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21 de agosto de 2015

El Mundo no Puede Esperar moviliza a las personas que viven en Estados Unidos a repudiar y parar la guerra contra el mundo y también la represión y la tortura llevadas a cabo por el gobierno estadounidense. Actuamos, sin importar el partido político que esté en el poder, para denunciar los crímenes de nuestro gobierno, sean los crímenes de guerra o la sistemática encarcelación en masas, y para anteponer la humanidad y el planeta.



Del directora nacional de El Mundo No Puede Esperar

Debra Sweet


Invitación a traducir al español
(Nuevo)
03-15-11

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La manifestación de Trump: cegados por la luz

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Mike Hastie, Médico del ejército de Estados Unidos, Vietnam | 30 de septiembre del 2020

Traducido del inglés por El Mundo No Puede Esperar 16 de octubre de 2020

El sábado 26 de septiembre del 2020, fui a la manifestación de Trump en Portland, Oregón. El evento fue en Delta Park, que está localizado saliendo de la Interestatal 5, a dos millas del puente que cruza a Vancouver, Washington. Un grupo de extrema derecha, los Proud Boys (“chicos orgullosos”), que es una organización nacional con alrededor de 20,000 miembros, organizó la reunión. El periódico Oregonian mencionó en un artículo ese día que posiblemente 10,000 irían al evento. El registro de asistencia, más tarde, fue estimado en 500 personas, más menos. Creo que mucha gente no llegó porque el alcalde de Portland, Ted Wheeler y la gobernadora Kate Brown corrieron la voz acerca de que no tolerarían violencia de parte de ese grupo porque habría una contra protesta en el parque Península, a tres millas de ese lugar.

Los Proud Boys tenían una reputación de estar bien armados con rifles y pistolas que disparaban munición real. Yo ya había estado en algunas demostraciones de este grupo y, ciertamente, van armados con estas armas, incluyendo pistolas de paintball, bates de beisbol y macanas. Todos los miembros portan arrogancia vigilante. Tres semanas antes de este evento, uno de sus miembros, Jay Danielson, fue asesinado por un miembro de Antifa. El ambiente de venganza en el grupo, por este asesinato, se notaba.

La manifestación empezaría a medio día. Yo llegué cerca de las 11:30am. Cuando llegué, me di cuenta de que había mucha presencia policiaca en la periferia del parque. Se podía escuchar música en volumen alto que venía del gran escenario rentado que estaba amarrado a una pick up. Sobre éste, se veía una película del tamaño de la bandera estadounidense. Se veían muchas otras banderas estadounidenses y banderas de Trump que llevaban en varias camionetas en el área contigua. Había algunos que incluso llevaban banderas de reelección de Trump. La energía y la emoción eran muy festivas. Se veían todo tipo de playeras de Trump con mensajes patriotas sobre ellas. Una daba la impresión inmediata de que Donald J. Trump, presidente número 45 de los Estados Unidos es alguien a quien siempre se le ha idolatrado.

A las doce de medio día, la protesta comenzó con la interpretación de “Star-Spangled Banner” (himno nacional de los Estados Unidos) en volumen muy alto por un muy buen guitarrista. Sonaba mucho como la versión que Jimi Hendrix tocó en Woodstock en 1969. Después de eso, el ministro subió al escenario guiando a la gente a una larga oración, pidiéndoles a todos que rezaran por la ciudad de Portland, para que tuvieran la fuerza de sobrellevar el pensamiento radical liberal. El ministro pidió que las actividades de ese día fueran pacíficas. Después del rezo, todos dijeron la juramento de fidelidad. Posteriormente, hubo dos oradores que dieron discursos informativos acerca de lo importante de esto y las elecciones de noviembre son para salvar el corazón y el alma de la democracia estadosunidense. Un orador hizo énfasis en que la elección presidencial significaba la diferencia entre la vida y la muerte en el futuro de Estados Unidos.

