Ni se pone fin a la “Guerra contra el Terror” ni se cierra “Guantánamo”
Andy Worthington
Andyworthington.co.uk
17 de mayo de 2011
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández
Tras la muerte de Osama bien Laden, hay una oportunidad perfecta para que
la administración Obama ponga fin a la “guerra contra el terror” que dura ya
una década, se retire de Afganistán y cierre la prisión en la Bahía de
Guantánamo, Cuba.
La justificación de ambas aberraciones, tanto de la invasión de Afganistán
(en octubre de 2001) como de la detención de prisioneros en la cárcel
Guantánamo (que se abrió en enero de 2002), se halla en la Autorización
para el Uso de la Fuerza Militar (AUFM), aprobada por el Congreso el 14 de septiembre de 2001, justo tres
días después de los ataques del 11/S.
Bajo la AUFM, el presidente está “autorizado a utilizar toda la fuerza
necesaria y adecuada contra aquellas naciones, organizaciones o personas que él
determine que planearon, autorizaron, cometieron o ayudaron en los ataques
terroristas que se produjeron el 11 de septiembre de 2001, o que albergaron a
esas organizaciones o personas, a fin de impedir cualquier acto futuro de
terrorismo internacional contra los Estados Unidos por parte de esas naciones,
organizaciones o personas”.
En 2004, en Hamdi v. Rumsfeld, el Tribunal Supremo confirmó que la AUFM autoriza también la detención de
las personas retenidas como consecuencia de las actividades del presidente
aunque, como explicó el profesor de derecho Curtis Bradley la pasada semana en
el blog Lawfare: “La
opinión mayoritaria de la jueza O’Connor en Hamdi dejó claro que el
Tribunal estaba decidiendo sólo la autoridad que debía proceder a las
detenciones en relación con las operaciones tradicionales de combate en el
escenario afgano”. Bradley señalaba también: “En cuanto a la duración adecuada
de la detención, O’Connor evitó en gran medida la cuestión, aunque se refirió a
la capacidad tradicional bajo las leyes internacionales de la guerra para
detener a los individuos hasta “el cese de las hostilidades activas”.
Con la muerte de bin Laden, debería estar ahora abierta la ruta para que el
presidente afirmara que ha utilizado “toda la fuerza necesaria y apropiada
contra aquellas naciones, organizaciones o personas que se determinó que
planearon, autorizaron, cometieron o ayudaron en los ataques terroristas que se
produjeron el 11 de septiembre de 2011”, y salir de una ciénaga en la que es
imposible la victoria como es la ocupación actual de Afganistán.
Además, con la retirada de tropas de Afganistán, la justificación para
retener hombres en Guantánamo desaparecería asimismo, y el gobierno tendría la
oportunidad de volver a las políticas de detención que a todos nos servían
perfectamente bien antes de los ataques del 11/S: procesar a los implicados en
supuestas actividades terroristas en tribunales federales y mantener a los
soldados como prisioneros de guerra, protegidos por los Convenios de Ginebra,
liberándoles al finalizar las hostilidades.
Sin embargo, eso es demasiado sensible para podérselo sugerir a quienes más
que aceptar la muerte de bin Laden como el final lógico de una década de
“guerra” que ha sido ruinosamente cara y moral y legalmente desastrosa, y que
también ha provocado una pérdida constante de vidas, quieren hacer exactamente lo
contrario: un trampolín para una “guerra mayor aún contra el terror” y una
cínica excusa para mantener abierto para siempre Guantánamo.
Sobre el primer punto, con referencia a la AUFM, una versión del proyecto de ley de defensa de 2012, que actualmente se encuentra en el Comité de
Servicios Armados del Congreso y que se conoce como la “marca del presidente”
debido al papel jugado en su desarrollo por el presidente del comité, el
republicano Buck McKeon, propone actualizar la AUFM en vez de abolirla, para
“reflejar”, como Spencer Ackerman explicó en un >artículo para Wired,
“que la Al-Qaida actual es de alguna manera diferente de la organización que
atacó a los EEUU el 11/S”. Ackerman añadía: “Aunque la Autorización original
vinculaba la guerra con los responsables, directa o indirectamente, del 11/S,
el nuevo lenguaje autoriza ‘un conflicto armado con al-Qaida, los talibanes y
las fuerzas asociadas con ellos’ por cuanto ‘esas entidades continúan
representando una amenaza para EEUU y sus ciudadanos’”.
El republicano McKeon ha venido postulando >desde el pasado otoño que el Congreso tiene que aprobar, o desaprobar, el actual estado de
guerra de EEUU, pero que hay que incluir esa revisión en la AUFM -ampliando
potencialmente la “guerra contra el terror”, con la aprobación explícita del
Congreso, “a Pakistán, Yemen o cualquier lugar que el presidente perciba como
amenaza y en el que desee actuar-, lo cual representa una “gran ampliación de
la autoridad del ejecutivo”, en palabras de Spencer Ackerman, y, según Karen
Greenberg, directora ejecutivo del Centro para la Ley y la Seguridad de la
Universidad de Nueva York, está próximo al “escalofrío terrorista”. Es también,
en opinión de Greenberg, precipitado. Antes de pensar en expandir la “guerra
contra el terror”, explica, EEUU “necesita primero asimilar lo que significa la
muerte de bin Laden. Tenemos que pararnos y pensar y volver a pensar. La idea
de que vamos a seguir reaccionando y que no vamos a detenernos para reflexionar
es inaceptable”.
