Petraeus y la CIA
Ray McGovern
CounterPunch
02 de mayo de 2011
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
La noticia de que el presidente Barack Obama ha elegido al general David Petraeus como
director de la CIA provoca preguntas inquietantes, incluida la de si el
comandante más asociado con las guerras en Irak y Afganistán tolerará un
análisis objetivo de esos dos conflictos.
¿Qué pasará si analistas de la CIA evalúan las perspectivas de éxito en esas dos guerras
como atroces y concluyen que las “oleadas” de tropas impulsadas de modo tan
público por Petraeus desperdiciaron las vidas de soldados estadounidenses y
muchos miles de millones de dólares del contribuyente? ¿Apreciará el director
de la CIA Petraeus un tal análisis crítico o lo castigará?
El nombramiento de Petraeus también sugiere que el presidente valora poco la
obtención de información correcta sobre esos temas cruciales relacionados con
la guerra. Si quisiera el tipo de análisis de la inteligencia que, a veces,
podría cuestionar a los militares, ¿por qué entrega el puesto en la CIA a un
general con un inmenso incentivo para rizar el rizo respecto al “progreso”
logrado durante su comando?
Petraeus ya tiene el historial de alguien que ve a analistas escépticos de la CIA como
mosquitos que hay que aplastar de un palmetazo antes de que piquen. Por eso los
relegó a una condición de pasajeros incómodos durante el proceso crucial de
toma de decisiones a fines de 2009 sobre qué hacer respecto a Afganistán.
Cuando Obama expresó dudas sobre el valor de una gran escalada en Afganistán,
Petraeus le aseguró que él y sus generales lo habían calculado todo, que
bastaría con 33.000 soldados adicionales.
Ni siquiera asignaron analistas de la CIA para hacer una Estimación Nacional de
Inteligencia (NIE), que normalmente es un paso de rigor antes de tomar alguna
decisión presidencial significativa como una escalada en gran escala de una
guerra. Notablemente, no se preparó ninguna NIE antes de la decisión del
presidente de aumentar el nivel de la tropa estadounidense a 100.000 a fines de 2009.
Dicho sea a su favor, el teniente general en retiro de la Fuerza Aérea, James Clapper,
quien llegó a ser director de Inteligencia Nacional en agosto de 2010, insistió
en que se prepararan dos NIE en otoño pasado – una sobre Afganistán y otra
sobre Pakistán.
La que se hizo sobre Afganistán concluyó que EE.UU. no se podría imponer sin una firme
decisión de Pakistán de eliminar a los talibanes a lo largo de la frontera con
Afganistán. La sobre Pakistán dijo, en jerga local, que habrá una posibilidad
cuando las ranas críen pelo de que los paquistaníes tomen una decisión
semejante. ¿Ergo?
Las conclusiones aleccionadoras de las NIE fueron apoyadas por una mina de 92.000
documentos escritos en su mayoría por fuerzas de EE.UU. en Afganistán de 2004 a
2009 y publicadas por WikiLeaks el 25
de julio de 2010.
La información más detallista de WikiLeaks
sacó a la luz la brutalidad e ineficacia de la guerra dirigida por EE.UU. en
Afganistán – particularmente la esperanza vana de que los paquistaníes cambien
su visión estratégica y ayuden a EE.UU. a sacar las castañas del fuego afgano.
Buena suerte en la persuasión de Pakistán
Tal vez las revelaciones más explosivas desvelaron el doble juego del Directorado de
Inteligencia Entre Servicios paquistaní (ISI). Der Spiegel informó: “Los documentos muestran claramente que esta
agencia de inteligencia paquistaní es el cómplice más importante que los
talibanes tienen afuera de Afganistán”.
Los documentos revelan que enviados del ISI no solo están presentes cuando
comandantes insurgentes realizan consejos de guerra, sino dan órdenes
específicas para realizar asesinatos – incluso, según un informe, un atentado contra
la vida del presidente afgano, Hamid Karzai, en agosto de 2008.