Mientras caminaba alrededor tomando fotos, el tema de fondo era dios, las armas y el patriotismo a toda costa. Vi a una mujer con una playera que decía Jesus importa en el frente. Vi varios hombres cargando rifles y pistolas amarradas a sus piernas. Había siempre un fervor pesado de amor patriótico incuestionable por dios y el país. Todos ellos creen que Estados Unidos es el país más grande que jamás ha existido en la faz de la Tierra. Ninguno de ellos se da cuenta de que mientras América reza por la paz, nuestra economía idolatra la guerra. Ninguno de ellos se da cuenta de que el gobierno de los Estados Unidos es un imperio global. La palabra fascismo no significa absolutamente nada para ellos. En algún par de ocasiones, el canto “Fuck Antifa” se podía escuchar alto y claro. Otro canto era “Build that wall” (“construyan el muro”) o “4 more years” (“cuatro años más”).

Yo tengo 75 años, ya que nací en 1945, seis semanas antes de que lanzaran las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki. Mi padre era un oficial de la armada. En 1947 nuestra familia llegó a Tokio. Tenía alto acceso de seguridad ya que su unidad estaba involucrada en las primeras etapas de la preparación para la guerra de Corea. Mis padres recuerdan a los japoneses comiendo de nuestros botes de basura de la calle porque la gente estaba desesperada. Los últimos seis meses de esa guerra, el ejército estadounidense bombardeó de manera barbárica una incontable cantidad de ciudades japonesas desde una altitud baja con Bombardeos B-29 calcinando a muerte a más de un millón de civiles. Estos eran todos crímenes de guerra.

Durante la guerra de Vietnam, el ejército estadounidense fue responsable de más de 20 millones de cráteres de bomba a través de Vietnam, Laos y Camboya. El gobierno estadounidense cometió atrocidades en Vietnam cada día. Yo estoy consciente de muchas de esas atrocidades porque he conocido a varios veteranos que estuvieron involucrados en esas atrocidades.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Estados Unidos ha bombardeado 30 países. Solo busca en Google: “historia de las intervenciones militar estadounidense alrededor del mundo” y te aparecerá una lista que países que ahogarían un caballo. El 4 de abril de 1967 Martin Luther King Jr. dijo esto en un discurso que dio en la iglesia de Riverside en Nueva York: “El proveedor más grande de violencia en mundo el día de hoy es mi propio gobierno”. En el mismo discurso también dijo “una nación que continúa año tras año a gastar más dinero en defensa militar que en programas de levantamiento social está acercándose a la muerte espiritual”.

La guerra de Irak que comenzó en el 2003 fue lanzada bajo una completa y fabricada mentira. Saddam Hussein jamás tuvo armas de destrucción masiva. Todas estas guerras son para hacer increíbles ganancias para las corporaciones americanas. WAR (“guerra” en inglés) significa “Wealthy Are Richer” (los ricos son más ricos). La mentira es el arma de guerra más poderosa. Más veteranos de Vietnam han cometido suicidio que los que fueron asesinados (58,000) ahí. Y después, está la fascinante cita del reverendo James M. Lawson Jr., quien habló en el funeral de John Lewis el pasado 30 de julio del 2020. Dijo esto en con la presencia de tres ex presidentes en la iglesia. Sus palabras fueron “no nos quedaremos callados mientras nuestra nación continúa a ser la cultura más violenta en la historia de la humanidad”.

Absolutamente, ninguna de las cosas que he mencionado es información crítica que los partidarios de Trump están cognitivamente conscientes de. En todo el sentido de la realidad, ellos son una pizarra en blanco. Los “Proud Boys” no tienen ni idea. Vi a uno de sus líderes usando una gorra de béisbol que decía “The War Boys”. Son chicos que nunca crecieron y que quieren ser rudos.

Cuando regresé de Vietnam como médico del ejército, mi sistema de creencias estaba completamente desmantelado. Me sentía un extraño en una tierra extraña. Me criaron en una familia muy patriótica militar y yo estaba emocionalmente desgastado de todas las mentiras que experimenté en Vietnam. He pasado los últimos 50 años recuperándome de lo que llamo “incesto político”. Es una herida profunda de traición por parte de la patria. No serví en Vietnam por la causa de la libertad y la democracia, serví un gran negocio proliferó por Estados Unidos. Las corporaciones estadounidenses no pueden matar por la paz.

