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18 de septiembre de 2008
LIBROS-IRAK: De cómo los volamos en pedazos
Por Dahr Jamail
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Crédito: Dept. de Defensa de EEUU
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MARFA, Estados Unidos, septiembre (IPS) - Salvo por los iraquíes que lo sufren, pocos saben o quieren
saber lo que el ejército estadounidense hace en ese país. Pero los vivos e
intensos relatos de los propios soldados acerca de los estragos causados por la
ocupación, que fueron compilados en un libro, develan la incógnita.
La desgarradora crónica titulada "Winter Soldier Iraq and Afghanistan: Eyewitness Accounts
of the Occupation"( "Soldados de Invierno Iraq y Afganistán: Relatos
de primera mano de la ocupación"), publicado este mes por Haymarket Books,
pone al desnudo lo que el ejército de Estados Unidos perpetra en Iraq.
Escrito por Veteranos de Iraq Contra la Guerra (IVAW, por sus siglas en inglés)
y el periodista Aaron Glantz, el libro recoge una selección de testimonios
dados por el encuentro de ex combatientes en Silver Spring, en el oriental
estado estadounidense de Maryland, entre el 13 y el 16 de marzo.
El propósito del encuentro "Winter Soldier" ("Soldado de
Invierno"), cuya denominación alude a una frase escrita en 1776 por Thomas
Paine, héroe de la independencia estadounidense, fue demostrar que las
violaciones a los derechos humanos perpetradas por el ejército estadounidense
no son hechos aislados cometidos por "unas pocas manzanas podridas",
como alegan políticos y jefes militares.
"Recuerdo a una mujer que caminaba cerca nuestro", relató Jason
Washburn, cabo de la Marina que cumplió tres periodos de servicio en Iraq.
"Llevaba una gran bolsa y parecía que se nos acercaba, la prendimos fuego
con un Mark 19, un lanzagranadas automático, y cuando el polvo se dispersó, nos
dimos cuenta que la bolsa estaba llena de provisiones. Trataba de traernos
alimentos y la volamos en pedazos".
Washburn prestó testimonio en un panel que discutió la laxitud de los
reglamentos de combate en Iraq hasta ser virtualmente inexistentes.
"Durante mis tres periodos de servicio, las reglas de combate cambiaron
mucho", relató Washburn. "Cuanto mayor la amenaza, más brutal la
respuesta que se nos permitía y que se esperaba de nosotros".
La obra recoge las historias relatadas en los paneles sobre deshumanización,
sexismo en el ejército, atención médica a ex combatientes y el desmoronamiento
de la fuerza, también.
Su testimonio, que fue muy emotivo al igual que otros que se pueden leer en el
libro, planteó cuestiones repetidas varias veces por veteranos de otras
guerras.
"Nos exhortaban, casi con un guiño y un codazo, a llevar 'drop weapons'
(armas caídas), o como se les llamó en mi tercer periodo de servicio 'drop
shovels' (palas caídas). Las llevábamos por si acaso le disparábamos a un civil
por error, se la poníamos al lado del cuerpo y lo hacíamos parecer como un
insurgente", contó Washburn.
Cuatro días de dolorosos testimonios, presenciados por el periodista de IPS, se
convirtieron en un libro difícil de leer. En cada página se recorren relatos
devastadores acerca de lo que el ejército estadounidense hace en Iraq, contado
por sus propios protagonistas.
No falta nada, desde las fotografías tomadas a los muertos como
"trofeo" hasta torturas y asesinatos de civiles.
"Tratamos de organizar un registro histórico de lo que sigue ocurriendo en
esta guerra y de qué se trata esta guerra", dijo Glantz a IPS.
Hart Viges, quien sirvió un año en Iraq como miembro de la 82 división
aerotransportada del ejército, contó sobre las órdenes que se daban por radio.
"Una vez dijeron que había que dispararle a todos los taximetros porque el
enemigo los usaba para desplazarse. Uno de los francotiradores preguntó
'perdón, ¿escuché bien? ¿Disparar a todos los taxis?'. El teniente coronel
respondió, 'ya me escuchó soldado, disparar a todos los taxis'", contó
Viges.
"Después de eso, la ciudad se prendió en llamas, porque todas las unidades
le estaban disparando a los vehículos de alquiler. Esa fue mi primera experiencia
de guerra y ese fue el tono del resto del servicio".
