Muerte y Despues en Irak

Una ambulancia cargada de soldados heridos. Los menos afortunados, aquellos que mueren, terminan bajo el
cuidado de compañeros de servicio que tienen que llevar a cabo un trabajo
horrible, mientras luchan por mantener su propia cordura.
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Chris Hedges
24 de Marzo de 2011
Traducido del inglés por El Mundo No Puede Esperar 14 de abril de 2011
Jess Goodell se alistó en la Infantería de Marina inmediatamente después de graduarse de secundaria en
2001. Ella se ofreció voluntaria tres años más tarde para servir en la unidad
del Cuerpo de Marines llamada en principio oficialmente Mortuary Affairs, en el
campamento de Al Taqaddum en Irak. Su trabajo, durante ocho meses, fue recoger
y catalogar los cuerpos y los efectos personales de los infantes de marina
muertos. Puso los restos de jóvenes marines en bolsas para cadáveres y colocó
las bolsas en cajas de metal. Antes de ser enviadas a la Base Aérea de Dover,
las cajas fueron almacenadas, a menudo durante días, en una unidad de
refrigeración conocida como "furgón refrigerado." El trabajo que hizo
fue llamado "tramitación".
"Revisabamos todo", dijo cuando la contacte por teléfono en Buffalo, Nueva York, donde
está a punto de convertirse en estudiante del programa doctorado sobre
asesoramiento de la Universidad de Buffalo. "Cogíamos todo lo que el
cuerpo tenia cuando el Marine moría. Todo el mundo tenía una copia de las
normas de intervención en su bolsillo izquierdo. Encontrábamos notas que se
habían escrito unos al otros. Encontrábamos listas. Las listas eran comunes,
las cosas que quería hacer cuando llegaran a casa o la comida que querían
comer. Lo más difícil fueron las imágenes. Todo el mundo tenía una foto de su
esposa o sus hijos o su familia. Y luego estaban los jóvenes que podrían tener
unos 18 años de edad y que tenían fotos o imágenes de la fiesta de graduación o
lo que me imagino que fueron sus primeros coches. Todo el mundo tenía una
cuchara en su chaleco antibalas. Había bolígrafos y basura y contenedores de
alimentos y comida militar MRE. Todo ello sería enviado de vuelta [a las casas
de los infantes de marina].
"Todos teníamos la impresión de que en cualquier momento podríamos ser nosotros los de la
mesa", me dijo. "Creo que los marines pensábamos que íbamos allí para
morir. Y por ello la gente escribía cartas diciendo: 'Si muero quiero que sepas
que Te amo." " Quiero que mi coche vaya a mi hermano menor."
Cosas como esas. Llevaban las cartas en sus cuerpos. Procesamos un infante de
marina y al revisar su cartera tenía una foto de una ecografía de un feto que
su esposa le había enviado. Una gran cantidad de infantes de marina se habían
tatuado su información vital en la axila. Se llamaba la etiqueta de carne.
"
La unidad procesó alrededor de media docena de suicidios. Las notas de suicidio, me dijo, casi siempre
hablaban de novatadas. Las mujeres, ella dijo, eran constantemente acosadas,
especialmente acoso sexual, pero a menudo este no estaba a la altura del
castigo y la humillación sistemática impuesta a los hombres a los que se
consideraban inadecuados para pertenecer a los marines. Me dijo que los marines
que tenían sobrepeso o eran incapaces de completar el entrenamiento físico eran
sometidos a abusos verbales y físicos. Se les llamaba "gordos
desagradables" y "bolsas de mierda". Los marines acosados era
asignados a otros infantes de marina y se convertían en sus esclavos. Se les
enviaba a correr carreras de castigo en las que muchos de ellos vomitaban. Se
veían obligados a arrastrarse a cuatro patas-la longitud de un campo de fútbol
y de vuelta. Esto era seguido por grupos de lo que se llama monkey fuckers - se
trata de agacharse, agarrar los tobillos, en cuclillas como hace un receptor de
béisbol para luego ponerse en pie de nuevo - seguido por otra serie de
ejercicios que se prolongaban hasta que el Marine se derrumbaba.
"Obligan a estos marines hacer lo que llamamos trabajo de 'perra'", me dijo Goodell.
"Son asignados a ser la "perra" de alguien cada día. Tuvimos un
hombre en nuestro pelotón, no en Irak, pero en California, y tenía sobrepeso.
