El ejército de EEUU hostiga a la población civil afgana
Gareth Porter
disenso.wordpress.com
22 de agosto de 2011
Publicado originalmente en: US night raids
‘aimed at Afghan civilians’.
Fuerzas de Operaciones Especiales de Estados Unidos (SOF, por sus siglas en
inglés) han incrementado sus ataques nocturnos contra la población civil en
Afganistán. Esta es la causa del creciente malestar afgano por la presencia
militar norteamericana, según un reciente estudio publicado por la Open Society
Foundation y la Oficina de Enlace.
El estudio ofrece nuevas evidencias del grado en que los criterios
utilizados para seleccionar a las personas que serán objeto de las redadas
nocturnas se han flexibilizado hasta el punto de incluir a civiles que no han
sido identificados como insurgentes.
Basándose en entrevistas con actuales oficiales y exoficiales del ejército
de EEUU que tienen conocimiento de este tipo de operaciones, así como con
afganos que han padecido las redadas, los autores del estudio han escrito que
un gran número de civiles están siendo detenidos durante breves periodos de
tiempo, simplemente para averiguar qué saben sobre los insurgentes locales.
Esta es una práctica que, según los autores, podría violar las Convenciones de
Ginebra sobre la guerra.
Un oficial del ejército que había aprobado las incursiones nocturnas dijo a
uno de los autores que perseguir a personas que, supuestamente, conocen a algún
insurgente es un elemento fundamental en la planificación de las redadas. “Si
no puedes atrapar al tipo que quieres —dijo el oficial—, puedes atrapar al tipo
que le conoce”.
Incluso personas que no eran objetivo de las redadas han sido detenidas si
se encontraban en la vecindad, porque la participación de una persona en la
insurgencia “no siempre es clara hasta que se le interroga”, según el mencionado
oficial.
Las incursiones realizadas para obtener información sobre la insurgencia
han ocasionado, a veces, muertes de civiles. La Red de Analistas Afganos, un
grupo independiente de investigadores de Kabul, ha investigado varias redadas
nocturnas realizadas en la provincia de Nangarhar en octubre y noviembre de
2010. Ha descubierto que las redadas persiguieron a personas que se habían
reunido con un clérigo religioso local que, al parecer, era el gobernador
talibán de la provincia en la clandestinidad. Dos civiles murieron en esas
redadas cuando los familiares acudieron en defensa de sus parientes.
El informe señala que muchos afganos entrevistados dijeron que estas
operaciones nocturnas se habían realizado en varias vecindades simultáneamente,
en algunos casos en pueblos enteros.
En un pueblo del distrito de Qui Tapa, en la provincia de Kunduz, varias
unidades de las SOF, acompañadas por tropas afganas, llevaron a cabo una redada
en la que detuvieron entre 80 y 100 personas, según el informe. Los entrevistados
dijeron que un informante enmascarado señalaba a las personas que los soldados
norteamericanos se llevaron detenidas para ser interrogadas.
La idea de realizar redadas del ejército contra la población civil para,
supuestamente, obtener información sobre los insurgentes tiene una larga
historia en la guerra de EEUU y la OTAN en Afganistán.
El oficial del Pentágono que estuvo a cargo de los asuntos de los detenidos
hasta finales de 2005 dijo a Inter Press Service (IPS) que las preocupaciones
por las “detenciones masivas” en Afganistán fueron contrarrestadas por
presiones en favor de “redadas más agresivas”.
Como el entonces jefe de inteligencia de la OTAN en Afganistán, el general
de brigada canadiense Jim Ferron, explicó en una entrevista en mayo de 2007,
“los detenidos son detenidos por una razón. Tienen información que
necesitamos”.
No obstante, no está claro que los civiles proporcionen realmente
informaciones importantes sobre los insurgentes. Las víctimas civiles de las
redadas nocturnas son familiares y amigos de combatientes y jefes talibanes,
por lo que no están nada dispuestos a dar información útil a las SOF.
Según el informe, hay otro elemento que empuja a los mandos de las SOF en
Afganistán a centrarse más en personas de las que no se tienen pruebas, o estas
son muy débiles, de su colaboración con los insurgentes. Después de haber
sufrido graves pérdidas en 2010, los jefes talibanes de distrito y otros de
niveles superiores se refugiaron en Pakistán.
Al no poder actuar contra ellos, las SOF de Afganistán tuvieron que elegir
entre apresar más civiles o reducir el número de operaciones. La cuestión es
que el aumento del número de operaciones y las estadísticas sobre supuestos
insurgentes muertos o capturados son pruebas de la eficacia de las unidades de
las SOF.
Según datos publicados por Reuters en febrero pasado, entre diciembre de
2010 y febrero de 2011 se llevaron a cabo un promedio de 19 redadas cada noche.
Pero un asesor principal del ejército de EEUU, entrevistado por los autores del
informe en abril de 2011, aseguró que cada noche se realizaban hasta 40
redadas.
Un oficial militar que participó en estas redadas dijo a uno de los autores
del informe que ya no había suficientes jefes talibanes de nivel medio y alto
en Afganistán para justificar el elevado número de este tipo de operaciones.
Añadió que, probablemente, muchas de estas incursiones tenían como objetivos
personas que, no siendo insurgentes, podían saber algo sobre la insurgencia.
Sin embargo, otros militares entrevistados negaron este extremo, afirmando
que todavía había muchos jefes a los que perseguir.
El informe sugiere que es peligroso detener a familiares de insurgentes
para obtener información, pues esto acrecienta al malestar en todo el país.
“Si ese es el criterio, podrían también arrestar a todos los sureños”, dijo
un periodista afgano que vive en Kandahar. “Todos tienen un tío, sobrino o
primo que es militante talibán”.
Basándose en entrevistas con residentes de los pueblos donde han tenido
lugar redadas en los últimos meses, el informe concluye que las comunidades
“creen que las redadas persiguen detener y hostigar a civiles, con el fin de
intimidar a toda la comunidad y conseguir que dejen de ofrecer comida y refugio
a los insurgentes, o presionarles para que den información sobre la
insurgencia”.
La mayoría de los civiles detenidos en las redadas nocturnas suelen ser
liberados pocos días más tarde, según el informe. Esta afirmación es
consistente con la revelación, ofrecida por IPS en septiembre de 2010, de que
alrededor del 90 por ciento de las personas que, según la Fuerza Internacional
de Asistencia de Seguridad en agosto de 2010, eran “insurgentes capturados”
fueron, de hecho, puestos en libertad en las dos semanas siguientes de su
detención o pocos meses después de ser enviados a la cárcel de Parwan.
Los autores del informe concluyen que la persecución deliberada y las
detenciones masivas de civiles que no son sospechosos de ser insurgentes, cuya
finalidad es obtener información sobre la insurgencia, “puede constituir una
privación arbitraria de libertad” y, por tanto, “trato inhumano”, lo que
supondría una violación del Artículo 3 de las Convenciones de Ginebra.
El informe sugiere que es una simple “anécdota” el hecho de que estas
operaciones sean ahora más precisas. Por otro lado, esa anécdota parece entrar
en contradicción con otra evidencia, según la cual las operaciones se han
vuelto más indiscriminadas al perseguir deliberadamente a civiles.
Gareth Porter es historiador y periodista especializado en política de seguridad nacional de
Estados Unidos. Es autor de Perils of Dominance: Imbalance of Power and the
Road to War in Vietnam (2006).
Traducción: Javier Villate
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