Indocumentados no huyen de huracán
Deciden quedarse en la ciudad de New Orleans ante el temor de ser arrestados
- Peter Prengaman / Associated Press |
- 2008-09-03 |
- La Opinión
NEW ORLEANS, Lousiana.— Muchos inmigrantes indocumentados que han estado reconstruyendo New Orleans
desde que la azotó el huracán Katrina decidieron no evacuar la ciudad ante la
amenaza de Gustav debido al temor de ser arrestados.
"Sabemos que murió gente durante Katrina, pero no teníamos otra opción más que quedarnos
aquí", comentó Carlos Mendoza, un inmigrante de 21 años de Honduras que
permaneció durante la tormenta con otras siete personas. Se refugiaron en un
apartamento cercano a una esquina donde se congregan jornaleros.
"Muchos permanecieron porque tenían miedo", afirmó Mendoza. "Diría que ese
fue el caso de al menos el 50% de nosotros".
Las autoridades ofrecieron desalojar a los residentes en autobuses y trenes, y
prometieron no perseguir a inmigrantes indocumentados. Pero el temor de ser
arrestados o deportados hizo que Mendoza y todos los indocumentados que conoce
rechazaran aceptar el viaje gratuito.
Grupos defensores de los derechos de los inmigrantes calculan que en la ciudad hay
aproximadamente 30 mil indocumentados; nadie sabe cuántos decidieron quedarse
durante el paso de Gustav.
La población hispana de New Orleans es pequeña comparada con otras ciudades
estadounidenses importantes, pero era prácticamente inexistente hasta que
Katrina destruyó gran parte de la ciudad.
La bonanza de la reconstrucción atrajo a miles de inmigrantes indocumentados,
mayormente hombres de México y Centroamérica que trabajaban como jornaleros.
Los empleos no son tan abundantes como lo fueron inmediatamente después del azote
de Katrina. Además, las medidas de fuerza del gobierno contra los inmigrantes
han hecho que los jornaleros se sientan nerviosos en cuanto a viajar.
"Moverse se ha vuelto muy difícil para los trabajadores indocumentados", dijo Pablo
Alvarado, director del grupo National Day Labor Organizing Network (Red
Nacional Organizadora de Jornaleros).
La ciudad tomó algunas medidas para facilitarlo: se distribuyeron avisos de
evacuación en español, y el número telefónico 311 de ayuda de la ciudad tenía
operadores que hablaban español. "Cada acción que tomamos en inglés,
tratamos de hacerla también en español", dijo James Ross, vocero de la
ciudad.
Pero los mensajes no lograron convencer a comunidades hispanas cautelosas que han
padecido un incremento en las redadas de inmigración en años recientes, señaló
Jacinta González, una organizadora de jornaleros del Centro de Trabajadores de
New Orleans por la Justicia Racial.
Sumándose a las dificultades, agregó González, estuvieron los problemas con el servicio
311. Varios jornaleros se quejaron de que los hicieron esperar más de 30
minutos antes de que los comunicaran con un operador que hablara español.
Y cuando los inmigrantes indocumentados se dieron cuenta de que se les pediría
que se registraran para ser desalojados, la situación se tornó incluso más
inaceptable, dijo González.
Parte del plan de evacuación incluía dar a los desalojados muñequeras con información
de identificación que podía ser ingresada a un banco de datos computarizado
para rastrear dónde estaba la persona.
"El gobierno no dio a la gente certeza de que serían regresados a New Orleans"
y que no serían deportados, apuntó González. "Enviar simplemente
comunicados de prensa el día previo a la evacuación no va a funcionar",
agregó.
En el barrio Central City, lugar de residencia de muchos hispanos, algunos que se
quedaron podían ser vistos atisbando por sus ventanas mientras pasaban
patrullas para vigilar el cumplimiento de un toque de queda. Varios se negaron
a ser entrevistados o no abrieron su puerta.
"Les dije a todos que se fueran", comentó Raymond Francois, residente que
regresó a su casa ayer y quien estaba tocando las puertas de vecinos hispanos
que se quedaron. "Pero me dijeron que no podían; estaban preocupados
porque no tenían documentos", dijo.
Santiago Gradiz, un inmigrante indocumentado hondureño de 61 años, fue llevado a Houston
junto con otras personas en su misma situación. Ellos salieron el sábado para
evitar cualquier punto de revisión.
El y otros 10 viven en un apartamento de una recámara, y no piensan regresar a New
Orleans hasta que terminen las tareas de limpieza y ya no estén en las calles
los soldados y policías adcionales que fueron emplazados.
Además del peligro de la tormenta, señaló Gradiz, él temía que al quedarse también
pudiera ser deportado; ya la policía podría detectarlo con mayor facilidad.
"Por suerte, tenía algo de dinero del día anterior, cuando trabajé moviendo muebles,
y pude ayudar a pagar el costo del viaje", agregó.
José Gordillo, de 50 años, nunca consideró siquiera tratar de irse. El ciudadano
mexicano y sus dos hijos adultos, los tres inmigrantes ilegales, decidieron
quedarse en la casa que rentan .
"Hacía algunas semanas que no teníamos trabajo, así que no teníamos dinero para
salir", comentó Gordillo. "Me dio un poco de pánico durante la
tormenta, pero con la ayuda de Dios lo logramos", apuntó.
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