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El Mundo no Puede Esperar organiza a las personas que viven en Estados Unidos para repudiar y parar el rumbo fascista iniciado durante el régimen de Bush y evidenciado en las ocupaciones asesinas, injustas e ilegítimas de Irak y Afganistán; la “guerra de terror” global de tortura, rendición extraordinaria y espionaje; y la cultura de discriminación, intolerancia y avaricia. A ese rumbo no le darán marcha atrás los líderes que nos instan a buscar puntos en común con fascistas, fanáticos religiosos e imperio. Solo es posible si la población forja una comunidad de resistencia –un movimiento independiente de grandes cantidades de personas—que, actuando en pro de los intereses de la humanidad, pone fin a dichos crímenes y demanda que se procese a los responsables por ellos.



Del directora nacional de El Mundo No Puede Esperar

Debra Sweet


Invitación a traducir al español
(Nuevo)
03-15-11

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¡Qué casualidad! Gadafi puso trabas a los intereses petroleros de EEUU antes de la guerra

Glenn Greenwald
http://disenso.wordpress.com/2011/06/14/

Publicado originalmente en: In a pure coincidence, Gaddafi impeded U.S. oil interests before the war, Salon, 11/06/2011

Cuando comenzó la guerra en Libia, el gobierno de Estados Unidos convenció a un gran número de partidarios de la guerra de que estábamos allí para lograr un objetivo muy limitado, a saber, crear una zona de exclusión aérea en Bengasi para proteger a los civiles de ataques aéreos, mientras el presidente Obama juraba específicamente que “la ampliación de nuestra misión militar para incluir un cambio de régimen sería un error”. Esta zona de exclusión aérea se creó en una semana y ahora, casi tres meses después, la guerra se arrastra sin perspectivas de que pueda terminar en breve, y la OTAN ya no oculta lo que ha sido siempre evidente: que su verdadero objetivo es exactamente el que Obama juró no perseguir, a saber, un cambio de régimen por medio del uso de la fuerza militar. Estamos en Libia para derribar a Gadafi por la fuerza y reemplazarle con un régimen que nos guste más, por ejemplo, uno que acepte los intereses de Occidente. Eso está fuera de discusión.

Lo que sí es discutible, en el sentido más generoso del término, es nuestro motivo para hacer esto. ¿Por qué —en un momento en el que los líderes políticos norteamericanos se sienten empujados a defender recortes presupuestarios políticamente radiactivos para reducir el déficit y los sondeos muestran que los estadounidenses se oponen firme y crecientemente a la guerra— sigue el gobierno gastando sumas enormes de dinero en esta guerra? ¿Por qué el presidente Obama está dispuesto a soportar críticas evidentemente justas —procedentes incluso de su propio partido— de que está librando una guerra ilegal, burlando descaradamente los requerimientos de su aprobación por el Congreso? ¿Por qué el Secretario de Defensa Gates se arriesga a crear divisiones al reprochar airada y públicamente a los aliados de la OTAN no dedicar más esfuerzos a la guerra? ¿Y por qué deberíamos, para utilizar las palabras del presidente, “permanecer de brazos cruzados” mientras otros muchos regímenes —incluyendo nuestros aliados de Bahréin y Yemen, y también de Siria— atacan a su propio pueblo de forma al menos tan atroz como la empleada por Gadafi, al tiempo que apoyan la guerra contra el líder libio?

Cualesquiera que sean las respuestas a estos misterios, ninguna persona seria y responsable sugeriría, por definición, que las siguientes palabras —del Washington Post de hoy— tengan algo que ver con ello:

La relación entre Gadafi y la industria petrolífera estadounidense era extraña. En 2004, el presidente George W. Bush levantó, de forma inesperada, las sanciones económicas contra Libia a cambio de su renuncia a las armas nucleares y al terrorismo. Hubo una explosión de optimismo entre los empresarios norteamericanos del petróleo, que esperaban así volver a los campos petrolíferos libios que habían tenido que abandonar hace dos décadas. [...]

