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El presidente de EEUU en Oslo
El discurso de rechazo de Obama
David Swanson
After Downing Street
12 de diciembre de 2009
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
No fue un discurso de aceptación del premio de la paz.
Fue un comercial informativo por la guerra. El presidente Obama se llevó el
premio de la paz, pero dejó en Oslo su elogio a la guerra, sus justificaciones
de la guerra, y su visión de un enfoque alternativo y más pacífico del mundo
formado por sanciones económicas asesinas.
Algunos puntos destacados:
“Y luego hay hombres y mujeres alrededor del mundo que han sido encarcelados y golpeados en su búsqueda de la
justicia; gente que trabaja en organizaciones humanitarias para aliviar el
sufrimiento; millones en el anonimato cuyos silenciosos actos de valentía y
compasión inspiran incluso a los cínicos más empedernidos. No puedo contradecir
a quienes piensan que estos hombres y mujeres –algunos conocidos, otros
desconocidos para todos excepto para quienes reciben su ayuda– merecen este honor
muchísimo más que yo.”
Pero usted los contradijo. Los contradijo al aceptar el premio – y al utilizar a continuación argumentos
falsos a favor de la guerra:
“La guerra, de una forma u otra, surgió con el primer hombre. En los albores de la historia, no se
cuestionaba su moralidad; simplemente era un hecho, como la sequía o la
enfermedad, la manera en que las tribus y luego las civilizaciones buscaban el
poder y resolvían sus discrepancias.”
Esto, simplemente, no vale para todas las tribus y civilizaciones, a menos que incluyamos la realización
de guerras como un criterio para ser considerado civilizado.
“Surgió el concepto de “guerra justa”, que proponía que la guerra solamente se justifica cuando cumple con
ciertas condiciones previas: si se libra como último recurso o en defensa
propia; si la fuerza utilizada es proporcional y, en la medida posible, si no
se somete a civiles a la violencia.”
¿Cómo se atreve alguien responsable por ocupaciones ilegales y ataques aéreos y el uso de drones sin
tripulación a decir estas palabras? (Responsable, es decir, debido a que el
Congreso y nosotros el pueblo no fuimos capaces de impedirlo.)
“Estados Unidos lideró al mundo en el desarrollo de una estructura para mantener la paz: un Plan Marshall
y Naciones Unidas, mecanismos para regir la manera en la que se libran guerras,
los tratados para proteger los derechos humanos, evitar el genocidio y
restringir las armas más peligrosas.”
¿Cómo se atreve un presidente que se niega a apoyar un tratado sobre las minas terrestres a utilizar estos
términos? ¿Se supone que no veamos las acciones y sólo escuchemos las palabras?
“Hago esta afirmación consciente de lo que Martin Luther King dijo en esta misma ceremonia hace años:
‘La violencia nunca produce paz permanente. No resuelve los problemas sociales:
simplemente crea problemas nuevos y más complicados’”
Muy sabio. Muy verdadero. Y violado totalmente por las acciones de Barack Obama y la mayor parte de las
palabras en este discurso. ¿Se supone que oigamos estas palabras en una parte
diferente de nuestros cerebros del resto del discurso y su propugnación de la
guerra?
“Un movimiento no violento no podría haber detenido los ejércitos de Hitler. La negociación no puede
convencer a los líderes de Al Qaeda a deponer las armas.”
Ahora un grupo de menos de 100 individuos coléricos en Afganistán, y sus aliados en otros sitios son el
equivalente aproximado de los “ejércitos de Hitler” y justifican la brutal
ocupación de una nación por decenas y cientos de miles de soldados y mercenarios,
tanques y aviones, y drones sin tripulación. Y negociaciones, con los talibanes
y con quien sea, no son posibles porque… porque… bueno, por esa retórica sobre
los ejércitos de Hitler.
