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El Mundo no Puede Esperar moviliza a las personas que viven en Estados Unidos a repudiar y parar la guerra contra el mundo y también la represión y la tortura llevadas a cabo por el gobierno estadounidense. Actuamos, sin importar el partido político que esté en el poder, para denunciar los crímenes de nuestro gobierno, sean los crímenes de guerra o la sistemática encarcelación en masas, y para anteponer la humanidad y el planeta.




Del directora nacional de El Mundo No Puede Esperar

Debra Sweet


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Andy Worthington habla sobre Guantánamo en la televisión suiza

24 de septiembre de 2009
Andy Worthington

El lunes tuve el placer de ser entrevistado por la Televisión Nacional Suiza (SF) para un reportaje de diez minutos titulado “Geheimakte Guantánamo”, emitido en el canal principal, SF1. El programa se emitió tras el anuncio de que el Gobierno suizo estaba barajando la posibilidad de acoger a hasta cuatro presos de Guantánamo que han sido absueltos, pero que no pueden ser repatriados por temor a que sufran torturas en sus países de origen, y de que representantes del Gobierno habían visitado recientemente Guantánamo para revisar los casos de los cuatro hombres —al parecer, dos uigures, un uzbeko y un palestino.

Tendrás que entender alemán para seguir la entrevista —y el resto del programa, por cierto—, pero me alegró que me pidieran que explicara cómo los prisioneros habían acabado en Guantánamo sin que nadie supiera realmente quiénes eran, ya que la mayoría fueron entregados por los aliados afganos o paquistaníes de los estadounidenses, en una época en la que era habitual el pago de recompensas por “sospechosos de pertenecer a Al Qaeda y los talibanes”, y también porque, una vez que acabaron bajo custodia estadounidense, nunca se les sometió a un examen adecuado para determinar si eran o no combatientes.

También tuve la oportunidad de explicar cómo gran parte de las supuestas «pruebas» contra los presos se obtuvieron de otros presos, o de los propios presos, en circunstancias dudosas (que implicaban, por un lado, coacción o tortura y, por otro, soborno; en otras palabras, “confesiones” a cambio de mejores condiciones de vida), y a destacar cómo estas circunstancias poco fiables —y los “mosaicos” de pruebas igualmente poco fiables acumulados por los servicios de inteligencia— no han logrado convencer a los jueces en 30 de las 37 peticiones de hábeas corpus sobre las que se ha dictado sentencia hasta ahora en los tribunales de distrito de EE. UU. (como expliqué detalladamente en una serie de artículos aquí, aquí y aquí, con actualizaciones aquí y aquí).

Por consiguiente, aunque no se me han solicitado detalles concretos sobre los hombres en cuestión, soy consciente de que no debería haber ningún obstáculo para que cualquier país de Europa (o de cualquier otro lugar) acoja a los uigures (ya que la Administración Bush retiró de forma espectacular todos los cargos contra ellos el año pasado), ni, lo que es más importante, que debería haber ningún obstáculo para que ningún país acoja tampoco a otros presos absueltos, ya que su traslado fue aprobado por las juntas de revisión militar durante la administración Bush, sus recursos de hábeas corpus han sido aprobados por los tribunales estadounidenses o su puesta en libertad ha sido aprobada recientemente por el Grupo de Trabajo Interinstitucional sobre Guantánamo de la administración Obama, creado el segundo día del mandato del presidente Obama.

El hecho de que puedan persistir dudas sobre algunos de estos hombres (y en Suiza, como en otros lugares, parece que los debates sobre el reasentamiento de los presos se dividen en gran medida entre conservadores y liberales) tiene menos que ver con la calidad de las “puebas” en su contra y más con el hecho de que el presidente Obama no haya reconocido suficientemente los fallos crónicos de las políticas de detención de la administración Bush en la “guerra contra el terrorismo” (lo que ha permitido a sus oponentes tomar la iniciativa y aprobar leyes que impiden el reasentamiento de cualquier preso en Estados Unidos) y, tal vez, con que visitar Guantánamo para revisar los expedientes militares no sea la mejor manera de obtener una visión equilibrada de los presos. En el caso de los uigures, además, la situación se complica aún más por el temor a que la acogida de cualquiera de estos hombres provoque una ruptura diplomática con la República Popular China.

Para contribuir a poner fin a la abominación que supone Guantánamo, los países europeos deben ignorar el revuelo mediático y tener la seguridad de que el Gobierno de EE.UU. no tiene intención alguna de liberar a presos que puedan suponer una amenaza para nadie. También podrían, en privado, pedir al presidente Obama que se pronuncie con más claridad al respecto y que les ayude a explicar a sus propios ciudadanos por qué se les pide que arreglen el desastre que dejó la administración Bush, mientras que los propios Estados Unidos se niegan a hacer lo mismo.


 

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