Estaba en lo que llamamos PT (capacitación física) correctivas, lo que significaba que recibía
formación física adicional. Cuando llegó al trabajo le turnaron. Un día estaba
con este sargento o con este cabo. Un día le enviaron a mí. Lo tuve durante una
hora. Recuerdo que le envié fuera y le hice acarrear cosas. Era muy común
hacerles cavar un agujero para llenarlo de nuevo con arena o hacerles llevar
bolsas de arena hasta la cima de una colina para luego bajarlas de nuevo".
La unidad fue enviada a recoger los cadáveres de los marines que se suicidaban, por lo general poniendo
un fusil bajo el mentón y apretando el gatillo.
"Tuvimos un infante de marina que se encontraba en un váter móvil cuando se reventó el rostro"
dijo. "Otro marine que tuvimos se disparó a sí mismo a través del cuello.
A menudo lo hacían en la esquina de un búnker o de un edificio abandonado.
Tuvimos un par que lo hicieron en un váter móvil. Tuvimos que entrar y pelar
para quitar los pedazos de carne y de tejido cerebral con que se habían rociado
las paredes. Aquellos eran los cuerpos más frustrantes de obtener. Para este
tipo de cuerpos también éramos el equipo de limpieza. Era asqueroso. Enviábamos
las notas de suicidio a casa con los cadáveres.
"Teníamos el papeleo para la toma de huellas digitales, pero empezamos a recibir cuerpos en los que
no había ninguna mano o cuerpos que eran sólo carne", dijo Goodell, quien
en mayo publicará un libro de memorias llamado "La Negra Sombra: Muerte y
Después en Irak". El título del libro hace referencia a la forma que
requieren a los de la unidad de la morgue de sombrear en negro las partes del
cuerpo que faltaban de un cadáver. "Muy rápidamente se convirtió en
irrelevante tener una página de huellas digitales para llenar. Hasta el momento
en que obteníamos el cuerpo podría pasar tanto tiempo que el rigor mortis ya se
había asentado. Por lo general sus manos estaban cerradas como si estuvieran
todavía sujetando su rifle. No podíamos enderezar los dedos fácilmente."
La unidad era también enviada a recoger los marines muertos por artefactos explosivos improvisados
(IEDs). Los miembros que llegaban a la escena se vestían con trajes blancos de
plástico, guantes y mascarillas.
"Uno de los primeros convoyes al que acudimos fue a uno donde el Ejército se estaba desplazando por
un puente y un artefacto explosivo improvisado estalló", dijo. "Este
artefacto había despedido, literalmente, un camión de siete toneladas por el
costado y hacia abajo de en un barranco. Marines ya estaban bajando por el
barranco. Estábamos saliendo de nuestros vehículos. Nos pusimos los guantes y
las cubiertas sobre las botas. Yo estaba con un infante de marina llamado
Pineda. Rodee el blindado y allí había una mancha en el suelo con forma de
círculo. La mire y pensé que algo debía haber explotado aquí o cerca. Me
acerqué a mirarla. Mirando vi una bota. Entonces me di cuenta de que la bota
tenía un pie en ella. Casi vomito mi almuerzo".
"En el camión de siete toneladas el [cuerpo del] ayudante del conductor, que estaba en el asiento del
copiloto, quedó atrapado en el vehículo", dijo. "Todo su cuerpo
estaba en el vehículo. Tuvimos que arrastrarnos para sacarlo. Estaba quemado.
Pineda y yo sacamos tirando la parte superior del torso quemado de la
camioneta. Luego sacamos una pierna. Parte de los restos tuvieron que ser
sacados con las manos juntas como si recogiéramos agua. Esto era muy común.
Muchas de las muertes fueron por artefactos explosivos improvisados o
explosiones. Es posible que tuviéramos la parte superior del torso, pero
necesitábamos sacar el remanente de los restos para ponerlos en una bolsa para
cadáveres. Era muy común que las bolsas para cadáveres al recogerlas se
hundieran en el medio porque estaban llenas de carne. El contenido no se
parecía a un cuerpo humano. "
Los miembros de la unidad de morgue eran rechazados por los otros marines. El hedor de la carne muerta se
aprendía a sus uniformes, al cabello, la piel y los dedos. Dos miembros de la
unidad de morgue comenzaron a desintegrarse psicológicamente. Uno comenzó a
tomar una caja de Nyquil cada día y beber grandes cantidades de medicinas para el resfriado. Eventualmente fue
evacuado por razones medicas de Irak.
