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Los niños iraquíes nacidos cerca de una base militar estadounidense muestran tasas elevadas de “deformidades congénitas graves”

Murtaza Hussain
The Intercept
09 de diciembre de 2019

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

Más de década y media después de la invasión estadounidense de Iraq en 2003, un nuevo estudio ha hallado que los bebés están naciendo hoy con horribles defectos de nacimiento relacionados con la actual presencia militar estadounidense allí. El informe, emitido por un equipo de investigadores médicos independientes y publicado en la revista Environmental Pollution, examinó las anomalías congénitas registradas en bebés iraquíes nacidos cerca de la Base Aérea de Tallil, una base operada por la coalición militar extranjera liderada por Estados Unidos. Según el estudio, los bebés, que muestran defectos congénitos graves -incluidos problemas neurológicos, enfermedades cardíacas congénitas y extremidades paralizadas o ausentes-, presentaban también en sus cuerpos niveles elevados de un compuesto radiactivo conocido como torio.

“Recogimos muestras de cabello, dientes deciduos (de bebé) y médula ósea de sujetos que viven en las proximidades de la base”, declaró Mozhgan Savabieasfahani, una de las investigadoras principales del estudio. “En los tres tejidos vemos la misma tendencia: niveles muy altos de torio”. Savabieasfahani, autora de estudios sobre la huella radiactiva de la presencia militar estadounidense en Iraq desde hace años, dice que los nuevos hallazgos contribuyen al creciente cuerpo de evidencias sobre el grave impacto de las operaciones militares estadounidenses en la salud de los civiles iraquíes a largo plazo. “Cuanto más cerca estén de una base militar estadounidense en Iraq”, dijo, “mayor será la cantidad de torio en su cuerpo y más probabilidades tendrán de sufrir graves deformidades y anomalías congénitas”.

El nuevo estudio se agrega a la creciente riqueza de conocimientos sobre los graves efectos nocivos del ejército estadounidense en los entornos en los que opera. Toda actividad militar industrializada es mala para los sistemas ecológicos, pero EE.UU., con sus enormes fuerzas armadas implicadas en actividades por todo el mundo, deja una huella ambiental particularmente grande. El ejército estadounidense no solo lidera el mundo en la producción de carbono, sino que su inmensa presencia en todo el mundo deja un rastro tóxico de productos químicos con los que las comunidades locales tienen que lidiar, desde los llamados pozos de combustión en las bases que liberan humo venenoso, hasta la radiación de los proyectiles de uranio empobrecido que mutan el ADN de las poblaciones cercanas.

El sufrimiento de los iraquíes ha sido particularmente agudo. Los resultados del nuevo estudio se han añadido a una amplia lista de impactos negativos de la duradera guerra de Estados Unidos sobre la salud de la población del país a largo plazo. Estudios anteriores, incluidos algunos llevados a cabo por un equipo dirigido por Savabieasfahani, han señalado tasas elevadas de cáncer, abortos espontáneos e intoxicaciones radiológicas en lugares como Faluya, donde el ejército estadounidense perpetró intensos ataques durante su ocupación del país.

El estudio publicado en Environmental Pollution fue realizado en Iraq por un equipo de investigadores independientes iraquíes y estadounidenses durante el verano y el otoño de 2016. Analizaron 19 bebés nacidos con defectos congénitos graves en un hospital de maternidad de las cercanías de la Base Aérea de Tallil, en comparación con un grupo de control de 10 recién nacidos sanos.

“Los médicos encuentran regularmente anomalías tan horripilantes en los bebés que ni siquiera pueden encontrar antecedentes”, dijo Savabieasfahani. “La guerra ha propagado aquí tanta radiación que, a menos que se limpie, varias generaciones de iraquíes van a seguir viéndose afectadas”.


Selección de imágenes de un estudio (2019) realizado por un equipo de investigadores médicos independientes que muestra las deformidades que sufren los niños pequeños que viven cerca de una base militar activa de Estados Unidos en Iraq

Algunos de los efectos negativos de la guerra estadounidense en Iraq para la salud de sus gentes pueden atribuirse al uso frecuente de municiones que contienen uranio empobrecido. El uranio empobrecido, un subproducto del uranio enriquecido utilizado para alimentar reactores nucleares, hace que las balas y los proyectiles sean más efectivos a la hora de destruir vehículos blindados debido a su extremada densidad. Pero se ha reconocido que resulta muy peligroso para el medio ambiente y la salud a largo plazo de las personas que viven en lugares donde se haya utilizado.

“El foco principal de este estudio se centró en el uranio y torio”, señalan los autores. “La evidencia epidemiológica es consistente con un mayor riesgo de anomalías congénitas en la descendencia de las personas expuestas al uranio y sus modalidades empobrecidas”. En otras palabras: los investigadores descubrieron que cuanto más cerca se estaba de estas armas estadounidenses, más probabilidades había de que nacieran niños con deformidades y otros problemas de salud.

Ante las protestas por sus peligrosos efectos, el ejército estadounidense se comprometió a no usar proyectiles de uranio empobrecido en sus campañas de bombardeo contra el grupo del Dáesh en Iraq y Siria, pero, a pesar de esta promesa, una investigación realizada en 2017 por el grupo independiente AirWars y la revista Foreign Policy descubrió que el ejército de EE. UU. había seguido utilizando regularmente munición que contenía ese compuesto tóxico.

Estas municiones de uranio empobrecido ponen en peligro no solo la vida de los civiles en las tierras extranjeras donde Estados Unidos emprende sus guerras, sino también la de los miembros del servicio estadounidense que participan en estos conflictos. Las enfermedades crónicas sufridas por los soldados estadounidenses durante la guerra de 1991 en Iraq, a menudo por la exposición a municiones de uranio y otros químicos tóxicos, ya se han clasificado como una enfermedad conocida como “síndrome de la Guerra del Golfo”. Sin embargo, el Gobierno de Estados Unidos se ha interesado mucho menos por los efectos de la huella química de su ejército en los iraquíes. El uso de “pozos de combustión” (fuegos tóxicos al aire libre utilizados para eliminar desechos militares) junto con otros contaminantes tienen un impacto duradero en la salud de las generaciones iraquíes actuales y futuras.

Los investigadores que han realizado el último estudio han declarado que se necesita un estudio más amplio para obtener resultados definitivos sobre estos impactos en la salud. Las imágenes de bebés nacidos con anomalías en el hospital donde se realizó el estudio, el Hospital de Maternidad Bint Al-Huda, a unos 10 kilómetros de la base aérea de Tallil, son horribles y desgarradoras. Savabieasfahani, la investigadora principal, dijo que si el ejército de EE.UU. no se esfuerza en limpiar su huellas radiactivas, los bebés continuarán naciendo con las deformidades que su estudio y otros investigadores han documentado.

“La huella radiactiva del ejército podría limpiarse si contáramos con personal que quisiera hacerlo”, dijo Savabieasfahani. “Por desgracia, incluso la investigación sobre el problema de los defectos congénitos de los niños iraquíes deben llevarla a cabo toxicólogos independientes, porque el ejército de EE.UU. y otras instituciones ni siquiera quieren oír hablar del tema”.

Murtaza Hussain es un periodista que dedica su trabajo a temas de seguridad nacional, política exterior y derechos humanos. Sus escritos han aparecido con anterioridad en el New York Times, The Guardian y Al Jazeera English.

Fuente: https://theintercept.com/2019/11/25/iraq-children-birth-defects-military/


 

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