Siete años después de los asedios de Faluya
Dahr Jamail
Al Akhbar English
10 de enero de 2012
En Faluya aún soporta las secuelas de la guerra; de los escombros de las casas
bombardeadas se siguen sacando esqueletos y lo que es peor: la tasa de
malformaciones congénitas en nacimientos y en la infancia se han disparado.
Se está reconstruyendo pero los cortes de electricidad y de agua potable
prevalecen. El ambiente general de la ciudad es de irritación, desesperanza y
miedo.

Se calcula que el 70 por ciento de los edificios y viviendas de Faluya fueron
destruidos o dañados, junto con al menos 100 mezquitas, 6.000 comercios y un
mínimo de nueve edificios gubernamentales [Dahr Jamail/Al Jazeera] |
En abril y noviembre de 2004, el ejército estadounidense inició dos asedios
brutales contra la ciudad de Faluya, situada a 60 kilómetros al oeste de
Bagdad, debido a la incesante resistencia contra la ocupación.
En 2004, médicos del Hospital General de Faluya declararon a Al Jazeera que 736
iraquíes habían sido asesinados durante el asedio de abril. Contaron que el 60%
de esas víctimas eran mujeres, niños y ancianos y que las fuerzas
estadounidenses habían disparado contra el personal médico intentaban evacuar a
los heridos. Según testimonio de los propios médicos, en las casi tres semanas
de intensos bombardeos y de la invasión por tierra llevada a cabo durante el asedio
de noviembre, fueron asesinados más de 1.000 iraquíes.
Aquí todo es malo
En aquel momento, la mayoría de los residentes de esta ciudad de 300.000
habitantes fueron desplazados de sus hogares. La mayoría han regresado pero
miles siguen sin casa, sin trabajo y luchando por reconstruir sus vidas.
Se calcula que el 70 % de los edificios y de los hogares de Faluya resultaron
dañados o destruidos, junto con al menos cien mezquitas, seis mil tiendas y
nueve edificios gubernamentales.
El barrio de Nazzal se llevó lo peor de ambos asedios. La mayoría de las calles
resultaron totalmente destruidas por los bombardeos y por los tanques
estadounidenses. Hoy, las calles siguen llenas de polvo y escombros.

Muchos de los edificios de Faluya que fueron destruidos o dañados en 2003, siguen sin
repararse [Dahr Jamail/ Al Jazeera] |
Yassir Faisal, cámara que trabajó durante muchos años para Reuters y que vive en
Faluya, afirma a Al Jazeera: “[…] Tememos que vuelvan” y añade “Los sacerdotes
han empezado a advertir a la gente que tras la retirada de las tropas
estadounidenses podrían llegar las tropas iraníes, lo que sería incluso peor
que si regresaran los estadounidenses.”
Faisal dice que sabe que la resistencia iraquí sigue en Faluya y que “[…] Están bien
preparados y esperando por lo que pueda suceder”. Sus advertencias pueden ser
una señal terrible de lo que puede llegar a ocurrir mientras más suníes
abandonan los vecindarios de Bagdad para desplazarse a lugares como Faluya.
Mahir Judair, policía, declaró a Al Jazeera que percibía que las cosas iban “mejor”
en la ciudad, a pesar de los asesinatos que se producen casi a diario. “[…] No
hace mucho, en Gharma, se encontraron cuatro policías asesinados con un
artefacto de fabricación casera”, dice Judair. Otro policía que estaba cerca y
que habló sin dar a conocer su identidad, no estaba de acuerdo: “[…] Perdemos a
dos o tres cada día”, replicó a Judair. Levantó las manos y preguntó “¿Qué es
lo que va a mejor? ¡Los asesinatos y las bombas suceden a todas horas y la
reconstrucción va fatal!”.
Ayad Hadi, un panadero se mostró de acuerdo: “[…] Aquí todo es malo”, dice a Al
Jazeera y añade: “No hay agua, no hay electricidad, no hay un buen sistema
sanitario. Tenemos entre un 75 y un 80 por ciento de desempleo. Las viudas no
tienen derechos, ni compensaciones [de guerra]”. Hadi describió el ambiente de
la ciudad como “[…] Un ambiente generalizado de depresión y desesperanza”. El
gobierno, continúa “[…] Se aferra para mantener el poder y se olvida de los
pobres. Antes teníamos pobres, clase media y clase alta, pero ahora solo
tenemos pobres y ricos. Por esto es por lo que no tenemos esperanza en este
país o en nuestro futuro.”