Vincent Emanuele, fusilero de la Marina que sirivó un año en la zona iraquí de
Al-Qaim, cerca de la frontera con Siria, relató cómo vaciaban sus cargadores en
la ciudad sin identificar objetivos, atropellando cuerpos con los
"humvees" (blindados) y parando a sacarles fotografías de
"trofeo".
Humvees es el acrónimo de High Mobility Multipurpose Wheeled Vehicle (vehículos
rodados multiuso de alta movilidad), que tienen tracción en las cuatro ruedas.
"Un hecho que ocurre bastante seguido en Iraq es disparar al azar a los
automóviles que circulan", relató. "No fue un acontecimiento aislado
y sucedió la mayor parte de los ocho meses que estuve de servicio",
añadió.
La directora ejecutiva de IVAW, Kelly Dougherty, atribuye el comportamiento de
los soldados en Iraq a la política Washington.
"Los abusos perpetados durante la ocupación, lejos de ser el resultado de
'unas pocas manzanas podridas', obedece a la política diseñada para Medio
Oriente, que se decide en las más altas esferas del poder en Estados
Unidos", señaló.
Pero con saberlo no se logra atenuar el impacto emocional y moral de los
relatos.
"Si ve que una persona con bandera blanca se le acerca despacio y obedece
sus órdenes, asuma que es un engaño y mátelo", fueron las instrucciones
recibidas por Michael Leduc, cabo de la Marina, antes del ataque de noviembre
de 2004 contra Faluya, 60 kilómetros al oeste de Bagdad.
El libro es muy importante para los ciudadanos estadounidenses, sobre todo
porque los grandes medios de comunicación no difundieron los testimonios del
encuentro de veteranos, excepto el diario The Washington Post, que publicó un
artículo acerca la reunión de Silver Spring, pero que quedó enterrado en su
versión para el tren subterráneo.
El dario The New York Times y la cadena de television de noticias CNN y las
redes ABC, NBC y CBS ignoraron por completo la reunión.
El encuentro fue muy importante porque tal como lo expresó el ex infante de
Marina Jon Turner, "cada vez que operamos con periodistas cambió nuestro
procedimiento de forma drástica. Nunca actuábamos de la misma manera.
Cumplíamos con las normas a rajatabla".
"Para mí se trata de describir qué es realmente una guerra", explicó
Glantz.
"Porque acá en Estados Unidos tenemos una visión muy aséptica. Pero guerra
es cuando una gran cantidad de personas armadas matan a otra gran cantidad de
personas. Y esa es la idea que le va a quedar a la gente cuando lea los
testimonios de los veteranos. La verdadera cara de la guerra", apuntó.
La propia deshumanización de los soldados queda puesta en evidencia a través de
los relatos de sexismo, de racismo y de la dificultad que deben afrontar los
veteranos a su regreso para recibir atención médica.
También hay muchos testimonios acerca de la destrato a los iraquíes. Brian
Casler, cabo de la Marina, relató su experiencia al respecto.
"Pude ver infantes de Marina defecar en bolsas de alimentos u orinar en
botellas que luego tiraban a los niños que se sitúan al costado del camino"
a nuestro paso, contó Casler.
Además, varias de las historias testimonian el uso de términos peyorativos y
degradantes contra la población iraquí como "hadyis", expresión árabe
que designa a musulmanes ancianos, "cabezas de toalla", por los
pañuelos que llevan en la cabeza, y "negros de arena", en alusión a
los desiertos de Medio Oriente.
Scott Ewing, quien sirvió en Iraq de 2005 a 2006, reconoció que los soldados
estadounidenses daban golosinas a los niños iraquíes, pero no con la intención
de "ganar su simpatía". "Había otro motivo y es que, si ellos
permanecían cerca de nuestros vehículos, los malos no nos atacaban".
"Usamos niños como escudos humanos", aseguró.
Glantz reconoció que será muy difícil para el ciudadano estadounidense promedio
leer el libro. Es importante que cuando lo hagan tengan en cuenta qué significó
para los veteranos brindar esos testimonios históricos.
"Pudieron ser héroes, pero lo que hicieron fue mucho más que heroico,
decir la verdad", dijo Glantz a IPS. "No tuvieron que presentarse.
Decidieron hacerlo". (FIN/2008)
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