"Nuestras ropas de camuflaje se teñían con sangre o con restos de cerebro", dijo. "Al
recoger la carne a menudo se quedaban restos en los puños de la camisa. Se
podía oler, incluso después de quitarse los guantes. No lavábamos nuestra ropa
militar todos los días. Los puños de la camisa te viene a la cara cuando comes.
Físicamente estábamos manchados con restos. Teníamos un constante mal olor a
carne podrida, yo supongo que era porque muchas veces los cuerpos habían estado
en el sol y el calor durante mucho tiempo. La carne se había descompuesto. La
piel del cuerpo expuesta al calor del sol se pela. La piel se separa de la capa
de abajo y se desliza sobre sí misma.
"Nuestro pelotón era para la Infantería de Marina lo que los infantes de marina son para gran parte
de América: Hicimos cosas que tenían que ser hechas, pero sobre las que nadie
quiere hablar", dijo. "Los marines sabían lo que hacíamos, pero no
quería pensar que podría sucederles a ellos. Había una mujer marine en mi
tienda de campaña que hablaba conmigo. El resto no me daban ni la hora. Los
infantes de marina de la unidad de morgue sabíamos que cualquier día podría ser
nuestro día. Los otros infantes de marina, que tenían que salir en los
convoyes, que tenían que levantarse al día siguiente, tenían que seguir con la
vida."
Su unidad una vez tuvo que recuperar a dos infantes de marina que se habían ahogado en un lago. Al parecer
uno había saltado para salvar al otro. Los cuerpos, que fueron recuperados un
par de días después por buzos de la Marina, estaban grotescamente hinchados.
Uno de los marines estaba tan hinchado y desfigurado que era difícil llevar el
cuerpo en una litera.
"Su cuello era tan ancho como la cabeza hinchada, y su estómago sobresalía como un barril", escribe
en el libro. "Sus testículos eran del tamaño de un melón. Su rostro
hinchado era blanco y espeso. No gordo sino grueso. Era irreal. Parecía el
atrezzo de una película, con esa piel gruesa, gris, cerosa y los labios morados
y espesos No podíamos dejar de mirar a esos cuerpos, ya que estaban fuera de
proporción y tan desfigurados y aún así se veía que eran humanos."
Lo más difícil de mirar eran los rostros de los muertos. Ella y los demás miembros de la unidad de
morgue rápidamente cubrían la cara cuando trabajaban con los cuerpos. Evitaban
mirar a los ojos de los cadáveres.
Una vez, la unidad tuvo que procesar siete infantes de marina muertos en una explosión. Siete u ocho bolsas
de cadáveres fueron entregados en el búnker.
"Teníamos bolsas de cadáveres limpias para poder clasificar la carne", dijo. "A
veces las partes venían con etiquetas de identificación. O a veces uno era
hispano y se notaba quien era el hispano y quien el blanco. Tratábamos de
separar la carne. Era ridículo. Al abrir una bolsa para cadáveres no había nada
más que carne vaporizada. No había cuatro manos o una pierna entera en una
bolsa. Tratábamos de distribuir la amalgama uniformemente entre las bolsas. Estábamos
tratando de hacer lo mejor que podíamos para clasificar. Nos llegó la última
bolsa de cadáveres. Al abrirla esta contenía las cabezas. Miré y vi cuatro
antes de apartar la mirada. No sólo tuvimos que mirarlas, tuvimos que
recogerlas y averiguar a quién pertenecían. Los ojos nos miraban. Nos
acostumbramos a mucho de esto. Pero las cabezas eran otra cosa. Esto nos
afectaba con mayor fuerza con el paso del tiempo. Veíamos en las cabezas las
expresiones de miedo y horror. Nos hizo preguntarnos qué estábamos haciendo
aquí."
Procesó a un marine cuya cara estaba retorcida por la rabia en el momento de la muerte. La cara de este
marine comenzó a perseguirla.
"Tuve la sensación de que algo terrible había ocurrido", dijo. "La forma en que había
llegado y como se había endurecido esa mirada en la cara, hizo que mi estómago
se revolviera. Parecía furioso. A menudo las expresiones que veía en los
cuerpos eran miedo y dolor. Los rostros parecía que habían recibido la muerte.
Pero esta cara parecía que había dado muerte."