Jassim Fakhri, estudiante de 18 años que tenía 10 durante los asedios de 2004, dice:
“[…] Los últimos siete años han sido muy duros. Mi familia y yo huimos durante
los asedios y regresamos después. Ahora no hay trabajo, así que yo hago algún
trabajo a jornal.”
A pesar de que casi todos los policías en Faluya son habitantes de la ciudad, la
mayor parte de las fuerzas militares iraquíes provienen del sur de Irak.
Durante los asedios de 2004, las milicias de la Shía en el ejército iraquí
lucharon junto al ejército estadounidense, lo que provocó tensiones sectarias
en la ciudad predominantemente sunní y que lo sigue siendo a día de hoy.
Faisal explica que a pesar de los problemas, cree que Faluya es más segura que Bagdad:
“[…] Como sunníes, Faluya es un lugar mucho más seguro que Bagdad, pero todavía
se producen asesinatos de policías casi todos los días […] Aquí hay personas
del partido al-Dawa que están relacionadas con el primer ministro Nouri
al-Maliki, y esto es un problema”.
La resistencia continúa
Aún existen grupos armados que siguen desestabilizando la ciudad con sus
operaciones dentro y fuera de la misma.
En 2004, Faluya se dio a conocer al mundo como la ciudad de la resistencia, porque
durante un tiempo fue el único lugar no ocupado de Irak. Los residentes y los combatientes
lucharon durísimamente en los dos asedios estadounidenses contra Faluya para
defender sus hogares y la ciudad, logrando que Faluya fuera considerada en toda
la región como el símbolo de la resistencia contra la hegemonía estadounidense.
Un combatiente de la resistencia al que le hemos preguntado y a quien nos
referiremos con el nombre ficticio de ‘Ahmed’ afirma que la resistencia sigue
en aumento en Faluya y que seguirán lanzando ataques hasta que no quede ni una
sola presencia estadounidense en Bagdad.
Ahmed, que luchó contra las fuerzas de ocupación estadounidense en las dos batallas de
Faluya en 2004, dice que la resistencia continúa porque “[…] Lo que los
estadounidenses nos han dejado es una ocupación iraní”, y continúa: “[…] Hemos
aprendido a no creer en las palabras de los estadounidenses ni en sus promesas
[…] Dicen que se van pero dejan alrededor de 10.000 personas en su embajada.
Esto quiere decir que no se han ido.”

Los vecinos de Faluya aún indignados por la nefasta gestión de las tareas de
reconstrucción, lo que provoca que
muchas personas sigan sin agua potable, electricidad y trabajo [Dahr Jamail/Al Jazeera] |
Según Ahmed, hay varias brigadas que aún actúan en Faluya, cada una de ellas formada
por alrededor de 80 combatientes. Afirma que “[…] Si a este número le sumamos
el número de agentes secretos, y el personal logístico, llegamos a una cifra
considerable.
“[…] En este momento nosotros sólo actuamos contra las fuerzas estadounidenses hasta
su completa retirada […]. Tras la retirada esperamos que todo lo que ha llegado
con la ocupación se marche con ella, sean iraníes o políticos. La ocupación
iraní es producto de la ocupación estadounidense.”
Abu Abdulá, otro combatiente, explica que sus grupos siguen bien armados y que
tienen “toda la munición necesaria” para fabricar explosivos y que también
poseen otro tipo de “artillería pesada”.
Él, como Ahmed, luchó contra los estadounidenses durante las dos batallas de Faluya
y afirma que la lucha continúa. “[…] Nadie debe pensar que la resistencia ha
terminado o que está derrotada”, afirma “[…] Dicen que se marchan […] lo
dudamos […] pero si los estadounidenses no se marchan nosotros seguiremos combatiendo
contra ellos. Del mismo modo combatiremos la ocupación iraní, a quienes la
apoyen y a cualquiera que los ayude a permanecer en Irak.”
La reconstrucción inexistente
Uno de los proyectos de reconstrucción prometidos tras el asedio estadounidense de
la ciudad fue un nuevo hospital. El nuevo Hospital General de Faluya, en el
barrio de Dhubadh, se terminó en 2008. Es mayor y más moderno que el anterior.
