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El Mundo no Puede Esperar organiza a las personas que viven en Estados Unidos para repudiar y parar el rumbo fascista iniciado durante el régimen de Bush y evidenciado en las ocupaciones asesinas, injustas e ilegítimas de Irak y Afganistán; la “guerra de terror” global de tortura, rendición extraordinaria y espionaje; y la cultura de discriminación, intolerancia y avaricia. A ese rumbo no le darán marcha atrás los líderes que nos instan a buscar puntos en común con fascistas, fanáticos religiosos e imperio. Solo es posible si la población forja una comunidad de resistencia –un movimiento independiente de grandes cantidades de personas—que, actuando en pro de los intereses de la humanidad, pone fin a dichos crímenes y demanda que se procese a los responsables por ellos.



Del directora nacional de El Mundo No Puede Esperar

Debra Sweet


Invitación a traducir al español
(Nuevo)
03-15-11

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La vigilancia de la NSA trata del poder, no de “seguridad”

Una carta abierta al pueblo de Brasil

Edward Snowden
Common Dreams
17 de diciembre de 2013

Traducido de inglés por El Mundo no Puede Esperar 18 de diciembre de 2013

Esta carta se publicó   hoy en el periódico brasileño A Folha en portugués, y este texto original se proporcionó mediante la página Facebook del esposo de Glenn Greenwald David Miranda:

Seis meses atrás, salí de las sombras de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) de los Estados Unidos para pararme frente a la cámara de un periodista. Compartí con el mundo pruebas de que algunos gobiernos están montando un sistema de vigilancia mundial para rastrear secretamente cómo vivimos, con quién conversamos y qué decimos. Me paré delante de aquella cámara con los ojos abiertos, consciente de que la decisión me costaría mi familia y mi hogar, y que además colocaría en riesgo mi vida. Lo que me motivaba era la idea de que los ciudadanos del mundo merecen entender el sistema dentro del cual viven.

Mi miedo más grande era que nadie escuchara mi aviso. Nunca antes estuve tan feliz de haber estado tan equivocado. La reacción en ciertos países viene siendo especialmente inspiradora para mí, y Brasil es uno de ellos, sin dudas.

En la NSA fui testigo, con creciente preocupación, de la vigilancia de poblaciones enteras sin que hubiera cualquier sospecha de actos criminales. Esa vigilancia amenaza volverse el mayor desafío a los derechos humanos de nuestros tiempos.

La NSA y otras agencias de espionaje nos dicen que, por el bien de nuestra propia “seguridad”, en nombre de la “seguridad” de Dilma, en nombre de la “seguridad” de Petrobras, revocaron nuestro derecho a la privacidad e invadieron nuestras vidas. Y lo hicieron sin pedir permiso a la población de ningún país.

Hoy, cuando una persona anda con un teléfono celular en São Paulo, la NSA puede rastrear y rastrea dónde esa persona está; hace eso 5000 millones de veces por día a personas del mundo entero. Cuando una persona en Florianópolis visita un sitio del Internet, la NSA mantiene un registro de cuándo eso sucedió y de lo que esa persona hizo en ese sitio. Si una madre en Porto Alegre llama por teléfono a su hijo para desearle suerte en un examen, la NSA puede guardar el registro de la llamada por cinco años o más. La agencia incluso guarda registros de quien tuviera una relación extramatrimonial o visitara sitios de pornografía, en caso de que precisen ensuciar la reputación de esas personas.

Los senadores de Estados Unidos nos dicen que Brasil no debería preocuparse, porque no se trata de “vigilancia”, sino de la “recolección de datos”. Dicen que hacen eso para mantener a las personas seguras. Se equivocan. Existe una gran diferencia entre los programas legales, el espionaje legítimo y las acciones legítimas de las agencias del orden público, en los cuales vigilan a los individuos porque les tienen sospechas razonables, y estos programas de vigilancia en masa que colocan a poblaciones enteras bajo una vigilancia omnipresente y guardan las copias para siempre. Estos últimos nunca se motivaron por la lucha contra el terrorismo, sino por el espionaje económico, el control social y la manipulación diplomática. Su motivo es el poder.

Muchos senadores brasileños están de acuerdo y pidieron mi ayuda en investigaciones sobre la sospecha de que se hayan cometido crímenes contra los ciudadanos brasileños. Expresé mi disposición a ayudarlos cuando fuera apropiado y legal, pero infelizmente el gobierno de Estados Unidos viene trabajando arduamente para limitar mi capacidad de hacerlo, llegando al punto de obligar a que el avión presidencial de Evo Morales aterrizara para impedirme que yo viajara a América Latina. Hasta que algún país me conceda el asilo político permanente, el gobierno de Estados Unidos va a continuar interfiriendo con mi capacidad de hablar.

Estos últimos nunca se motivaron por la lucha contra el terrorismo, sino por el espionaje económico, el control social y la manipulación diplomática. Su motivo es el poder.

Seis meses atrás, revelé que la NSA quería escuchar al mundo entero. Ahora el mundo también está escuchando y hablando. Y a la NSA no le gusta lo que oye. La cultura de vigilancia mundial indiscriminada, una vez expuesta a debates públicos e investigaciones reales en todos los continentes, está colapsando. Solo tres semanas atrás, Brasil hizo que el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas reconociera, por primera vez en la historia, que los derechos a la privacidad no terminan donde la red digital comienza y que la vigilancia en masa de personas inocentes es una violación de los derechos humanos.

La marea ha cambiado y finalmente podemos visualizar un futuro en donde podamos disfrutar de la seguridad sin sacrificar nuestra privacidad. Nuestros derechos no pueden ser limitados por una organización secreta, y los funcionarios estadounidenses nunca deberían decidir sobre las libertades de los ciudadanos brasileños. Incluso los defensores de la vigilancia en masa, aquellos que tal vez no se hayan convencido de que las tecnologías de vigilancia han sobrepasado los controles democráticos de manera peligrosa, hoy están de acuerdo en que, en una democracia, la vigilancia al público tiene que ser debatida por ese público.

Mi acto de conciencia comenzó con una declaración: “No quiero vivir en un mundo en que todo lo que digo, todo lo que hago, todos los con quienes hablo, cada expresión de creatividad, de amor o de amistad sea registrado. Eso no es algo que quiero apoyar, no es algo que quiero construir y no es algo bajo el cual quiero vivir”.

Días más tarde, me informaron que mi gobierno me había convertido en una persona sin patria y que quería encarcelarme. El precio de mi discurso fue mi pasaporte, pero estoy dispuesto a pagarlo nuevamente: no seré yo el que ignore la criminalidad en nombre de la comodidad política. Prefiero no tener patria a no tener voz.

Si Brasil escucha solo una cosa de mi parte, que sea la siguiente: cuando todos nos unimos contra las injusticias y en defensa de la privacidad y de los derechos humanos básicos, podremos defendernos hasta de los más poderosos sistemas.

El filtrante Edward Joseph Snowden es un ex contratista técnico estadounidense de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) y ex-empleado de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) que filtró a la prensa detalles de alto secreto sobre los programas de vigilancia en masa de Estados Unidos y Gran Bretaña.


 

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