    Sin embargo, antes incluso del conflicto armado que condujo a las compañías norteamericanas a salir de Libia este año, sus relaciones con Gadafi se habían deteriorado. El líder libio exigió duras condiciones contractuales. Exigió grandes pagos por adelantado. Además, molesto porque no estaba obteniendo más respeto y reconocimiento por parte del gobierno de EEUU por sus anteriores concesiones, presionó a las compañías petroleras para que influyeran en las políticas de EEUU. [...]

    Cuando Gadafi firmó su acuerdo con Bush en 2004, esperaba que el retorno de las compañías petroleras extranjeras ayudaría a incrementar la producción libia [...] El gobierno de EEUU alentó, también, a las compañías petroleras estadounidenses para que volvieran a Libia. [...]

    Las compañías no necesitaban muchos estímulos. Libia tiene una de las reservas de petróleo más grandes y probadas —43.600 millones de barriles— después de Arabia Saudí, y unas de las mejores perspectivas de perforación. [...] Durante todo este tiempo, los precios del petróleo siguieron subiendo, despertando el apetito de mayores suministros de crudo libio, inusualmente “dulce” y “ligero”, es decir, de elevada calidad.

    Por aquella época, la Secretaria de Estado Condoleezza Rice visitó, en 2008, a las compañías norteamericanas que producían 510.000 de los 1,7 millones de barriles diarios de Libia, según dijo un cable del Departamento de Estado. [...]

    Pero no todo iba bien. En noviembre de 2007, un cable del Departamento de Estado señalaba “la creciente evidencia de nacionalismo libio respecto a los recursos”. Señalaba, también, que en su discurso de 2006, de celebración del aniversario de la fundación de su régimen, Gadafi dijo: “Las compañías petroleras están controladas por extranjeros que han ganado millones con ellas. Ahora, los libios deben ocupar su lugar para beneficiarse de este dinero”. Su hijo hizo similares declaraciones en 2007.

    Las compañías petroleras habían sido obligadas a dar nombres libios a sus filiales, decía el cable. [...]

Merece la pena leer el artículo entero, pues detalla cómo Gadafi ha obstaculizado progresivamente los intereses de las compañías petroleras norteamericanas y occidentales, demandando una mayor parte de los beneficios y otras concesiones, hasta el punto de que algunas de estas corporaciones decidieron que ya no era rentable o no merecía la pena seguir perforando en Libia. Pero ahora, como una pura coincidencia, aquellas compañías petrolera occidentales han recuperado la esperanza gracias a la guerra profundamente humanitaria que está librando el Premio Nobel de la Paz 2009 y sus aliados occidentales:

    Pero la producción petrolífera de Libia se ha hundido, cayendo a unos 1,5 millones de barriles al día a comienzos de este año, antes de que estallara la rebelión. Las grandes compañías petroleras, algunas de las cuales habían perforado pozos secos, pensaban que Libia no estaba respondiendo a las mejores perspectivas de exploración disponibles. Una importante compañía dijo en privado que estaba a punto de hacer un descubrimiento, pero que la rebelión truncó el proyecto.

    Con el país desgarrado por la lucha, las grandes compañías petroleras internacionales están moviéndose cuidadosamente, sin atreverse a apostar por ninguno de los dos bandos.

    Sin embargo, cuando los representantes de la coalición rebelde de Bengasi hablaron con el Consejo Comercial EEUU-Libia en Washington hace cuatro semanas, también asistieron representantes de ConocoPhillips y otras firmas petroleras, según Richard Mintz, un experto en relaciones públicas de Harbour Group, que representa a la coalición de Bengasi. En otra reunión celebrada en Washington, Ali Tarhouni, principal responsable de política económica del Consejo Nacional Transitorio de Bengasi, aseguró que los contratos de petróleo serán cumplidos, dijo Mintz.