Por muchos años después de mi regreso de Vietnam, intenté convencer a la gente que toda la guerra de Vietnam era una locura orquestada. Le dije a quienes escuchaban que los Estados Unidos, el país más rico del mundo, con la fuerza militar más poderosa jamás vista por el hombre, bombardeó todo Vietnam, Laos y Camboya. ¿Qué está mal con esta imagen? Después de un rato, la gente dejó de escuchar, muchas veces cambiando el tema o excusándose de la conversación. Me seguí preguntando, ¿por qué hacen eso? Y, después, eventualmente me di cuenta de lo que sucedía. Cuando la verdad amenaza el núcleo del Sistema de creencias de uno mismo, existe una urgente necesidad de negar que es real. Eso era. No puedes darle a un recién nacido un corte de carne de cenar. Para que me creyeran, tendrían que redefinir su propio sistema de creencias. Y eso era muy doloroso. Nosotros somos nuestro sistema de creencias.

Cuando regresé de Vietnam, entré a otro mundo. Antes de que me regresara de Vietnam, recuerdo que ayudé a bajar de un helicóptero evacuación médica a un soldado que estaba muerto por un disparo en la cabeza. En otra ocasión, abrí el cierre de una bolsa y vi el cadáver de un adolescente estadounidense, soldado, que se había suicidado con un disparo a la cabeza con una pistola. En otra ocasión, entré a una tienda de campaña para intentar salvar la vida de otro adolescente americano que se suicidó disparándose en la cabeza con su rifle M-16. Después de unos minutos, yo estaba bañado de sangre. Había un helicóptero de Evacuación Médica en mi unidad, sobre el cual los de la tripulación habían pintado con pintura blanca, en letras grandes sobre la nariz, una palabra: “WHY” (¿Por qué?). Esa era le guerra de Vietnam en una palabra.

Una vez más, todas estas experiencias son eventos que los Proud Boys tipo “quiérelo o déjalo” no tienen ni idea. Están en blanco, la pizarra de la historia les ha sido borrada. Cualquiera que no ame a Estado Unidos de manera incondicional es un traidor. No pueden absorber la verdad indecible, porque no podría sobrevivir la traición inconmensurable de su propio gobierno. Entonces, siempre serán emocionalmente inmaduros. Como veterano de Vietnam, no puedo permitirme esta mentalidad. Tuve que crecer políticamente o morir. El mundo de hacer-creer ya no existía para mí. Estaba lleno de ira contra la gente que gobernaba este país. Cuando los políticos y los ricos comiencen a enviar a sus niños a la guerra, empezaré a creer en causas nobles. Mi detector de mentiras se convirtió en mi poder más grande.

Cuando empecé a escribir este artículo hace unas horas, no tenía idea de cómo lo terminaría. Ahora sé. Lo terminaré con la historia de una atrocidad. Tengo un amigo veterano de Viet Nam muy cercano, que se llama Brian Willson. Escribió su memorias llamada Blood on The Tracks (“Sangre sobre las pistas”). Ha sido un escritor prolífico acerca de la historia de la guerra de Vietnam. Ha escrito por lo menos cuatro libros aparte de ese. Pueden buscar su historia en Google

Brian era un teniente de la Fuerza Aérea estacionado en el área de Delta en Vietnam en 1969. Era un oficial de seguridad en una base pequeñita de la Fuerza Aérea en Binh Thuy. El 14 de abril, le ordenaron manejar un jeep y valorar el daño del bombardeo ocurrido unas horas antes por jets americanos provenientes de su base aérea. Acompañándolo, fue el teniente de Vietnam del sur. Él y Brian evaluaron cuatro áreas distintas que habían sido dirigidas. Citaré las palabras de Brian Willson de su más reciente libro Don't Thank Me for My Service (“No me agradezcas por mi servicio”) publicado en 2018 por Clarity Press. Antes de que comience a hablar, es importante que yo deje claro que Brian fue criado en una familia cristiana muy conservadora.

