Hubo encubrimiento al más alto nivel, acusa el general a cargo de la investigación
Rumsfeld sabía de los abusos en Abu Ghraib meses antes de estallar el escándalo
Paga el gobierno de Bush costos políticos, económicos y de salud por la guerra en Irak
DAVID BROOKS
Nueva York, 19 de junio. Esta semana estalló otro escándalo más en Washington sobre quién sabía
qué y cuándo sobre uno de los episodios más atroces de la invasión
estadunidense de Irak: el caso de la tortura de los presos de Abu
Ghraib.
Seymour Hersh entrevistó por primera vez al general encargado de la investigación del abuso en la
prisión bajo mando estadunidense en Irak, quien le reveló que aún no se
han dado a conocer las peores imágenes de la tortura en Abu Ghraib, que
los altos mandos estaban enterados de esa situación unos cinco meses
antes de que el secretario de Defensa en ese entonces, Donald Rumsfeld,
testificara ante el Congreso que apenas se había enterado, y que el
general fue aislado y finalmente obligado a retirarse del servicio
activo por el informe que rindió sobre el asunto.
Hersh, en una nota publicada en The New Yorker,
reporta que a mediados de enero de 2004 el comando militar ya sabía de
la existencia de más de 100 imágenes de abuso y tortura en Abu Ghraib,
y tenían por lo menos descripciones del contenido de esas imágenes. Sin
embargo, en mayo al testificar ante el Congreso, Rumsfeld y oficiales
del alto mando expresaron que no habían visto las imágenes hasta la
noche anterior de su presentación ante los legisladores.
Una semana antes, Hersh en The New Yorker
y CBS News habían difundido algunas de las descripciones e imágenes del
abuso, obligando a la Casa Blanca a responder que era un caso de
actividades ilegales de un pequeño grupo de soldados, que Estados
Unidos no torturaba y que fue el propio ejército el que descubrió e
investigó el abuso.
El general Antonio Taguba, encargado de la investigación oficial (con severos límites),
informó a Hersh que existían correos electrónicos con descripciones de
lo ocurrido que se enviaban entre los generales encargados de la
guerra, y en el propio Comando Central, así como en altas esferas del
Pentágono, incluso en la misma oficina del secretario de Defensadesde
enero. Pero al reunirse por primera vez con Rumsfeld y su entonces
segundo, Paul Wolfowitz, e integrantes del Estado Mayor, el día antes
de la presentación ante el Congreso, todos indicaron que no habían
visto los detalles ni las imágenes de los abusos.
Taguba informó que algunas de las peores imágenes aún no han sido difundidas,
como una en la que un policía militar estadunidense sodomiza a una
prisionera iraquí. Taguba inició su investigación en enero de 2004, y
entregó su informe en marzo, en la que concluyó, entre otras cosas, que
"numerosos actos de abuso criminal sádico, flagrante y desenfrenado
fueron infligidos a varios detenidos", y que esto fue "un abuso
sistémico e ilegal". Pero a pesar de haber entregado más de una docena
de copias del informe a altos oficiales en marzo, los hombres del
presidente Bush pretendieron jamás haberlo visto hasta mediados de mayo.
Todo indica, señala Hersh, que hubo algún tipo de encubrimiento al más alto
nivel del gobierno de Bush -incluido el propio presidente-, sobre
quién, cuándo y cuánto se sabía de los abusos. El hecho de que después
de presentar su informe, a Taguba se le ordenó ocupar un puesto
marginal dentro de la burocracia y que finalmente fue obligado a
renunciar en enero de este año, demuestran que su labor no fue
bienvenida.
Hoy el editorial del periódico USA Today
opina que "los comentarios de Taguba son un recordatorio de que el
escándalo aún carece de una investigación a fondo que podría explicar
cómo los abusos no sólo ocurrieron en Abu Ghraib, sino también en
Afganistán y en la Bahía de Guantánamo, Cuba, si es que no eran
culpables personas de mayor rango".
Hersh cuestiona la posibilidad de que Rumsfeld y su jefe, el presidente
George W. Bush, no estaban enterados de lo que sucedió. Eso implica que
sí sabían y de algo manera permitieron la tortura.
El artículo de Hersh provocó una respuesta de la Casa Blanca que reiteró
la línea oficial de que el presidente se había enterado del caso por la
televisión y ordenó investigar a fondo el asunto.
Pero a estas alturas la credibilidad del presidente y personas como Rumsfeld
y Wolfowitz es casi nula. El retiro en desgracia de Rumsfeld, ahora de
Wolfowitz de su puesto como presidente del Banco Mundial, y la condena
-si no hay un indulto presidencial- de Lewis Libby, el brazo derecho
del vicepresidente Dick Cheney, son en gran medida costos políticos de
esta guerra, así como la derrota del Partido Republicano en las pasadas
elecciones legislativas.
También hay otro tipo de costos en esta aventura bélica. Además de los más de 3 mil
soldados muertos, más de 22 mil heridos, también se calcula que una
cuarta parte de los militares que regresan de Irak padecen problemas
mentales, reportó el Washington Post. El Pentágono busca contratar a
cientos de siquiatras y sicólogos adicionales para tratar a estos pacientes.
Los veteranos de esas dos zonas de guerra que buscaron ayuda para enfrentar
el llamado "estrés postraumático" se elevan a 45 mil en lo que expertos
dicen es sólo el inicio de una ola de veteranos que regresarán con
problemas mentales, añade el Post. El propio ejército
descubrió que 20 por ciento de sus soldados en Irak padecen problemas
sicológicos de ansiedad, depresión y estrés agudo.
Los costos económicos de la guerra aquí en casa también tienen varias
dimensiones. En los términos más amplios, se puede registrar que el
egreso público de fondos ya supera los 500 mil millones de dólares. Un
informe reciente del Instituto de Investigaciones de Paz Internacional
de Estocolmo calculó que el costo total de la guerra en Irak, si se
incluyen los costos desde el inicio y futuros proyectados hasta 2016,
llegará a 2.3 trillones de dólares.
La aventura bélica de Bush es cada vez más cara para los estadunidenses.
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