El ex jefe de inteligencia paquistaní, general Hamid Gul, es presentado como una
importante fuente de ayuda a los talibanes e incluso, en otro informe, como un
“líder” de los insurgentes. Los informes muestran a Gul ordenando ataques
suicidas y lo describen como uno de los proveedores más importantes de
armamento a los talibanes.
Aunque el gobierno paquistaní ha desmentido furiosamente las quejas del gobierno de
EE.UU. sobre Gul y el ISI respecto a vínculos secretos con los talibanes e
incluso con al-Qaida, la evidencia ciertamente provoca serias preguntas sobre
lo que los paquistaníes han estado haciendo con los miles de millones de
dólares entregados por Washington.
No importa. En 2009, el presidente Obama decidió consagrar la campaña de
“contrainsurgencia” del general Petraeus, en la que Fuerzas Especiales de
EE.UU. rompen a patadas puertas afganas de noche, drones no tripulados
aterrorizan a supuestos “militantes” y aldeas enteras son destruidas a fin de
“salvarlas” de los talibanes – una manera verdaderamente extraña de ganar
corazones y mentes.
De vuelta a EE.UU.: los analistas de inteligencia de EE.UU. contemplaban consternados. Los
con algunas canas se recordaron de tácticas semejantes fracasadas y de
evaluaciones distorsionadas de inteligencia del comando militar de EE.UU. en Vietnam.
El fantasma del pasado de Westmoreland
Al ver la actuación de Petraeus, veo a menudo el fantasma del general del ejército
William Westmoreland contra quien se confirmaron acusaciones de deliberada
distorsión y deshonestidad una vez que analistas de la inteligencia tuvieron
–literalmente– su día en un tribunal posterior a la Guerra de Vietnam.
En 1967, para demostrar “progreso” en la guerra, Westmoreland ordenó a sus oficiales de
Inteligencia que no sobrepasaron los 299.000 en su recuento total de comunistas
armados en Sudvietnam. Se temía que si los periodistas hicieran un poco de
aritmética básica, se vería que todos los recuentos de cuerpos y “la guerra de
desgaste” eran un engaño.
Todas las agencias de inteligencia de EE.UU., con la excepción de la del Ejército,
estuvieron de acuerdo en que la cantidad de comunistas combatientes era casi el
doble, y pronto se demostró que, trágicamente, tenían razón durante la ofensiva
del Tet en todo el país a fines de enero – comienzo de febrero de 1968.
Por lo tanto, ¿cuál es el cálculo actual de Petraeus de la cantidad de talibanes que
sus fuerzas enfrentan en Afganistán? No existe un cálculo semejante – o es
demasiado secreto o demasiado embarazoso para revelar. En cuanto a al-Qaida en
Afganistán, los servicios de inteligencia de EE.UU. tienen un cálculo de entre
50 y 100 – no, no miles, solo entre 50 y 100.
Además, parecen haber destinado poca reflexión al desalentador desafío del
reaprovisionamiento de las tropas de EE.UU. en Afganistán. En Vietnam, el
reaprovisionamiento fue pan comido en comparación con el desafío de llevar
suministros a Afganistán a través de Pakistán, por el Paso Khyber, y dentro de Afganistán.
En casa, los estadounidenses se quejan por tener que pagar 4 dólares el galón de
gasolina. Cuesta 400 dólares llevar un galón a un vehículo del Ejército o de
los Marines de EE.UU. al interior de Afganistán.
Aparte de los obscenos gastos, las largas líneas de aprovisionamiento son extremadamente
vulnerables – no solo a ataques de gente que no quiere tropas estadounidenses
en su país, sino también a los caprichos de funcionarios paquistaníes que
pueden obstruir las rutas de suministro cuando lo desean.
El fin de semana pasado, por ejemplo, una gran multitud que protestaba contra los ataques
de drones estadounidenses exigió que terminaran en un mes los ataques, o los
manifestantes cortarían una ruta crucial de suministro para tropas occidentales
en Afganistán.
Los dos días de protesta atascaron una carretera importante utilizada por camiones para
transportar suministros a través de la frontera.
“Bloquearemos por doquier suministros de la OTAN de Karachi a Khyber si los ataques de drones
no se detienen en un mes”, dijo Imran Khan, un antiguo jugador estelar de
cricket paquistaní convertido en político, a la multitud de manifestantes.