“Estados Unidos de Norteamérica ha ayudado a garantizar la seguridad mundial durante más de seis
décadas con la sangre de nuestros ciudadanos y el poderío de nuestras armas. El
servicio y sacrificio de nuestros hombres y mujeres de uniforme han promovido
la paz y prosperidad desde Alemania hasta Corea, y permitido que la democracia
eche raíces en lugares como los países balcánicos. Hemos sobrellevado esta
carga no porque queremos imponer nuestra voluntad. Lo hemos hecho por un
interés propio y bien informado:…”
Un estudio del Servicio de Investigación del Congreso (CRS) de 1993 de los registros del Centro Histórico
Naval de la Armada de EE.UU. identificó “234 casos en los que EE.UU. ha
utilizado sus fuerzas armadas en el extranjero en situaciones de conflicto o de
conflicto potencial o para otros propósitos que no son normales en tiempos de
paz” entre 1798 y 1993. Esta lista no incluye acciones clandestinas o acuerdos
de fuerzas de ocupación y de bases posteriores a la Segunda Guerra Mundial. En
una reseña de 2006 de este estudio y dos otros, Gar Smith estableció que “en
los 230 años de existencia de nuestro país, ha habido 31 años en los que tropas
de EE.UU. no estuvieron activamente involucradas en importantes aventuras
armadas en costas extranjeras.” En otras palabras, menos de un 14% de los días
de EE.UU. han sido pacíficos. En 2006 había 192 Estados miembro de Naciones
Unidas. Durante los últimos dos siglos, EE.UU. ha atacado, invadido,
patrullado, derrocado u ocupado a 62 de ellos. (Lea más, en inglés)
“…considero que todos los países, tanto fuertes como débiles, deben cumplir con estándares que rigen el uso de fuerza.
Yo, como cualquier jefe de Estado, me reservo el derecho de actuar
unilateralmente si es necesario para defender a mi país.”
La Carta de Naciones Unidas, de la cual es parte EE.UU., y que es por lo tanto la ley suprema de EE.UU. bajo
el Artículo VI de la Constitución no es aparentemente un estándar que gobierne
el uso de la fuerza, ya que el presidente Obama acaba de descartarla en una
declaración de la Doctrina Obama que parece indistinguible de la así llamada
doctrina Bush. Obama luego redobla con una doctrina de guerra humanitaria de
Bush I/Clinton:
“Creo que se puede justificar la fuerza por motivos humanitarios, como fue el caso en los países balcánicos o
en otros lugares afectados por la guerra. La inacción carcome nuestra
conciencia y puede resultar en una intervención posterior más costosa. Es por
eso que todos los países responsables deben aceptar la noción de que las fuerzas
armadas con un mandato claro pueden ejercer una función en el mantenimiento de
la paz.”
Obama equipara la acción no militar, la acción no hostil, con la inacción pura y simple. ¿Dónde está la
ayuda? ¿Dónde está la diplomacia? ¿Dónde está la cooperación? ¿Por qué todas
esas actitudes no hostiles ante otras naciones no aparecen en el texto de un
discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz a sólo 25 años de 1984?
“La paz requiere responsabilidad. La paz conlleva sacrificio. Es por eso que la OTAN continúa
siendo indispensable.”
¿Qué se puede decir para hacer que esa declaración sea menos persuasiva de lo que ya es? Tal vez esto:
“Es por eso que prohibí la tortura. Es por eso que ordené que se clausure la prisión en la Bahía de
Guantánamo. Y es por eso que he reiterado el compromiso de Estados Unidos de
cumplir con el Tratado de Ginebra.”
La tortura era ilegal internacionalmente y en el código legal de EE.UU. antes que Obama llegara a ser
presidente. Instruyó públicamente al Fiscal General de EE.UU. para que no
impusiera esas leyes. Reivindicó el poder de “entregar” gente a otras naciones
donde podrían ser torturadas. Su director de la CIA y un alto asesor
presidencial han afirmado que el presidente tiene el poder de torturar si
decide hacerlo. Y el presidente Obama afirma aquí que tiene el poder para
prohibir o no prohibir la tortura, escupiendo a la cara de la idea misma del
vigor de la ley. La prisión de Guantánamo no ha sido cerrada, y el transporte
de esos prisioneros a Illinois o Bagram o a cualquier otra prisión de EE.UU. no
regida por la ley no hará que EE.UU. cumpla con las Convenciones de Ginebra.
“He hablado extensamente sobre asuntos que debemos sopesar con la razón y el corazón cuando optamos por librar
guerra. Pero permítanme pasar ahora a nuestro esfuerzo por evitar opciones tan
trágicas y hablar sobre tres maneras en que podemos promover una paz justa y
duradera.”
