La indeleble mancha de la tortura
Por Max J.Castro
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majcastro@gmail.com
"…ya no hay ninguna duda de que la
actual administración ha cometido crímenes de guerra. La única pregunta que
queda sin respuesta es si se les pedirá que rindan cuentas a los que ordenaron
el uso de la tortura."
Esa conclusión condenatoria no proviene de los liberales que critican a la
administración --Amnistía Internacional, Vigilancia de Derechos Humanos.
Es la del Mayor General Antonio Taguba (retirado), el hombre que realizó una
investigación oficial del Ejército acerca de los abusos en la prisión de Abu
Ghraib en Irak y escribió un informe que desmentía la versión oficial de que
todo era culpa de unas pocas "manzanas podridas" de bajo rango.
Posteriormente Taguba presentó su testimonio ante el Congreso. Como recompensa
por su férrea integridad, Taguba fue obligado a dejar el Ejército.
Las palabras citadas anteriormente pertenecen al prefacio escrito por el General a
un nuevo informe de Médicos a Favor de los Derechos Humanos, Leyes violadas,
vidas violadas: evidencia médica de tortura por parte de personal de EEUU y su
impacto (http://brokenlives.info/).
El informe de los médicos, basado en el examen de 11 detenidos en la "Guerra
al terrorismo", encontró evidencia médica de "tortura y
tratamiento o castigo cruel o degradante". El estudio, cuya portada
muestra un cuadro del pintor colombiano Fernando Botero de su serie acerca de
Abu Ghraib, brinda un recuento detallado de los casos de estos detenidos que
sufrieron horribles abusos, incluyendo a uno que fue sodomizado con una escoba
y a quien le pisaron los testículos.
Según el informe:
"Todos los detenidos sufrieron dolor físico severo e incluso insoportable debido a
patadas, golpes de puño, estrangulamiento, choques o sodomización, y algunos
fueron aterrorizados tanto por la experiencia personal como por las amenazas de
asaltos adicionales. La mayoría de los detenidos perdió el sentido al menos una
vez como resultado de las golpizas u otros ataques físicos. Algunos
experimentaron magulladuras y traumas en sus genitales. Algunos de los hombres
no solo resultaron heridos gravemente por la tortura, sino que luego tuvieron
que soportar dolores adicionales debido a la explotación de esas heridas por
parte de sus atormentadores".
El dolor de esos hombres no ha terminado. Al salir en libertad, la mayoría de
ellos ha seguido sufriendo de las secuelas de los abusos. De once ex detenidos,
diez continuaron mostrando graves efectos psicológicos de la tortura.
Aunque el informe señala que debido al pequeño número de casos sus conclusiones no
pueden generalizarse a todos los detenidos, el hecho de que ninguno de los once
fuera acusado de un solo delito y finalmente todos hayan sido puestos en
libertad sugiere que este grupo puede que no haya recibido un tratamiento tan
duro o un abuso tan prolongado como algunos otros que aún se encuentran
detenidos.
El informe arroja una luz especialmente dura sobre algunos médicos y psicólogos
que facilitaron el abuso a los detenidos. Fueron "cómplices de una
deliberada imposición de daño contra aquellos a quienes debían proteger debido
a su juramento hipocrático", escribe el General Taguba.
Sin embargo, en última instancia la mayor responsabilidad recae sobre los más altos
funcionarios que tomaron las fatales decisiones que provocaron la tortura y el
abuso. Taguba escribe:
A fin de que estos individuos sufrieran la crueldad sin sentido a la que fueron
sometidos, fue promulgada una política gubernamental que echó a un lado el
Código Uniforme de Justicia Militar y las Convenciones de Ginebra. La
Convención de Naciones Unidas contra la Tortura fue ignorada totalmente.
Sin embargo, la probabilidad de que la pregunta de Taguba --si se responsabilizará
a los culpables en este caso--sea respondida de manera afirmativa es escasa.
Cuando tomó posesión --y mucho antes del 11/9 y de Irak--, la administración
Bush decidió abandonar el Tribunal Internacional. El resultado es, como era la
intención, que los norteamericanos se juzguen a sí mismo y la impunidad reine.
Si como es el caso, nadie a ningún nivel es considerado responsable por la absurda
muerte de 24 iraquíes en Haditha, incluyendo mujeres y niños, ¿cómo podemos
esperar que altos funcionarios sean procesados en Estados Unidos por la
tortura?
Mientras tanto, debido al cálculo político, y con la excepción de Dennis Kucinich y unos
pocos compañeros en rebeldía, no hay interés, incluso entre los demócratas en
el Congreso, en impugnar al presidente o a otros miembros de su administración.
Siempre hay una posibilidad de que una vez que Bush haya abandonado el escenario un
valiente y decidido acusador o juez en otro país pueda lanzarse en pos de un ex
funcionario de la administración Bush que ponga un pie en su jurisdicción.
¿Pero podrá algún país resistir la furia subsiguiente de la única
superpotencia?
Es cierto, como escribió el General Taguba, que "Nuestro honor nacional ha
sido manchado por la indignidad y el tratamiento inhumano que esos hombres
recibieron de sus captores. Es una mancha que permanecerá hasta tanto los que
provocaron tal vergüenza sean llevados ante la justicia.
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