¿Progreso en Afganistán?
Pero el problema central de Petraeus como director de la CIA es que su reputación está
inextricablemente ligada a las guerras en Irak y Afganistán y si son
consideradas éxitos o fracasos. Dicho de modo diferente, ¿exigirá el director
de la CIA Petraeus que sus analistas vean el vaso medio lleno en vez de medio
vacío, tal como lo ha hecho como comandante en esos conflictos?
En marzo, el general Petraeus dijo al Comité de Servicios Armados del Senado sobre la
Guerra Afgana: “Aunque el progreso de la seguridad logrado durante el último
año es significativo, también es frágil y reversible”. Por lo tanto, insistió,
sería desacertado abandonar la misión. Si la formulación “frágil pero
reversible” suena familiar, recordaréis que Petraeus la sacó del armario de los
clichés varias veces a principios de 2008 para caracterizar el progreso de la
seguridad en Irak.
Evidentemente el general considera que la expresión es un anuncio que sirve para todo uso.
Hasta ahora, el Congreso y los Medios Corporativos Serviles han dejado que se
salga con la suya.
¿Tenemos que esperar que una vez que Petraeus tome el timón en la CIA, sus analistas de
carrera puedan seguir calificando la guerra de Afganistán de empresa
descabellada? Si el nuevo director de la CIA insiste en ver progreso –por
“frágil y reversible” que sea– ¿arriesgarán su cólera los analistas vulnerables
por contradecirle?
Ya veremos, supongo, en cuanto escuchemos que ese anuncio aparece en las evaluaciones
analíticas de la CIA. Por el momento, ya sabemos que el optimismo profesional
de Petraeus no es ampliamente compartido entre la masa de los analistas en la
CIA. Y se siguen acumulando las estadísticas lúgubres. Solo esta semana, la
cantidad de soldados estadounidenses muertos en Irak y Afganistán pasó la marca
de los 6.000, y la cifra oficial de heridos es de 43.184.
Otros 54.592 han necesitado evacuación médica del combate. Por lo tanto, cerca de
104.000 soldados de EE.UU. –un mínimo conservador que no incluye a los que
caminan heridos, a los que tienen lesión cerebral traumática, suicidios
intentados o exitosos, y contratistas civiles– son víctimas de estas largas
guerras.
Ante este cuadro, me es difícil creer que el presidente Obama desperdiciaría su menor
probabilidad de obtener una evaluación objetiva –sin temor ni favor– de
especialistas de la inteligencia con protección de carrera para que le “digan
las cosas tal como son”, a pesar de los puntos de vista del jefe.
El acertijo no deja de tener precedentes. Hay que pensar en los años ochenta y en los
desafíos que enfrentaban analistas honestos que trataban de informar sobre la
guerra de la Contra en Nicaragua, a pesar de que era dirigida por el jefe, el
entonces director de la CIA, William Casey.
Encontrando “inteligencia” sobre Irán
Irán seguirá siendo motivo de preocupación como objetivo para análisis de
inteligencia durante el período de Petraeus en la CIA. Lo que es desconcertante
en ese frente es que Petraeus se ha empeñado por usar la “inteligencia” para
presentar a Irán desde el punto de vista más desfavorable. Viene a la mente un
ejemplo bastante extraño pero instructivo. Tuvo que ver con un esfuerzo
estudiado, aunque insincero, de culpar por todos los problemas en el sur de
Irak a la “maligna” influencia de Irán.
El 25 de abril de 2008, el presidente del Estado Mayor Conjunto, almirante Mike Mullen,
dijo a los periodistas que el general Petraeus en Bagdad daría una presentación
en “las próximas semanas” en la que suministraría evidencia detallada de “cómo
exactamente Irán interviene en Irak para fomentar inestabilidad”. El equipo de
Petraeus alertó a los medios de EE.UU. de un importante evento noticioso en el
cual armas iraníes capturadas en Karbala serían exhibidas y luego destruidas.