    “Ahora usted puede averiguar quién va a ganar, y no se llama Gadafi”, dijo Saleri. “Algunas piezas del mosaico van tomando forma. Las compañías occidentales están tomando posiciones”.

    “Dentro de cinco años”, añadió, “la producción libia va a ser mayor que ahora y habrá inversiones.

Tengo dos cosas que decir sobre esto.

La primera es que la razón —la única razón— de que sepamos algo de esto se debe a que WikiLeaks —y, supuestamente, Bradley Manning— desveló al mundo los cables diplomáticos que detallan estos conflictos. Prácticamente la totalidad del artículo del Post —así como las revelaciones más importantes que hemos conocido en los últimos doce meses, especialmente sobre Oriente Medio y Norte de África— están basadas exclusivamente en las filtraciones de WikiLeaks. Esa es la razón de que conozcamos las demandas, cada vez más estridentes, de Gadafi para “libianizar” la explotación de los recursos de su país. Así es como hemos conocido la mayoría de las cosas que ahora sabemos sobre los grupos políticos y económicos más poderosos del mundo en los últimos doce meses. ¿Hay algo más fácil de entender que las razones por las que el gobierno de EEUU está tan ansioso de castigar a WikiLeaks y disuadir a futuros proyectos de transparencia de este tipo?

En segundo lugar, ¿hay alguien, en alguna parte, que crea realmente que estas no son las consideraciones que nos han llevado a librar esta guerra en Libia? Después de casi tres meses de combates y bombardeos —cuando estamos tan lejos de las justificaciones y compromisos originales que apenas son un recuerdo lejano—, ¿hay alguien que todavía crea que los intereses humanitarios son lo que nos ha llevado a nosotros y a otras potencias occidentales a esta guerra en Libia? ¿Hay algo más evidente —cuando los suministros de petróleo disminuyen rápidamente en el mundo— que el hecho de que nuestro principal objetivo es derribar a Gadafi e instalar un régimen que sea un sirviente mucho más fiable de los intereses petrolíferos occidentales, y que la protección de los civiles fue un pretexto para justificar esta guerra y no su objetivo? Si, como es muy posible, el nuevo régimen resulta ser tan opresivo como el de Gadafi, pero mucho más dócil ante las corporaciones occidentales —como lo es, por ejemplo, nuestro buen amigo saudí—, ¿cree alguien que vamos a preocuparnos lo más mínimo de las protestas, más allá de un simple apoyo verbal? ¿Cree alguien que vamos a preocuparnos por el pueblo libio si es oprimido o reprimido por un sucesor de Gadafi fiel a los intereses de Occidente?

En 2006, George Bush nos enseñó que había una forma “responsable” y una “irresponsable” de que los ciudadanos debatieran sobre la guerra de Irak: la forma “responsable” consistía en sugerir que puede haber mejores tácticas para librar la guerra de forma más eficiente, mientras que la forma “irresponsable” era insinuar injuriosamente que quizá el petróleo o Israel o el engaño jugaran un papel en la invasión:

    Sin embargo, debemos recordar que existe una diferencia entre el debate responsable y el irresponsable, y que es aún más importante conducir este debate de forma responsable cuando las tropas norteamericanas están arriesgando sus vidas en el extranjero.

    Los estadounidenses conocen la diferencia entre debate responsable e irresponsable cuando lo ven. Conocen la diferencia entre críticos honestos que cuestionan la forma en que se está desarrollando la guerra y críticos partidistas que afirman que estamos en Irak por el petróleo, o por Israel, o porque engañamos al pueblo estadounidense. Y conocen la diferencia entre una oposición leal que señala los errores y los derrotistas que se niegan a ver que todo es correcto.

