Eugene Robinson: “La nueva ley de inmigración de Arizona es un acto de castigo”
Escrito el 10 de Mayo de 2010 en Eugene
Robinson, Washington Post,
|

E. Robinson
Premio Pulitzer 2009, Catedrático Neiman de Periodismo en Harvard y Editor de
la sección Exterior del Washington Post.
|
|
Eugene Robinson - Washington. La
draconiana nueva ley de inmigración de Arizona es una abominación - racista,
arbitraria y opresora, mezquina, injusta. Lo único esperanzador que puede
decirse es que la legislación, que la Gobernadora Republicana Jan Brewer aprobó
el viernes, se extralimita tan escandalosamente que podría ser
inconstitucional.
Brewer, que cedió a las presiones xenófobas que los gobernadores anteriores tuvieron el valor de
resistir, debería avergonzarse de sí misma. La ley obliga a las fuerzas del
orden a interrogar a cualquiera del que haya “duda razonable” de tratarse de un
inmigrante sin papeles - un mandato del fichado racial a escala masiva. Los
inmigrantes legales estarán obligados a llevar documentación que acredite que
tienen derecho a estar en Estados Unidos. Los que no tengan documentación
podrán ser denunciados por el delito de violación de fronteras y encarcelados
hasta un máximo de seis meses.
Los activistas de los derechos de los inmigrantes y de los latinos - y los partidarios del
gobierno cuerdo - celebraron concentraciones durante el fin de semana
denunciando la nueva ley y prometiendo hacer todo lo posible por anularla. Pero
¿dónde estaba el colectivo de protesta fiscal? ¿No es toda la premisa del
movimiento que el gobierno extralimitado constituye una grave amenaza a la
libertad individual? Me parece que una ley que permite a los individuos ser
detenidos e interrogados a capricho - y que obliga a residentes legales a
llevar documentos de identificación, igual que en un estado policial -
provocaría espasmos a los activistas fiscales. ¿O hay algún tipo de excepción
si las personas cuyas libertades se están limitando tienen piel morena y hablan
español?
¿Y cuál es la postura del Senador John McCain? El practicante autodeclarado del “hablemos
claro” fue otrora apasionado defensor de la reforma sensata y moderada de la
inmigración. Ahora, frente a un contrincante en las primarias desde la derecha,
elogia la nueva ley, lo cual está tan alejado de ser sensato como de ser
moderado. ¿Valen de verdad seis años más en el Senado tener que abandonar lo
que parecían ser principios fundamentales? ¿O fueron los principios siempre
posicionales?
Permítame que interrumpa esta diatriba para señalar que mientras que Arizona ha hecho sin
duda las cosas mal, es comprensible que los exasperados funcionarios públicos
creyeran tener que hacer algo. La política de inmigración y seguridad
fronteriza son competencias federales, y Washington ha fracasado
estrepitosamente a la hora de abordar lo que los habitantes de Arizona ven
legítimamente como una crisis.
Arizona se ha convertido en el coladero predilecto de trabajadores sin papeles, y alrededor
de 460.000 están ya dentro del estado - estableciéndose, o simplemente de paso
- en este momento. He conducido hasta la frontera y he visto cómo las
autoridades tratan de seleccionar los camiones y furgonetas que pueden ser transportes
de sin papeles. He pasado una mañana en el consulado mexicano en Phoenix, que
por lo general se llena de inmigrantes recientes; sólo el observador más
ingenuo podría pensar que la mayoría o incluso todos ellos están en el país
legalmente. El influjo coloca una carga injusta sobre el estado, y durante años
los habitantes de Arizona han suplicado a los funcionarios federales que hagan
algo con la reforma de la inmigración y el control de las fronteras - en vano.
Pero esta ley no va a solucionar las cosas. Por el contrario, se crearán más problemas. El alcalde
de Phoenix Phil Gordon - que escribió una columna en el Post llamando a los
defensores de la ley “amargados de mente estrecha y llena de odio” - espera
presentar una demanda contra el Estado alegando que la policía local está
siendo obligada a suplir unas competencias federales.
Uno de los problemas concretos de que la ley trate a los inmigrantes sin papeles como
delincuentes es que da a los sin papeles un poderoso incentivo para mantener
las distancias con las fuerzas del orden. Esto sólo dificultará que la policía
local investigue delitos y persiga a delincuentes prófugos, ya que ningún
testigo potencial sin papeles dirá nada.
¿Y cómo se supone que decidirá la policía de quiénes “duda razonablemente” de estar ilegalmente
en el país? Dado que la gran mayoría de inmigrantes sin papeles en Arizona
proceden de México, la implantación agresiva de la ley exigirá al parecer pedir
los papeles a cualquiera de aspecto un poco mexicano. O quizá sólo poner pegas
a los que parezcan algo mexicanos y también algo pobres. O tal vez a cualquiera
que se atreva a visitar el consulado mexicano.
Arizona está bregando con un problema real y acierta al exigir que Washington ofrezca una
solución. Pero la nueva ley de inmigración no es una solución en absoluto. Es
más un acto de venganza. La ley hace vulnerables a los ciudadanos latinos y los
residentes legales al acoso arbitrario - al relegarlos a una condición de
segunda clase - y es una vergüenza absoluta.
Eugene Robinson
Premio Pulitzer 2009 al comentario político.
© 2009, Washington Post Writers Group
Derechos de Internet para España reservados por radiocable.com
¡Hazte voluntario para traducir al español otros artículos como este! manda un correo electrónico a espagnol@worldcantwait.net y escribe "voluntario para traducción" en la línea de memo.
E-mail:
espagnol@worldcantwait.net
|