Petróleo de BP envenena cadena alimentaria del Golfo de México
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Sólo en algunas bahías y canales del sur de Louisiana se puede seguir
pescando cangrejo azul no contaminado.
Crédito: Erika Blumenfeld/IPS
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Por Dahr Jamail
IPS/IFEJ
19 de julio de 2010
NUEVA ORLEANS, Estados Unidos - Crustáceos del Golfo de México crecen con
gotas de crudo en su interior, las aves empetroladas sirven de alimento a los
coyotes y los tiburones se asfixian cuando el petróleo que tragan tapona sus
branquias.
Dentro de las valvas de diminutos cangrejos azules que apenas están dejando de ser larvas se han
hallado gotitas de petróleo, dice a este reportero Harriet Perry, directora del
Laboratorio de Investigaciones de la Costa del Golfo en la Universidad de
Mississippi del Sur, Estados Unidos.
Esos cangrejos se trasladan de las aguas del Golfo a los pantanos de la costa
de Mississippi.
Muchas especies de peces y aves se alimentan de estos jóvenes cangrejos. Y éste
es apenas uno de muchos ejemplos sobre cómo el petróleo que empezó a derramarse
en abril tras al accidente de British Petroleum (BP) ya hace estragos en la
cadena alimentaria.
Jonathan Henderson, quien organiza campañas de resiliencia costera en la
internacional Gulf Restoration Network (red de restauración del Golfo), explica
que muchas aves cubiertas de crudo sirven de alimento a los coyotes, que a su
vez son ingeridos por los lagartos.
"¿Sabe cómo mata el petróleo a los pelícanos?", pregunta Dean Wilson,
director ejecutivo de Atchafalaya Basinkeeper.
"Abren las alas para secarlas al sol, pero en realidad se cocinan al sol.
Miles de aves están muriendo así por culpa de la codicia de una empresa
extranjera", explica.
La organización que lidera se dedica a preservar los ecosistemas de la cuenca
del río Atchafalaya, sobre la costa del sudoriental estado estadounidense de
Louisiana. El petróleo comenzó a diseminarse por el Golfo de México el 20 de
abril, cuando la plataforma de exploración Deepwater Horizon, que BP arrendaba
a la firma suiza Transocean, sufrió una explosión y, dos días después, se
hundió. Al cierre de esta edición, la empresa anunció que había logrado tapar
la perforación y frenar el derrame. Wilson señala la falta de voluntad de BP
para ejecutar las medidas necesarias para proteger la naturaleza.
Por ejemplo, asegura, BP no rescata a los pichones cuyos padres están cubiertos
de petróleo y no permite que ambientalistas como él socorran a los animales.
"Para criar a los pichones se necesita a los dos progenitores. Si uno de
queda cubierto de petróleo, el otro solo no puede hacerse cargo a la vez de las
crías y la búsqueda de alimentos, y éstas mueren", describe Wilson.
Según él, la cantidad de pichones muertos ya equivale a la de pelícanos
rescatados, y estos últimos son "apenas la punta del iceberg".
Según el Servicio Federal de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos, hasta el
14 de julio, unos 890 kilómetros de la costa del Golfo están cubiertos de crudo,
se recuperaron 2.930 aves (1.828 muertas y 1.102 cubiertas de combustible), y
más de 500 tortugas marinas y mamíferos muertos.
Más de 45.000 trabajadores están desplegados para mitigar el desastre de BP.
Pero se estima que hasta el cierre de esta edición de derramaron 8,4 millones
de barriles de petróleo en el Golfo y se utilizaron más de 6,8 millones de
litros de productos químicos dispersantes Corexit 9500 y Corexit 9527,
prohibidos en Gran Bretaña.
Estos agentes son considerados causantes de dolores de cabeza, náuseas,
vómitos, diarrea, irritación y daños del aparato respiratorio, depresión del
sistema nervioso central, efectos neurotóxicos, mutaciones genéticas, arritmia
cardiaca y fallas cardiovasculares.
"Éste es el segundo delta más importante de América, y uno de los
principales del planeta", dice a este reportero el activista Paul Orr, de
la organización ambientalista Lower Mississippi Riverkeeper.
"No tenemos idea de lo que puede ocasionar esta cantidad de petróleo tan
cerca del delta. Los dispersantes se usan para hundir el crudo y así minimizar
sus impactos costeros", explica.
"Pero ahora parece que el motivo real fue hacerlo desaparecer de la vista,
porque si se queda en la superficie al menos se puede recoger aunque afecte la
costa en algún grado", plantea.
"En cambio, ahora tenemos varios millones de barriles de petróleo
hundiéndose en el agua y adhiriéndose al suelo marino. Es posible que nunca
conozcamos algunos de los daños a largo plazo", agrega.
Como otros ambientalistas y científicos, Orr critica que BP no haya realizado
los esfuerzos adecuados para rescatar a los animales contaminados. "Tienen
que hacer de cuenta que están haciendo algo", dice, aludiendo a la escasa
cantidad de aves que la firma se encargó de limpiar.
A Orr le preocupan todas las especies del Golfo, pero en particular las que
estaban amenazadas antes del derrame. Por ejemplo, las tortugas marinas de Kemp
(Lepidochelys kempii) y laúd (Dermochelys coriacea), el cachalote (Physeter
macrocephalus), el esturión del Golfo (Acipenser oxyrinchus desotoi) y aves
como el frailecillo silbador (Charadrius melodus).
"Hay por lo menos 75.000 millas cuadradas (194. 249 kilómetros cuadrados)
cubiertas de petróleo", asegura Henderson.
Wilson está preocupado por los microorganismos que se alimentan del petróleo,
particularmente en las zonas más profundas del Golfo, donde BP arrojó los
dispersantes.
"Hay una gran población de ballenas y tiburones ballena que migran justo
al lugar donde está el petróleo. Hemos visto grupos de cientos navegando a
través del Golfo. Abren sus bocas para filtrar el plancton y se tragan el crudo
envenenando sus branquias, lo que conduce a la asfixia", señala.
No es posible cruzarse de brazos y esperar a ver las consecuencias, opina
Henderson.
Además, añade, "siento que ésta no será la última explosión de un pozo
petrolero".
* Este artículo es parte de una serie de reportajes sobre biodiversidad
producida por IPS, CGIAR/Bioversity International, IFEJ y PNUMA/CDB, miembros
de la Alianza de Comunicadores para el Desarrollo Sostenible
(http://www.complusalliance.org). Publicado originalmente el 17 de julio por la
red latinoamericana de diarios de Tierramérica.
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