Una visita al soldado de Wikileaks, Bradley Manning
David Leigh
10 de abril de 2011

El soldado estadounidense Bradley Manning está recluido en condiciones inhumanas en una
prisión militar acusado de proporcionar información secreta a Wikileaks. Cada
semana un amigo suyo de Boston acude a visitarlo.
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Llegar a ver al prisionero Bradley Manning,
actualmente encadenado como si se tratase de un animal salvaje, es muy difícil.
Sin embargo, David House viaja regularmente con destino a la prisión militar
que recluye a este pequeño soldado estadounidense de poco más de 5 pies de
altura [un poco más de un metro cincuenta]. House, un investigador informático
de 23 años del Massachusetts Institute of Technology (MIT) amigo de Manning,
abandona Boston cada dos semanas un viernes por la tarde después de trabajar:
"Inmediatamente me marcho a casa, cojo mi mochila militar, meto en ella un
montón de calcetines y ropa cómoda y salto a un tren Amtrak con dirección a
Washington D.C. Es un viaje de siete a ocho horas."
Mientras viaja en el tren nocturno, una de
las cosas que House intenta hacer es sacarse de la cabeza los insultos y
amenazas que recibe por correo electrónico debido a su ayuda al joven solitario
acusado de ser el "hacktivista" detrás de los escándalos
recientemente revelados por Wikileaks. "Recibo probablemente entre 10 y 15
correos electrónicos de ese tipo cada día. Son un montón, pero sólo uno o dos a
la semana son auténticas amenazas de muerte."
House llega a Washington D.C. a las seis de
la madrugada. Con frecuencia se registra en un hostal barato para estudiantes
cerca de la estación de tren antes de alquilar un coche para dirigirse 36
millas (57 kilómetros) en dirección sur por la Interestatal 95 hasta Quantico,
en el estado de Virginia. Es importante llegar el sábado al mediodía. Demasiado
pronto y los guardias le rechazan, demasiado tarde y ha de aguardar unas horas,
de acuerdo con los estrictos períodos de visita de fin de semana, entre las
doce y las tres de la tarde. Reconoce que al menos él tiene suerte de estar en
la lista de visitas. Que pudiese demostrar ser amigo de Manning fue de gran
ayuda. Hace un año House y Manning se encontraron cuando el joven soldado
apareció en una conferencia de hackers organizada por House. "Un
chaval de Alabama", recuerda House de Manning, quien había conseguido
acceder, por méritos intelectuales propios, en la élite hacker de la
Universidad de Boston y el MIT.
"Estaba claro que Bradley estaba de
algún modo metido en la cultura hacker", recuerda House. "Pero
parecía un poco un outsider. Bradley obviamente había dormido bien, no
había estado trasnochando durante varios días, iba bien peinado, se había
duchado. No iba sucio, como iría un típico hacker", ríe.
"¡Sobre todo en Boston! Estas personas no se afeitan durante días, huelen
mal. Todo esto son características de los intelectuales que están comprometidos
u obsesionados hasta este punto con sus pasiones. Es como un distintivo de
honor. Si alguien está preocupado de algún modo por su apariencia, entonces no
se mezcla muy bien con la escena académica hacker de Boston."
House se anima con este tema y cita el Manifiesto
hacker, un ensayo de 1986 escrito por el conocido pirata informático Loyd
Blankenship: "Sí, soy un criminal. Mi crimen es ser curioso. Mi crimen es
juzgar a la gente por lo que dicen y piensan y no por su apariencia. Mi crimen
es el de ser más listo que tú, algo que nunca me perdonarás. Soy un hacker
y éste es mi manifiesto."
La familia de Manning dice que el joven
soldado nunca debería haber sido destinado en Irak, y que ya mostraba síntomas
de depresión antes de ser enviado allí. Este tipo de piratería informática, en
la cual fue introducido durante sus vacaciones por un novio de Boston, parecía
un ambiente que podría haberle salvado. El soldado de 22 años había salido
recientemente del armario como homosexual, tenía una infancia desgraciada y una
relación problemática con su padre, un antiguo militar estadounidense que se
había casado y divorciado de la madre de Manning en Gales. Manning era un
soldado atípico, que en sus chapas de identificación había dado
"humanista" como religión y tenía sus propias opiniones políticas. Se
había unido al ejército estadounidense como analista de inteligencia, más que
nada, según House, para poder recibir después la ayuda financiera concedida a
los soldados para estudiar según la conocida GI Bill. "Me dijo que quería
ir a la universidad y conseguir un diploma en física y una licenciatura en
ciencias políticas: para eso estaba allí disparando, por este compromiso
intelectual."