El periodista investigativo Gareth Porte señaló entonces que la idea era llenar
las ondas de noticias espectaculares incriminando a Irán como culpable en Irak durante
varios días, con el objetivo “de romper la resistencia en el Congreso y en el
público a la idea de que habría que atacar bases iraníes que apoyaban la
interferencia”.
Sin embargo, hubo un pequeño problema. Cuando expertos estadounidenses fueron a Karbala
a inspeccionar el supuesto escondite de armas iraníes, no encontraron nada que
pudiera ser verosímilmente vinculado con Irán.
Para aumentar el enfado en Washington, los iraquíes anunciaron que el primer
ministro
Nouri al-Maliki había formado su propio comité en el Gabinete para investigar las
afirmaciones de EE.UU. e intentar “encontrar información tangible y no basada
en especulación”. ¡Huy!
El embarazo de Petraeus podría haber sido aún mayor, pero los medios estadounidenses
olvidaron convenientemente la presentación prometida. Después de todo el
general ha sido hace tiempo bien amado por los Medios Corporativos Serviles. La
supresión de este episodio por los medios de EE.UU. fue un recuerdo contundente
de lo difícil que es obtener información objetiva y exacta sobre temas
delicados como Irán.
La NIE que detuvo una guerra
Otra pregunta clave es si, como director de la CIA, Petraeus será capaz de mostrar
suficiente integridad para enfrentar a los neoconservadores y a otros que están
determinados a exagerar la “amenaza” de Irán y aumentar la presión por acción
militar contra instalaciones relacionadas con lo nuclear en Irán.
Ha habido creciente presión para echar por la borda el juicio inánime, al que llegaron
con “mucha confianza” todas las 16 agencias de inteligencia de EE.UU., de que
Irán había detenido el trabajo en un arma nuclear a mediados de 2003. A pesar
de fuerte presión de los influyentes neoconservadores de Washington para que se
atenuara ese juicio crucial, los dirigentes de la comunidad de la inteligencia
se han mantenido firmes –hasta ahora- y reafirmado esa opinión anteriormente
durante este año.
En una sección de sus memorias, el ex presidente George W. Bush lamenta que la
Estimación Nacional de Inteligencia (NIE) de 2007 sobre Irán haya atado sus
manos “del lado militar”. Bush agregó este notición (aparentemente no
modificado):
“Pero después de la NIE, ¿cómo podía posiblemente explicar el uso de las fuerzas
armadas para destruir las instalaciones nucleares de un país del cual la comunidad
de la inteligencia dijo que no tenía un programa activo de armas nucleares?
Ni siquiera el vicepresidente Dick Cheney pudo persuadir a Bush a seguir impulsando la
fuerza destructiva a favor de la guerra contra Irán con sus neumáticos
reventados por la NIE. El paternal Cheney ha dejado en claro que su protegido
lo desilusionó.
El 30 de agosto de 2009, Cheney dijo a Fox News Sunday que estaba aislado entre los consejeros de Bush en su entusiasmo por
la guerra contra Irán.
“Probablemente era un mayor propugnador de la acción militar que ninguno de mis colegas”, dijo
Cheney cuando se le preguntó si el gobierno de Bush debiera haber lanzado un
ataque preventivo contra Irán antes de dejar el cargo.
Será muy interesante ver si Petraeus decide manipular el controvertido pero unánime
juicio de que Irán no ha trabajado en un arma nuclear desde mediados de 2003.
Y, si lo hace, si queda suficiente integridad en las filas de los analistas
para resistir una manipulación semejante.
Si Petraeus sintiera señales de revuelta, podría preferir simplemente seguir el ejemplo del
último general que dirigió la CIA, Michael Hayden.
Siempre listo para hacer su parte por Cheney y sus neoconservadores, el maleable Hayden
ofreció públicamente, el 30 de abril de 2008, su “opinión personal” de que Irán
está construyendo un arma nuclear – a pesar de las conclusiones de la NIE.
Por si fuera poco, Hayden agregó: “Es mi opinión que la política del gobierno iraní
es, aprobada al más alto nivel de ese gobierno, facilitar la muerte de
estadounidenses en Irak… Asegúrense de que haya claridad al respecto.”