Por fin, a mitad del discurso, se nos presenta una gota de esa sustancia tóxica con marca de fábrica: la
esperanza. Basta con tragarse una buchada de esto:
“En primer lugar, al tratar con aquellos países que trasgreden normas y leyes, creo que debemos desarrollar
alternativas a la violencia que son suficientemente firmes como para cambiar la
conducta, pues si queremos una paz duradera, entonces las palabras de la
comunidad internacional deben tener peso. Se debe hacer que aquellos regímenes
que van en contra de las normas rindan cuentas por sus actos. Las sanciones
deben conllevar un escarmiento real. La intransigencia debe combatirse con
mayor presión, y esa presión existe sólo cuando el mundo actúa al unísono.”
Dejemos a un lado la hipocresía del habla del globalismo y del vigor de la ley de parte de un
comandante en jefe que escala las guerras y ocupa 177 naciones en todo el
mundo. El mensaje es que una alternativa decente a la guerra son sanciones
agobiantes que “conlleven un escarmiento real”. La sabiduría de una visión no
violenta creativa no ha sido interiorizada. Y el presidente no desarrolla mucho
más la idea, volviéndose en su lugar a las armas nucleares:
“…y quienes tienen armas nucleares deben procurar el desarme. Me he comprometido a plasmar este tratado.
Es el eje de mi política exterior. Y estoy trabajando con el Presidente
Medvedev para reducir las reservas de armas nucleares de Estados Unidos y
Rusia. Pero también nos incumbe a todos insistir en que países como Irán y
Corea del Norte no jueguen con el sistema. Quienes afirman respetar las leyes
internacionales no deben hacer caso omiso de cuando se incumplen dichas leyes.”
EE.UU. no procura seriamente el desarme, desarrolla nuevas armas nucleares, viola claramente el Tratado de
No Proliferación Nuclear. E Irán no lo viola.
“Estados Unidos nunca ha librado una guerra contra una democracia, y nuestros amigos más cercanos son
los gobiernos que protegen los derechos de sus ciudadanos.”
El presidente Obama, en su famoso discurso de Oriente Próximo hace algunos meses reconoció admirablemente
el derrocamiento por EE.UU. de un presidente democráticamente elegido en Irán,
y la instalación de un dictador – quien, como muchos dictadores entonces y
ahora, fue uno de nuestros amigos más cercanos. El gran éxito en el derecho
internacional en los últimos años ha sido el precedente establecido por
fiscales que trataban de hacer rendir cuentas a Augusto Pinochet. ¿Alguien
recuerda cómo llegó al poder?
“Entonces, incluso mientras respetamos las culturas y tradiciones particulares de diferentes países,
Estados Unidos siempre será una voz para las aspiraciones universales.”
Por cierto.
“Permítanme decir esto también: la promoción de los derechos humanos no puede limitarse a la
exhortación. A veces, debe ir acompañada de laboriosa diplomacia. Sé que el
trato con regímenes represivos carece de la grata pureza de la indignación. Pero
también sé que las sanciones sin esfuerzos de alcance –y la condena sin
discusión– pueden mantener un status quo agobiante. Ningún régimen represivo
puede ir por un nuevo sendero a no ser que tenga la opción de una puerta
abierta.”
Y ahí, cuando este discurso reprensible se acerca a su fin, están las palabras con las que debiera haber
empezado, las palabras desmentidas por el ímpetu de todo lo demás y por las
acciones del hombre que las estaba pronunciando. Y luego hubo un poco más:
“…una paz justa incluye no sólo derechos civiles y políticos, sino que debe abarcar la seguridad económica
y las oportunidades, pues la paz verdadera no es solamente la falta de temor,
sino también la falta de privaciones.”
Una declaración amarga si es escuchada por el pueblo de Afganistán o el de EE.UU. de boca de un presidente
que ha actuado para desviar nuestros recursos hacia arriba para Wall Street y
hacia abajo para bombas y bases. Pero, a pesar de ello, es verídica y vale la
pena repetirla.
No imaginemos, sin embargo, que George W. Bush no habría dicho lo mismo. Simplemente lo hubiera dicho con
un presupuesto militar más pequeño, un presupuesto de guerra más pequeño, menos
soldados en el terreno, menos mercenarios en el terreno, bases en menos países,
y una gramática peor.
…
David Swanson es autor del nuevo libro "Daybreak:
Undoing the Imperial Presidency and Forming a More Perfect Union" de Seven
Stories Press. http://davidswanson.org/book.
Fuente: http://www.afterdowningstreet.org/node/48291
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