La reforma, ¿para cuándo?
Rubén Hernández León
Director del Centro de Estudios Mexicanos de UCLA
HOY
21 de agosto de 2009
No es difícil llegar a la conclusión de que los primeros siete meses de la
administración del presidente Barack Obama le han traído a los inmigrantes
indocumentados una cosa: palo, palo y más palo. Lo curioso del caso es que cada
paliza se le presenta a la opinión pública como un ejemplo de lo diferente que
son las políticas del gobierno actual respecto del anterior.
Así, las iniciativas de la Administración Obama aparecen como más racionales y
menos duras que la de su predecesor. Pero la realidad es que han elegido
continuar con la gran mayoría de las políticas de la época de George Bush,
llevando a cabo modificaciones menores y no cambios sustanciales.
Tristemente, los ejemplos abundan. Hace un par de semanas, el Ejecutivo federal
anunció una reorganización del sistema carcelario para las personas y familias
bajo proceso por haber violado las leyes migratorias. Una de las barbaridades
de dicho sistema es que encarcela a individuos acusados de cometer infracciones
fundamentalmente civiles junto a verdaderos criminales que han cometido delitos
violentos. Este mismo sistema se ha caracterizado por desatender la salud de
los internos, llegándose inclusive a casos de causar muertes por negligencia
médica.
La mentada reorganización propuesta por Obama consiste en crear un aparato
carcelario aparte para que los inmigrantes detenidos ya no queden presos en
compañía de reos peligrosos, entre otras medidas. El único problema con la
susodicha reforma es que en última instancia no es sino más de lo mismo: cárcel
para los inmigrantes indocumentados, ahora regenteada más de cerca por
autoridades federales.
Otro ejemplo, la Oficina de Inmigración y Control de Aduanas (más conocida como
ICE) acaba de anunciar que sus agentes irán tras indocumentados criminales y
que no tendrán una cuota de arrestos. La obligación de cumplir con cuotas
frente a sus superiores supuestamente llevaba a que los agentes de la migra
detuvieran a cualquier inmigrante sin papeles.
Suena bien. ¿O no? El detalle es que en la realidad las cosas no necesariamente
van a cambiar. Lo más probable es que los agentes del ICE en su afán por
identificar y arrestar a los individuos que buscan, agarren parejo y, como
dicen en México, más tarde averigüen.
Existen dos o tres ejemplos más que uno puede citar, pero en pocas palabras,
los inmigrantes indocumentados siguen en la mira del aparato policiaco del
estado.
Mientras tanto, la verdadera reforma migratoria se ha convertido en un lejano
punto en el horizonte.
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