¿Así fue Manning arrastrado a la 'cultura hacker'?
"Sí, eso diría. Es una comunidad muy creativa, muy seductora. Se trata de
personas que aparentemente no tienen límites. Cuando entras en contacto con
esta cultura, que te proporciona tanta energía, puede atraparte." Houses
hace una ligera pausa. "En el buen sentido de la palabra, quiero
decir."
Los viajes matutinos de House cada sábado
terminan ante las puertas de la base del cuerpo de Marines de Quantico. Manning
llegó en avión aquí directamente desde Oriente Medio el año pasado y fue
encerrado acusado de haber hackeado las bases de datos militares, a las
que tenía acceso gracias a su pase "secreto", y haber proporcionado
información a Julian Assange y su organización, Wikileaks. Manning había sido
detenido tras la aparición del vídeo que muestra a un helicóptero Apache
matando a 12 civiles irakíes en el 2007. Más tarde Assange sacó a la luz
250.000 cables diplomáticos y entregó los informes sobre el terreno de los
militares en Afganistán e Irak a varios periódicos, incluyendo el Guardian,
que publicaron algunos de ellos, lo que motivó un terremoto en la opinión
pública internacional.
Desde entonces las duras condiciones del
encarcelamiento de Manning –sin haber sido condenado ni juzgado– son motivo de
una creciente preocupación, culminando en las declaraciones del portavoz de
Hillary Clinton, Philip Crowley, ante la audiencia de un seminario de Boston:
"Lo que se le está haciendo a Bradley Manning es ridículo y
contraproducente y estúpido por parte del departamento de defensa."
Crowley poco después fue obligado a dimitir.
House también ha de soportar el trato
desabrido del ejército estadounidense cuando se detiene ante la caseta de
guardia en Quantico. "Recientemente se ha convertido en algo muy duro. El
guardia aparenta ser cortés. Pero tengo que detenerme. Me obligan a
identificarme y dan una señal por radio. Levantan la barrera y aparecen todos
esos tipos con escopetas. Entonces tengo que esperar unos veinte minutos a una
escolta. Llegan dos jeeps negros y te acompañan a la base, dos o tres millas,
muy lentamente, con las luces en marcha. Ahora mismo se tarda unos 30 minutos
desde la entrada."
A Manning sólo se le permiten visitan los
sábados y domingos. El resto de la semana es mantenido en una celda 23 horas al
día, alimentado con una dieta diaria de pastillas antidepresivas, se le prohíbe
practicar ejercicio en su celda y se le despierta a la fuerza si trata de
dormir durante el día. Está sujeto continuamente a una "máxima
custodia" y también a la denominada orden para la "prevención de
lesiones", la cual, entre otras cosas, le priva de su ropa durante la
noche, así como de una cama y unas sábanas normales, que son sustituidas por
unas sábanas que describe como el delantal de plomo que emplean los operarios
de máquinas de rayos X. No se le permite tener ninguna posesión personal.
Los problemas se incrementaron después de una
pequeña manifestación en las puertas de Quantico. Entonces fue puesto bajo la
denominada "vigilancia de suicidio". Escribió una carta de protesta,
que envió a su abogado, un teniente coronel en la reserva del ejército:
"Se han llevado toda mi ropa, con la excepción de mi ropa interior. Se han
llevado mis gafas y me han obligado a sentarme básicamente a ciegas."
Escribe: "Me enfadé. De pura frustración, me llevé las manos a la cabeza y
grité: '¿Por qué me estáis haciendo todo esto? ¿Por qué me estáis castigando?
¡Yo no he hecho nada malo!'"
La vigilancia por suicidio fue retirada tras
las protestas, pero tras el rechazo de una apelación para rebajar su estatuto
al de un prisionero común, aparecieron nuevas indignidades. Manning dice que
cometió el error de decir sarcásticamente que no dudaría en causarse daño con
sus bóxer elásticos durante la noche. Se llevaron su ropa interior y ahora ha
de pasar revista desnudo.
Tras su llegada escoltada a la cárcel, un
edificio de un solo piso rodeado de una alambrada de espino de 20 pies (6
metros) de alto, House es registrado y se le requiere entregar todas sus
posesiones. "Toman tu teléfono, tus bolígrafos, todos tus documentos de
identidad." Señala su brazalete, hecho con una cuerda de paracaídas negra.
"Se llevan este brazalete y virtualmente todo, menos la ropa que llevas
puesta. Te guían y entras en la sala de espera. Entonces ordenan a abrir las
puertas en el celda, y se pueden oír todas estas puertas hidráulicas abriéndose
allí detrás. Durante un momento no se oye más que silencio, y después oyes las
cadenas..."
