias oficiales de los diversos actos de guerra dirigidos
contra Irán: explosiones, asesinatos de sus científicos, guerra cibernética, y
preguntó: ¿Está Irán ya siendo atacada por una alianza de EEUU e Israel?
Yo
escribí sobre la misma cuestión en el contexto de la
columna de Roger Cohen en el New York Times en la que básicamente se
argumentaba (y celebraba) que EEUU e Israel ya estuvieran haciendo una guerra
encubierta contra Irán (Cohen escribió “sería tremendamente inocente creer que
esos eventos no son resultado de acciones americano-israelitas encubiertas).
Sólo tener en cuenta lo alucinante que es: los políticos y los medios
americanos están tan obsesionados con la guerra que les parece
indiscutiblemente claro que el gobierno de los EEUU - en total secreto, sin una
remota base legal - está envuelto en un grado desconocido en varios actos de guerra
contra Irán, y nadie se da cuenta o le importa, o ni siquiera quiere saber lo
que el gobierno de los EEUU está haciendo al respecto. Si crees que
necesitas atacar países en total secreto, Señor Comandante en jefe, siga
adelante: no es necesario ni que nos lo diga. Esto es lo que esta mentalidad de ¡Estamos en guerra! produce.
Este artículo apareció originalmente en Salon.
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