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21 de agosto de 2015

El Mundo no Puede Esperar moviliza a las personas que viven en Estados Unidos a repudiar y parar la guerra contra el mundo y también la represión y la tortura llevadas a cabo por el gobierno estadounidense. Actuamos, sin importar el partido político que esté en el poder, para denunciar los crímenes de nuestro gobierno, sean los crímenes de guerra o la sistemática encarcelación en masas, y para anteponer la humanidad y el planeta.



Del directora nacional de El Mundo No Puede Esperar

Debra Sweet


Invitación a traducir al español
(Nuevo)
03-15-11

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Recuerdos de
“UN ASESINO COLATERAL”
por alguien que estuvo allí.

Ethan McCord
1 de julio de 2010

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
12 de septiembre de 2010

El olor no se parecía a nada que hubiera antes olido, una mezcla de mierda, orina, sangre, tabaco y algo más indescifrable.

Ese día comenzó como muchos días en Irak. Nos despertábamos alrededor de las 2h30 de la madrugada para prepararnos para una misión que parecía sin destino. Nuestro comandante del Batallón los llamaba “Dominio de la milicia”. Pero muchos de los soldados como yo mismo los llamábamos la “milicia de estúpidos”. Esas misiones eran dos compañías que caminaban a través del nuevo Baghdad desprotegido de francotiradores y de Artefactos Explosivos Improvisados (AEI). Los temíamos y despreciábamos a nuestro comandante de batallón a causa de ellos.

Esa mañana nos juntamos en la Zona de Embarque del Rustamiyah para prepararnos para nuestra “caminata de la muerte” al interior de la ciudad. Eran alrededor de las 4h00 de la madrugada cuando escuchamos las sirenas. La primera BOMBA no estuvo tan lejos de donde estábamos. Ahora nos hemos acostumbrado a ellas aunque nos asusten cuando sabemos que si corremos por protección parecemos cobardes a los ojos de algunos de nuestros Oficiales sin Rango (OSR).

Entonces, la mayoría de nosotros se quedaba detenido allí rogando para que ese mortero no cayera en nuestro lado. Vivimos tratando de parecer valiente sin serlo.. Somos la Infantería, la reina de la batalla. Somos la Primera Infantería, el brindis de la armada o el hijo favorito. Somos una tropa de 2 a 16. Nos preciábamos de ser los más fuertes, pero al mirar a los ojos a eso jóvenes de 18 a 19 años, tú puedes observar el temor, la incertidumbre. Finalmente, los morteros se detuvieron.

“Saben que venimos”, dijo una en mi escuadra. Intenté convencerlo de que no sabían que estábamos llegando, que era solamente una coincidencia, a pesar de que ni yo mismo creía en lo que estaba diciendo. Comenzamos nuestra caminata temprano por la mañana, casi no había gente en las calles. Todo parecía en calma, casi en paz. Podías ser capturado en el silencio si no temías ser baleado en la garganta o en el muslo por un francotirador. Los francotiradores a menudo apuntaban a esas zonas porque eran puntos desprotegidos. La garganta por motivos obvios y el muslo por la arteria femoral.

Muchos de nosotros caminábamos con la punta de nuestras armas M4 muy cerca de nuestro cuello casi en un intento sin sentido para protegernos.

Nuestra misión de ese día fue acordonar un sector del nueva Baghdad y llevar a cabo lo que denominábamos “golpeas y buscas” lo que básicamente consistía en golpear en las puestas de las casas “pidiendo permiso” para llevar a cabo la búsqueda de materiales relacionados con armamento, armas, material para construir bombas. A pesar de que era más que solicitar permiso porque si ellos no lo autorizaban, nos estaban dando paso para destruir sus casas para llevar a cabo una búsqueda más vigorosamente.

Se nos pasaba el tiempo haciendo esto: no encontrábamos nada y quedábamos extremadamente acalorados y agitados. Algunos de nosotros se quedaban ocupando el tiempo tomando fotografías de lo que hacíamos.

Finalmente, nos informaron de que debíamos “cerrar la tienda”. Recuerdo haber dado gracias por ello. Había más de 110 grados ese día y el agua caliente que bebíamos no nos alentaba. Comenzamos a encauzar un callejón para salir del área cuando algunos residentes desde los techos arriba de nosotros empezaron a abrir fuego contra nosotros con sus armas AK47. Nos protegimos en una muralla y respondimos al fuego. Podíamos escuchar el fuego viniendo del otro pelotón a tan sólo unas cuadras de nosotros en la red. Podíamos escuchar sus pequeñas armas y el fuego de su armamento.