"Puedes oír a Bradley llegar desde mucho
antes debido a todas las cadenas que lleva: sus pies están encadenados, y desde
allí parte una cadena hasta un cinturón de cuero alrededor de su cintura. Sus
manos están encadenadas a él y no puede moverlas libremente."
La habitación está dividida por una pantalla
de vidrio antibalas con un pequeño agujero para mantener las conversaciones. La
figura delgada de Manning se arrastra hasta sentarse en un taburete atornillado
al suelo. Tres corpulentos guardias del cuerpo de Marines se encuentran en todo
momento en guardia a poca distancia de él, mientras un micrófono en el techo
registra todo lo que dice, y un cuarto guardia patrulla tras la puerta por la
que House ha entrado.
"Luces fluorescentes, gruesos muros de
cemento, guardias armados y con cadenas: ésa es la situación en la que
conversamos. Yo no lo llamaría precisamente relajante..." House ríe un
poco.
Dice que Manning rara vez escribe cartas:
"Ha de tomarse una medicación antidepresiva que el ejército le entrega,
inmediatamente antes de la hora en que se le permite ver la televisión,
escribir, o ducharse. Le parece muy difícil escribir bajo la influencia de
estos antidepresivos. Algunos días ni siquiera le proporcionan un bolígrafo
para poder hacerlo."
Tampoco recibe mucha correspondencia.
"Hacia las pasadas Navidades hubo una campaña para enviarle cartas. Pero
me dijo: 'Por favor, no lo hagáis. Sobrecargará a la prisión y enfadará al
personal."
Al comienzo, Manning y House tuvieron lo que
este último describe como "conversaciones fantásticas". "Tuvimos
una conversación realmente filosófica sobre la naturaleza de Internet. Hablamos
sobre este término, que no sé si acuñó él, neurosociología. La idea de que la
humanidad está ahora conectada mediante Internet, que Internet es como un
sistema nervioso de la humanidad, que les permite a la organizarse de manera
mucho más rápida y veloz. ¿Qué es lo que eso significa para nosotros desde un
punto de vista antropológico?"
La imagen se tornó más sombría, empero, a
medida que avanzaron los meses de prisión, afirma House. Tras el episodio de
vigilancia suicida, dice, Manning parecía "catatónico" y exhausto.
Pero se animó tras recibir un pequeño flujo de visitas familiares. Su madre
galesa, Susan, viajó el mes pasado acompañada de sus tíos, que también viven en
Gales. Se les impidió visitarle alegando que "no estaban en la lista"
y hubieron de esperar en el aparcamiento de la prisión. Su padre, Brian
Manning, se ha vuelto a casar y, a pesar de su propio pasado militar, también
le visita y ha hecho declaraciones públicas denunciando las condiciones de su
hijo en prisión.
La diputada galesa Ann Clwyd ha empuñado
discretamente también la bandera de este caso, impresionada por la situación de
la familia de Manning y por la razón alegada por éste para el desafecto
definitivo hacia el ejército: lo que le impresionaron las injusticias
experimentadas por los detenidos iraquíes, y la indiferencia de sus superiores
militares estadounidenses.
En el Reino Unido Amnistía Internacional ha
mostrado una preocupación similar. El director de las campañas internacionales
de la organización en el Reino Unido, Tim Hancock, declaró lo siguiente:
"Hemos oído que Bradley Manning es obligado a quitarse cada noche toda la
ropa y a pasar revista, desnudo, cada mañana, para poder recuperarla. Esto es
completamente degradante y no tiene ningún otro fin que castigarle y
humillarle, dado que ya se encuentra bajo una estricta supervisión. Manning
está siendo objeto de un trato cruel, inhumano y degradante. Esto es
particularmente inquietante si se considera que ni tan siquiera ha sido juzgado
y mucho menos aún condenado por crimen alguno."
Este joven, acusado de ser el responsable de
la mayor filtración de la historia del periodismo, está, no obstante,
aparentemente a la entera merced de sus superiores: seguirá alistado como
hombre en servicio hasta finales del mes de octubre de este año, y, por lo
tanto, sujeto a la disciplina y orden castrense.
En la último cambio de sus condiciones,
Manning ha sido acusado de 22 nuevos crímenes, incluyendo el de "ayuda al
enemigo", potencialmente castigado con la pena de muerte. Según sus
defensores, esta pequeña figura cargada de cadenas en una prisión de Quantico debe
representar en verdad algo terrible para el ejército estadounidense.
David Leigh es uno de los editores de The
Guardian
Traducción para www.sinpermiso.info: Àngel Ferrero
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