Petraeus, cuidadoso con Israel
Petraeus también valora profundamente su relación con destacados neoconservadores que
han recibido extraordinario acceso a las zonas de guerra –organizado
personalmente por el general– a cambio de su servicio a su persona como sector
que lo vitorea en los círculos influyentes de opinión en Washington.
Un par de correos que el general Petraeus envió por descuido a un destinatario no
intencionado confirmó su calurosa relación con el neoconservador de la línea
dura Max Boot, cuando Petraeus rogó a Boot que evitara toda sugerencia de que
él fuera menos que 100% solidario con Israel.
Los correos de Petraeus a Max Boot revelaron que el general de cuatro estrellas renunciaba
a su propio testimonio ante el Congreso en marzo de 2010 porque incluía la
observación de que “las continuas hostilidades entre Israel y algunos de sus
vecinos presentan claros desafíos a nuestra capacidad de impulsar nuestros
intereses” en Medio Oriente.
Aunque el testimonio de Petraeus pueda parecer a muchos de nosotros como perfectamente
obvio, no fue lo mismo para los neoconservadores. Rechazaban toda sugerencia de
que la intransigencia israelí respecto a las conversaciones de paz sobre
Palestina contribuya a los peligros enfrentados por soldados estadounidenses en
Irak y Afganistán o por el pueblo de EE.UU. ante posibles actos de terrorismo
dentro del país.
Por lo tanto, cuando el testimonio de Petraeus comenzó a ganar fuerza en Internet, el
general rápidamente se volvió hacia Boot, escritor basado en el potente Consejo
de Relaciones Exteriores del establishment, y comenzó a dar marcha atrás al
respecto.
“Como sabe, yo no dije eso”, escribió Petraeus, según un correo enviado a Boot a las 2:27
p.m. del 18 de marzo de 2010. “Es una contribución escrita para constancia”.
En otras palabras, Petraeus trataba de demostrar su ortodoxia subrayando que los
comentarios estaban solo en su testimonio escrito normal sometido al Comité de
Servicios Armados del Senado y que no fueron repetidos por él en su breve
declaración oral de apertura.
En otro correo, en el que Petraeus solicitaba la ayuda de Boot para aplastar cualquier
controversia sobre las observaciones sobre Israel, el general terminó su mensaje
con un militar “Roger” y una lateral cara feliz hecha de una coma, un guión y
un cierre de paréntesis. :-) – ¡por si fuera poco!
Petraeus envió el ítem de blog de Boot titulado “Una mentira: David Petraeus,
Anti-Israel," que había colgado en el sitio de la revista Commentary a las 3:11 p.m. el 18 de
marzo. Sin embargo, parece que Petraeus olvidó eliminar algunos de los otros
intercambios entre él y Boot al final del correo.
Los correos también revelan el bombardeo de ideas con Boot respecto a cómo ingeniárselas
respecto a la potencial controversia sobre el testimonio ante el Senado. A las
2:37 p.m. el 18 de marzo, Petraeus pregunta a Boot: “¿No ayuda si la gente sabe
que recibí a Elie Wiesel y a su esposa en nuestra casa el pasado domingo por la
noche? ¿Y que seré el orador en el 65 aniversario de la liberación de los
campos de concentración a mediados de abril en el Capitol Dome?"
Ocho minutos después, Boot respondió: “No creo que sea relevante porque no te están
acusando de ser antisemita”.
Entonces Petraeus aliviado responde: "¡Roger! :-)"
Este tipo de alcahueteo no inspira confianza cuando Petraeus cambia su uniforme
condecorado del Ejército y su comando de la Guerra Afgana por un traje de civil
y la suite del director de la sede de la CIA en Langley, Virginia.
………..
Ray McGovern trabaja con Tell the Word, el
brazo editor de la ecuménica Iglesia del Salvador en Washington, DC. Fue
oficial del Ejército y analista de la CIA durante casi 30 años y ahora sirve en
el Grupo de Dirección de Profesionales Veteranos de la Inteligencia por la
Cordura (VIPS).
Para contactos: rrmcgovern@gmail.com.
Una versión más breve de este artículo aparece en: Consortiumnews.com.
Fuente: http://www.counterpunch.org/mcgovern04292011.html
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