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05-02-2009
Indocumentados, es hora de despertar
Vicky Pelaez
Argenpress
"Acuérdese siempre que todos nosotros somos descendientes de inmigrantes y
revolucionarios".
Franklin D. Roosevelt
La crisis económica no está tomando en cuenta raza, color, religión o etnia, y golpea
despiadadamente a medida que avanza. Sin embargo, como todas las fuerzas
devastadoras se ensaña especialmente con los más desprotegidos: los pobres e
indocumentados. Conforme quiebran los negocios, la desesperación se apodera de
los habitantes de Estados Unidos y cada vez más se escuchan consignas
antiinmigrantes que provocan ataques xenofóbicos sangrientos, en particular
contra los hispanos que son la mayoría. Estos racistas no toman en cuenta que
unos 20 millones de trabajadores ilegales hispanos constituyen uno de los
pilares de la economía norteamericana.
Estos hombres y mujeres, la mayoría fugitivos de la pobreza de México, República Dominicana, El
Salvador, Guatemala, Colombia, Ecuador y los otros países latinoamericanos, son
los que durante las últimas dos décadas han asumido los trabajos más
peligrosos, más duros y menos remunerados en el mercado laboral, haciendo
aumentar vertiginosamente las ganancias de sus empleadores. Estos trabajadores
no exigen seguro médico, seguro social, seguro de retiro ni ningún otro
beneficio aceptando cualquier trabajo que se les presente.
Sus pasados y presentes detractores siempre han mentido acusándolos de ser una carga para el
seguro social y los gobiernos federal y local, pero es una mentira burda. La
especialista Deborah White en su ensayo "Ilegal Immigration
Explained" dice que ya en 1999 el Seguro Social registró 189 mil millones
en sueldos en carpeta de suspenso debido al uso de tarjetas falsas del Seguro
Social. Actualmente esta cantidad aumentó a unos 600 mil millones de dólares al
año que significa una ganancia limpia de unos 10 mil millones de dólares al año
para el Seguro Social y unos dos mil millones para el Seguro Médico a través
del retorno de impuestos que jamás serán reclamados. Tal es la situación que en
tres estados con mayor presencia de indocumentados: California, Texas e
Illinois, de cada cien empleados más de la mitad tienen tarjetas falsas del
Seguro Social, es decir son indocumentados.
De acuerdo al pastor Robin Hoover de "Human Borders", "sin los trabajadores
indocumentados, la economía de EE.UU. colapsará. El problema es que necesitamos
la mano de obra barata pero no necesitamos inmigrantes". Precisamente esta
política de doble filo respecto a los indocumentados fue utilizada tanto por el
gobierno de Bill Clinton como el de George W. Bush que estimulaban de vez en
cuando periódicas redadas selectivas para quedar bien con los representantes de
la extrema derecha cristiana y al mismo tiempo no desalentaban a los
empresarios de usar la mano de obra indocumentada, para no perder donaciones en
sus campañas electorales. Así siempre ha sido el juego político económico
norteamericano.
El nuevo presidente Barack Obama expresó en su campaña electoral cierta simpatía al
problema de los indocumentados. Dijo que "los hispanoamericanos han vivido
en este país por generaciones y los nuevos inmigrantes latinos que han llegado
solamente harán más rico a nuestro país y no existe ninguna razón para tenerles
miedo".
Eran palabras alentadoras de Barack Obama pero se las llevó el viento y no se vislumbra
ninguna solución, por eso, cada hispano en general, documentado o no, debe
despertar, conocer lo valioso de su aporte y empezar a organizarse para exigir
sus derechos. "Hay hermanos mucho por hacer" como dijo el inmortal
César Vallejo.
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