Ella y los demás miembros de la unidad se convencieron de que podían sentir y oír las almas de los
infantes de marina muertos que habían procesado y alojado en sus frigoríficos.
Y luego hubo un cuerpo que les llevaron un día que no estaba rígido.
"Estaba completamente vestido con su ropa de camuflaje y su cuerpo estaba intacto", dijo.
"Sus manos estaban cruzadas sobre el estómago."
Ella y los demás se dieron cuenta de que el Marine sobre la mesa estaba respirando suavemente. El pecho
subía y bajaba. Llamaron desesperadamente a sus superiores para saber qué
hacer. Se les dijo que esperaran.
"Sólo esperar? ¿Esperar qué? ", exclamó.
Ella recuerda al doctor diciendo: "No se puede hacer nada. Sólo esperar."
"La gente no esperar por este tipo de cosas", protestó ella. "¿Qué estamos esperando? ¿Y
si este marine fuera su hermano, esperaríamos? "
Permanecieron de pie mientras el hombre moría. Goodell llena de rabia salió del búnker.
"Siempre había una sensación de pesadez en el aire", dijo. "Me sentía como si
estuviera siendo observada. Sentiríamos manos en los hombros o en la cabeza.
Todos tenían historias de sonidos que habían oído o cosas que habían sentido.
Yo estaba de guardia en el búnker y oí que la puerta de atrás se abría. Supuse
que era uno de los infantes de marina que venía para utilizar Internet o el
teléfono. Esperé a que llegara. Siempre se acercaban. Pero nadie se acercó. Me
levanté y no pude ver a nadie. Volví a mi guardia y oí pasos que caminaban por
el búnker. Este tipo de episodios sucedían a menudo. "
Su regreso a los Estados Unidos fue difícil, lleno de aislamientos, de abuso de sustancias, de depresión
profunda y relaciones disfuncionales. Poco a poco puso su vida de nuevo junta,
terminando la universidad y solicitando ingresar en la escuela de postgrado
para poder orientar a víctimas de traumas.
"Todos los marines que conozco van a Irak para ayudar", dijo. "Mientras estuve allí es lo
que yo pensaba. Por eso me aliste. Pensé que iba a ayudar a los iraquíes. Ahora
sé más. Hemos hecho el trabajo sucio. Fuimos usados por el gobierno. El
ejército sabe que los hombres jóvenes y solteros son temerarios. Lo generamos
en los Marines. Empujamos la testosterona. No queremos que sean educados. Se
les priva de todo y se les recompensa con muy poco. Esto nos mantiene a raya.
No podemos cuestionar a nadie. Hacemos lo que nos dicen.
"Todavía mantengo el contacto con la mayoría de la gente que conocí", me dijo. "No lo
están sobrellevando. Uno vive en el VA [Administración de Veteranos], visitando
constantemente psicólogos y psiquiatras. Otro fue expulsado de la Marina
después de tres DUI (conducir borracho). Otro fue expulsado de la Marina porque
consumió cocaína. Los que han salido viven por debajo del nivel de pobreza. Y
lo qué hacen para sobrellevarlo es volver a alistarse. Cuando se vuelven a
alistar están mejor. Funcionan. Soy la única que fue a la escuela de los 18
Marines de la unidad de morgue. Pero estoy bajo asesoramiento psicológico en la
VA. He sido diagnosticada con trastorno de estrés postraumático, ansiedad,
depresión y abuso de sustancias. Lo que me separa de ellos es que tengo un gran
sistema de apoyo y encontré mi salvación en la educación.
"La guerra es repugnante y horrible", dijo. "Nunca deja a las personas implicadas
en ella. El daño es mucho mayor que la lista de víctimas o el coste en dólares.
Impregna el estilo de vida. Infecta culturas, pueblos y la visión del mundo. La
guerra no se acaba nunca para nosotros. Los combates se detienen. Las tropas
vuelven a casa. Pero la guerra continúa para los damnificados."
Hace poco recibió un mensaje de texto de un infante de marina con el que había trabajado en la
unidad de morgue después de que éste se hubiera intentado suicidar.
"Tengo 2.000 dólares en el banco", decía el mensaje. "Encontrémonos en Nueva York y
salgamos a celebrarlo por todo lo alto."
Chris Hedges es ex jefe de la oficina de Oriente Medio para el New York Times y autor de La muerte de la
clase liberal. Este artículo apareció originalmente en Truthdig.com el 21 de
marzo de 2011.
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