A comienzos de este mes, Hillary Clinton organizó una reunión de altos ejecutivos de una gran variedad de empresas (Goldman Sachs, JPMorgan, Halliburton, GE, Chevron, Lockheed Martin, Citigroup, Occidental Petroleum, etc.) con el fin de decidir cómo explotar “las oportunidades económicas en el nuevo Irak”. Un cable “diplomático” revelado por WikiLeaks pone al descubierto los continuos esfuerzos del gobierno para promocionar los intereses de las corporaciones occidentales en el mundo en desarrollo. No obstante, la idea misma de que EEUU libra guerras no por motivos humanitarios o por expandir la libertad, sino más bien para explotar los recursos de otros países en beneficio de las grandes corporaciones, es profundamente “irresponsable” y no es seria. Como es habitual, las ideas estigmatizadas recurriendo a los tabúes más poderosos suelen ser las verdaderas.

Se puede afirmar razonablemente que —como sucedió en el caso de Irak— la eliminación de un odioso dictador y otros resultados humanitarios sean el subproducto accidental de nuestra guerra en Libia, aunque no sea su finalidad (sería necesario, no obstante, como lo fue en el caso de Irak, ver qué régimen reemplaza a Gadafi para saber si es verdad). Y se puede argumentar, como suele hacer Ann Coulter, que “deberíamos ir a la guerra por el petróleo. [...] Necesitamos petróleo. Esa es una buena razón para ir a la guerra”. Pero creer que el humanitarismo (la protección de los civiles libios) fue la razón de que iniciáramos la guerra en Libia requiere una ceguera tan deliberada y completa que resulta realmente difícil describir.

ACTUALIZACIÓN

Para clarificar lo que creo que ya estaba claro: la cuestión aquí no es que EEUU invadiera Libia con el fin de robar su petróleo. Ese no es el modus operandi de Occidente. La cuestión es que lo que caracteriza a Gadafi y le ha convertido en un objetivo bélico no es el citado argumento humanitario (reprimió a su pueblo), como tampoco fue el hecho de que “Sadam gaseara a su propio pueblo” (hace 25 años, cuando era un aliado de EEUU) la razón de que EEUU invadiera Irak. Al contrario, lo que caracteriza a Gadafi y le ha convertido en un objetivo bélico es que no era lo bastante dócil, sino un lacayo inestable y poco fiable para Occidente.

Estados Unidos no se opone en absoluto a que un líder oprima o incluso ataque a su propio pueblo. Estados Unidos adora a lo líderes que hacen cosas de ese tipo. Sus mejores amigos en la región lo han venido haciendo desde hace mucho tiempo y lo siguen haciendo en la actualidad: desde Mubarak a los saudíes, y de Saleh en Yemen a los bahreiníes, por no mencionar al Sha de Irán o al que fuera una vez nuestro amigo Sadam Husein. La misma idea de que el gobierno de EEUU se despierte un día y decida, de repente, que ya no puede tolerar a un líder que maltrata a su propio pueblo —y eso se supone que ha pasado en Libia— es tan ridículo que resulta penoso que la gente crea eso. Confunde pretexto con causa. Si Gadafi hubiera continuado siendo un criado fiel, tal como lo fue en el pasado, ¿puede haber alguien que crea que habríamos invadido el país y pasado meses intentando matarle y reemplazarle con otro régimen?

Esto no equivale a decir que el “nacionalismo de recursos” de Gadafi sea el único o más importante motivo de la guerra en Libia. Las guerras suelen ser causadas por los intereses de varias partes y raramente tienen un único motivo. Como explicó Jim Webb al argumentar que EEUU no tenía intereses vitales en Libia, los franceses y los británicos son mucho más dependientes del petróleo libio que EEUU (y este lector ofrece una divergencia racional y una explicación alternativa para la guerra). Pero EEUU ha dejado muy claro que no tolerará gobernantes hostiles o desobedientes en países donde cree que tiene intereses vitales, y eso es particularmente cierto en países ricos en petróleo (que es una razón de la obsesión norteamericana con Irán). Es difícil entender que una persona racional crea que la guerra en Libia no esté relacionada con el hecho de que Gadafi haya puesto cada vez más trabas al acceso de las compañías petroleras occidentales al petróleo libio y con el hecho de que Libia es rico en petróleo.

Traducción: Javier Villate


 

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