Brian, puedes hablar: “mientras que el jeep se acerca a un área con pasto alto sobre el lado izquierdo del camino, de repente estamos cerca a un par de columnas de humo obscuro y noto un olor ácido y fuerte. Me bajé del jeep y acompañé al vietnamita, el teniente Bo, en un pequeño camino que llevaba del pasto alto a un claro. Ahí confronté una escena masiva de destrucción. Inmediatamente a mi derecha, un búfalo acuático tirado sobre su lado derecho, gritando agudamente por el dolor. Me di cuenta de que le faltaba un pedazo de cerebro y tenía una apertura de tres pies en el estómago y me dieron ganas de vomitar. Cuando me di la vuelta, vi una gran cantidad de cuerpos humanos dispersos por todos lados, algunos en montones en lo que parecían ser los vestigios de pequeñas casas quemándose. Vi a una niña chiquita tratando de levantarse con un palo y cayéndose, llorando de dolor.

Por un momento, me quedé asombrado, en shock. Me tapé la boca y nariz con un pañuelo para bloquear el terrible olor, una combinación de piel quemándose y químicos: en el aire, gotas de napalm, y lo que pude deducir era el residuo de bombas que explotaron. Sentí náuseas y tosí bilis. Luego me di cuenta de que no podía caminar más lejos por los cadáveres a mis pies. Vi hacia abajo hacia los ojos abiertos de lo que parecía ser una joven mujer. Se estaba aferrando a tres niños, muy chiquitos, ennegrecidos y ensangrentados, probablemente suyos. Más de cerca, me doy cuenta que no tiene párpados, que probablemente se le quemaron con el napalm. Me encuentro cautivado, intoxicado por sus ojos abiertos. Su cara está parcialmente derretida. ¡Dios mío! ¡Oh, dios mío! ¡Jesucristo! Quería levantarla en mis brazos. Como si fuera mi hermana o algo.

Estoy temblando, abrumado con lágrimas mientras vomito más. Supe, en un instante, que todos estamos conectados, una verdad que me había eludido en mi mente occidental bien condicionada y protegida. Otro pensamiento llega a mí, claro como un foco de luz: ¡esta guerra es una jodida mentira maligna! ¡Mi familia ha estado mintiendo! Puedo calcular más de cien cadáveres, tal vez ciento cincuenta, en un área del tamaño de un pequeño campo de béisbol. Reconocí que la mayoría son de mujeres y niños pequeños, pocos ancianos. Estos pueblerinos fueron golpeados rápidamente con muy poca posibilidad de escapar. No veo armas. Estos son granjeros y Pescadores. Además de sus herramientas, creo que están desarmados e indefensos. Acabo de presenciar la muerte de mi familia. Tan pronto como digo estas palabras, creo, ¿de dónde vinieron? Pero me resuenan como verdaderas. En ese momento me sentí más relacionado a esos vietnamitas muertos que a cualquiera del establecimiento militar del que formo parte. No presioné ningún gatillo. No solté ninguna bomba. Pero soy parte de una máquina de asesinato masivo. ¡Simplemente no puedo creerlo!

Después de algunos años de conocer a Brian, me contó esta historia. Fue muy difícil para él contarla. Me dijo algo que jamás olvidaré. Cuando miró hacia la joven vietnamita muerta, con sus tres hijos muertos, hizo contacto con su madre. Fue entonces cuando Brian me dijo “En ese momento, y solo tomó un segundo, lo entendí”. En ese momento se dio cuenta de que él era el enemigo en Vietnam.

Ese fue, por supuesto, el mismo sentimiento que tuve cuando regresé de Viet Nam. Había realizado tres viajes de vuelta a Vietnam desde 1994. Había enfocado esos viajes al lugar de la masacre de My Lai en la provincia de Quang Ngai. En marzo de 1968, soldados americanos entraron al poblado de May Lai y, en cuatro horas, asesinaron a 504 vietnamitas inocentes, civiles. Yo estaba en el aniversario 50 de la masacre el 16 de marzo del 2018. Conocí y fotografié a varios de los supervivientes y escuché sus historias. El dolor emocional que sentí ese día era agonizante. Tomé varias fotografías de mujeres llorando en una zanja de desagüe en donde soldados americanos habían masacrado a 170 de sus paisanos, cinco de los cuales eran familiares suyos. Cuando regresé a Portland, Oregón, me di cuenta de que había nacido en Estados Unidos pero que mi corazón era vietnamita.


 

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