Sin embargo, según la opinión generalizada de los vecinos de Faluya, este
hospital parece ser la excepción que confirma la regla de la reconstrucción.
Las promesas de reconstruir las escuelas, las viviendas, las mezquitas y los
edificios gubernamentales destruidos se han quedado en eso, en promesas.
La Autoridad Provisional de la Coalición, es decir, la administración civil de la
ocupación, creada durante el primer año de ocupación, inició el proyecto y
prometió que la planta de tratamiento de agua sería el centro esencial del
proyecto de reconstrucción estadounidense en Irak.
En septiembre de 2011, el proyecto había costado 107,8 millones de dólares, cerca
de cuatro veces más de lo inicialmente previsto. A pesar de que el proyecto
está en ejecución sólo se han construido 6.000 viviendas para alojar a 38.400
personas, y aún no está terminado. Según Bagdad existen planes de terminar el
proyecto, que costará unos 87 millones de dólares más de lo previsto y que
supondrá tres años más hasta su completa finalización.
Dado que otros proyectos acometidos en Bagdad no se han terminado, el proyecto de
una planta de tratamiento de agua en Faluya parece ser el símbolo de otra
promesa rota hecha por las autoridades estadounidenses.
A finales de 2004, responsables estadounidenses e iraquíes iniciaron el pago de
las indemnizaciones para la ciudad. Dawzi Mudhen, director del comité de
reconstrucción de aquel momento, afirma que la compensación para los vecinos
fue “bastante justa”, aunque pasó por alto el gran daño causado a la
infraestructura de la ciudad.
Respecto a la cantidad de mil millones de dólares de compensación, Mudhen dice que de
los 500 millones destinada a los propietarios de las viviendas dañadas solo se
ha pagado la mitad y que de los 500 millones destinados a la reconstrucción de
la infraestructura sólo se han empleado 100 millones.
Dos de los proyectos de reconstrucción más sobresalientes —el de una planta
purificadora de agua y un proyecto de tratamiento de aguas residuales—se
iniciaron en 2004. Siete años más tarde, el sistema de alcantarillado sigue sin
estar terminado y el futuro del proyecto es incierto.
A pesar de que Bagdad ha destinado 100 millones de dólares para la reconstrucción
de la ciudad de Faluya y 180 millones para la reconstrucción de viviendas,
apenas pueden verse trabajos de reconstrucción en las calles de Faluya. La
falta de electricidad, de agua potable y la carencia de un sistema de
alcantarillado que funcione, siguen provocando el tifus en miles de hogares.
“[…] Los estadounidenses no nos han traído nada bueno”, dice Ahmed Huseín, taxista,
a Al-Jazira. “[…] La mayoría estamos sin trabajo y luchamos por nuestra
supervivencia”.
La casa de Barakat Yasín, jornalero, quedó completamente destruida durante el
segundo asalto estadounidense a Faluya. “[…] No hemos recibido ninguna ayuda”
explica y continua: “[…] Los estadounidenses nos echan de nuestras casas a
patadas y las toman al asalto como sus cuarteles generales; después, cuando se
marchan, las bombardean. Todavía seguimos viviendo en una casa de alquiler.”
Yassin habló con Al-Jazeera mientras muchos vecinos miraban y asentían a lo que decía.
“[…] En la ciudad solo tenemos dos horas de electricidad al día otres con
suerte”, afirma mientras el resto de los vecinos asiente con la cabeza. “[…] El
agua no está depurada y la mayoría tiene que beber agua embotellada.”
Otro hombre, que nos pidió que no diéramos su nombre, añade que las fuerzas de
seguridad del gobierno entran en Faluya con regularidad para “[…] Causar
problemas. Hace tres meses detuvieron a muchísima gente. Asaltan viviendas y
dicen que están buscando a alguien, pero en realidad solo están saqueando las
casas”.
Yassin añade: “[...] Esperamos que las cosas mejoren, pero las cosas empeoran año tras
año”. La planta de tratamiento de aguas, una promesa a la ciudad de Faluya tras
el asedio de abril de 2004, aún está sin terminar y sirve de ejemplo de lo que
irrita a tantos vecinos de Faluya.
http://www.aljazeera.com/indepth/features/2012/01/201212102823143370.html
Traducido para IraqSolidaridad por Paloma Valverde: iraqsolidaridad.org
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