Fue justo allí cuando escuché el fuego de un cañón Apache 30MM. Y nuevamente y otra vez. Estaban muy cerca, alguien gritó en la red “NECESITAMOS CAMBIAR DE POSICION”. El equipo de soldados con quien estaba y yo mismo comenzamos a correr en dirección hacia donde habíamos escuchado el fuego del cañón Apache 30MM. No estaba ni siquiera tan cerca para haberme preparado para la matanza en la que caminaba.

El equipo con el que estaba y yo mismo fuimos los primeros soldados en llagar a la escena. Vi lo que parecía haber sido tres hombres en una esquina. Fue un choque para mí. No parecían humanos. Sé que lo fueron pero ante la matanza humana que tenía frente a mis ojos no parecían seres humanos. Luego sentí el olor, un olor que no se parecía a nada que hubiera antes olido, una mezcla de mierda, orina, sangre, tabaco y algo más indescifrable. Vi un armamento cerca de los hombre y un arma AK47.

Escuchaba un llanto. Alguien lloraba. No era un llanto de dolor, sino uno de un pequeño niño que se “había despertado de esa horrible pesadilla. Vi que había una pequeña camioneta y parecía que el llanto venía de allí. Un soldado de 20 años y yo caminamos hacia la camioneta y miramos al interior.

El soldado con quien estaba retrocedió y comenzó a vomitar y rápidamente corrió. Lo que vi fue una pequeña niña de 4 años en el asiento del copiloto. Tenía una profunda herida en su vientre y estaba cubierta de vidrio. El vidrio estaba en su cabello e incluso en sus ojos. Al lado, en el piso, había un niño de casi 7 años con la cabeza tirada, se movía con el aldo derecho de su cabeza, mi primera impresión fue que estaba muerto.

Inmediatamente concluí que quienes estaban en el asiento del chofer podrían haber sido los hijos del padre, quien estaba con la cabeza encorvada sobre los niños en una posición para protegerlos. No había modo de que el padre estuviera vivo. Inmediatamente tomé a la pequeña niña y grité “UN MEDICO”- El doctor y yo fuimos en dirección a una casa detrás de la camioneta. Había un hombre del pueblo escondido en la cocina de la casa. Le grité en árabe, “AYUDEME”. Se puso de pié e inmediatamente tomó un cubo de agua con el que el médico y yo limpiamos a la pequeña niña. Le saqué tantos vidrios como pude de sus ojos.

Todo el tiempo pensaba “¿QUE MIERDA? SON BEBES”. Mi hijo q euien no he tenido la oportunidad de conocer todavía nació el 31 de agosto de 2007. Y tuve una niña que es apenas mayor que esta niña. El médico envió un mensaje por radio indicando que necesitaba ser evacuada porque no el no podía hacer nada más por ella ahí. Le pasé la niña al médico, quien corrió con la niña hacia un vehículo Bradley blindado. Regresé a la camioneta. No sé por qué lo hice o lo que me llevó a regresar a la camioneta, era algo que me hacía regresar a la camioneta. Examiné al interior nuevamente… ¿Se movió el niño? Mierda, el niño acababa de moverse. Lo saqué de la camioneta y lo apreté contra mi pecho. Gritaba, “EL NIÑO ESTA VIVO. EL NIÑO ESTA VIVO”.

Comencé a correr hacia el vehículo Bradley blindado con la esperanza de que no se hubiera marchado. En ese momento el niño me miró y luego sus ojos retrocedieron. Mi corazón latía, “Todo está bien, ya te tengo, todo pasará, no mueras, no mueras”. Lo apreté un poco más intensamente y lo puse en el vehículo Bradley blindado tan suavemente como pude.

“¿Qué MIERDA ESTAS HACIENDO MCCORD?”. Era el jefe de mi pelotón. “Debes dejar de preocuparte de esos pequeños hijos de putas y vigilar la seguridad”, me gritaba. Le dije “Sí, señor” e inmediatamente me fui hacia la parte superior de un techo para vigilar. Mientras estaba allí, uno de los soldados me fotografió. No me di cuenta de que la sangre de ambos niños estaba sobre mi cuerpo.

Desde entonces, después de que lo que viví, mi cabeza me quema. Todavía escucho los llantos, huelo los olores, cuando todo está en calma y cierro mis ojos veo la matanza, como una exposición de diapositivas. Espero que algún día pueda dormir una noche completa sin recuerdos que me obsesionan, las pérdidas de inocentes, los amigos que perdí. Con algo de suerte algún día ya no estaré tan enojado.


 

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