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TRAS SIETE AÑOS DE INVASION, ESTADOS UNIDOS DEJO AL PAIS ARRUINADO Y SIN LIDERAZGO POLITICO
No hubo gloria en la retirada de tropas de Irak
www.pagina12.com.ar
22 de agosto de 2010
El saldo de la guerra es más que negativo para la Casa Blanca, ya que en siete años y cinco
meses murieron 4419 soldados de ese país y más de 100.000 civiles. Más de 1,2
millón de personas murieron durante la invasión estadounidense.

Soldados de la última brigada de combate en Irak patrullan antes de partir hacia Kuwait. |
Sin gloria, avergonzado por los casos de tortura en la cárcel de Abu Ghraib, Estados Unidos
dejó un país arruinado y sin liderazgo político al retirarse de Irak tras siete
años de invasión. La aventura emprendida por el ex presidente George W. Bush,
el 20 de marzo de 2003, terminó mucho antes de la fecha límite del próximo 30
de agosto establecida por el presidente demócrata Barack Obama.
La excusa para invadir Irak, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 –sin el apoyo de
Francia y de Alemania– eran las supuestas bombas de destrucción masiva que
poseía el dictador Saddam Hussein. Pero las armas jamás fueron encontradas por
unos 176.000 militares que desplegaron Estados Unidos y sus aliados en ese
país. La guerra se transformó en una trampa mortal para Bush, cuyo gobierno
logró un desprestigio sin precedentes en el mundo y culminó con una derrota
republicana en las elecciones de noviembre de 2008 a manos de un joven senador
demócrata de Illinois llamado Obama.
“Tortura. Corrupción. Guerra civil. Estados Unidos ciertamente ha dejado su marca en
Irak”, opinó el periodista Robert Fisk. Y dijo que Washington llevó a Irak “la
infección de Al Qaida, la enfermedad de la guerra civil; ellos inyectaron en
Irak la corrupción en gran escala; estamparon el sello de la tortura en Abu
Ghraib, después de poner su sello de tortura sobre (la base aérea de) Bagram y
las prisiones negras en Afganistán”.
El saldo de la guerra es más que negativo para la Casa Blanca, ya que en siete años y cinco
meses murieron 4419 soldados de ese país y más de 100.000 civiles, según cifras
citadas por la prensa estadounidense. En 2007, la consultora británica ORB
(Opinion Research Business) estimó que más de 1,2 millón de personas murieron
durante la invasión norteamericana. Además, las fuerzas de la red Al Qaida –que
no existía durante la era de Hussein en Irak– continúan sus operaciones para
desestabilizar el país, luego del atentado del 17 de agosto pasado, que causó
57 muertos en un centro de reclutamiento de Bagdad.
Los dirigentes políticos iraquíes no logran consensuar la formación de un nuevo gobierno tras
las elecciones del 7 de marzo, que fueron ganadas por el bloque laico liderado
por el ex primer ministro Iyad Alaui, con 91 bancas. En tanto, el Estado de la
Ley, el partido del primer ministro Nuri al Maliki, obtuvo 89 escaños y la
coalición chiíta Alianza Nacional Iraquí, 70.
Sin embargo, a estos dos partidos les faltan 4 bancas para lograr la mayoría absoluta de 163
escaños. Más de 50.000 soldados norteamericanos permanecerán de apoyo en Irak.
El Departamento de Estado entrenará a la policía iraquí y elevará a 7000 el
número de contratistas privados que tendrán a su cargo la defensa de cinco
barracas fortificadas, así como el control de radares para prevenir ataques con
cohetes.
La retirada ha provocado algunas protestas entre los militares iraquíes, entre ellas la del
jefe del Estado Mayor, Babakir Zebari, quien la calificó de “prematura” y dijo
que su ejército era incapaz de garantizar la seguridad del país antes de 2020.
Sin las tropas estadounidenses en su territorio, Irak enfrenta otros peligros
como la posibilidad de que se repita un golpe de Estado, como los cuatro que
sucedieron tras la caída de la monarquía en 1958.
Los chiítas, marginados por Hussein con el apoyo de los sunnitas, son la rama religiosa
mayoritaria del país. “La aprensión socava una peligrosa combinación de fuerzas
que ha aquejado a Medio Oriente: una impredecible fractura militar y la
creciente frustración con una clase política que parece aislada, sin timón”,
señaló desde Bagdad el analista Anthony Shadid, en una nota del diario The New
York Times.
Los analistas no esperan que aparezcan liderazgos populares en Irak, salvo el caso del clérigo
chiíta Moktada al Sadr, quien se convirtió en una presencia turbulenta tras el
derrocamiento de Hussein.
En el escenario político iraquí surgen otros nombres, como los del chiíta Al Maliki y los ex
primeros ministros Ayad Allawi e Ibrahim al Jaafari, así como Ahmad Chalabi, un
ex aliado de Estados Unidos, entre otros. Estados Unidos se retira sin gloria
de Irak, dejando un país con el 23 por ciento de la gente viviendo en una
situación de pobreza extrema, con dos dólares por día, mientras que un 3 por
ciento sufre de hambre y desnutrición, según informes de las Naciones Unidas.
La retirada tiene más sabor a derrota que a victoria, con Estados Unidos desplegando más soldados
en Afganistán para hacer frente al avance de los talibán y las fuerzas de Al
Qaida. Y aquella imagen de la estatua de Hussein, con la cara cubierta por la
bandera de las barras y las estrellas, que tanto entusiasmaba a Bush y al ex
ministro de Defensa, Donald Rumsfeld, hoy forma parte de un pasado de
intervención estadounidense.
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