Desde mi punto de vista, la propuesta para la AUFM, así como la apertura de
nuevos “campos de batalla” sin el necesario análisis, aporta también nueva vida
a un problema que ha plagado la “guerra contra el terror” desde el principio, y
que debería estar ya llegando a su fin en vez de pretender sostenerlo de forma
indefinida: confundir a los talibanes que combaten un conflicto militar en
Afganistán (y en las zonas pastunes de Pakistán) con al-Qaida, una organización
terrorista.
Esa falta de distinción entre los talibanes y al-Qaida ha estado
perjudicando a los detenidos en Guantánamo, a quienes se etiquetó de
“combatientes enemigos” y se les disfrazó de terroristas, como la reciente publicación
de WikiLeaks de documentos militares clasificados
relativa a los prisioneros ha mostrado, cuando,
en realidad, la prisión no ha tenido nunca más de unas pocas docenas de prisioneros realmente acusados de estar implicados en
actos terroristas. Como consecuencia, la prisión ha sido responsable en grado
sumo de demonizar a soldados en vez de sospechosos terroristas, y esto sigue
siendo así hoy en día, con todavía 172 hombres retenidos, la misma cifra que
cuando se abrió Guantánamo.
A pesar de la nueva propuesta para la AUFM, no es cierto en absoluto que la
administración Bush quiera una nueva Autorización. A raíz de la muerte de bin
Laden, John Brennan, el asesor del presidente para la seguridad interior y
contraterrorismo, sugirió que la muerte
de bin Laden y las revueltas por la democracia en Oriente Medio eran el
principio del fin de al-Qaida, y Jeh Johnson, el principal abogado del
Pentágono, es de parecida opinión. En marzo, le dijo al Comité de Servicios Armados del Congreso que la AUFM de 2001 era “suficiente para abordar
las existentes amenazas que he visto”.
El principal problema de la administración respecto a la propuesta de una
nueva versión de la AUFM puede tener que ver más con Guantánamo, cuyo cierre
sigue siendo un objetivo de la administración, como explicó el fiscal general Eric Holder tras la
muerte de bin Laden, que con las operaciones militares en general. La propuesta
de una nueva AUFM “mantendría la prisión de la Bahía de Guantánamo
prácticamente abierta para siempre”, en palabras de Spencer Ackerman, porque
vuelve a introducir valoraciones militares acerca del nivel de amenaza que
representan los prisioneros, impide el reasentamiento de los prisioneros en
EEUU (aunque un panel de revisión valore que no son una amenaza), hace que sea
casi imposible trasladar a los prisioneros a otros países e imposibilita que la
administración pueda comprar o adaptar unas instalaciones para mantener a los
prisioneros de Guantánamo en EEUU, repitiéndose sobre todo los abominables añadidos al proyecto de gastos de defensa de este
año, pero con las “evaluaciones del ejército” como bonificación.
Además, el republicano McKeon y sus seguidores no son los únicos
congresistas que intentan mantener abierto Guantánamo, aunque el objeto de la
mayoría de los interrogantes de los últimos nueve años –Osama bin Laden- esté
ahora muerto. El 11 de mayo, seis senadores estadounidenses –los republicanos
Lindsey Graham, Kelly Ayotte, Scott Brown, Saxby Chambliss y Marco Rubio, más
Joe Lieberman- introdujeron el “Acta de Detención de Terroristas para la Seguridad de EEUU”, basada en una respuesta de la derecha a
la muerte de bin Laden, la cual, desafiando el testimonio experto de numerosos
interrogadores de las últimas dos semanas, se apoya en la falsa creencia de que
la detención en los “lugares negros” de la CIA, el uso de la tortura y la
existencia de Guantánamo contribuyeron todos juntos a localizar a bin Laden.
Ese enfoque equivocado acerca de la recogida de inteligencia ignora la
verdad: que los interrogadores, utilizando métodos legales, no coercitivos, no
necesitaban torturar, ni “sitios negros”, ni Guantánamos, para conseguir la
necesaria información. En realidad, Guantánamo, una prisión a la cual se
trasladaba a prisioneros atrapados al azar donde se les sometió a años de
tortura hasta que decían mentiras los unos sobre los otros, es todo lo
contrario de una inteligencia específica y bien dirigida en relación a un
puñado de prisioneros importantes que era necesaria para empezar el largo
proceso de hallar a bin Laden.
Incluso así, en comentarios posteriores a la propuesta legislación, el
senador Chambliss, el miembro republicano de mayor rango del Comité Selecto del
Senado para la Inteligencia, y miembro del Comité de Servicios Armados del
Senado, se centró específicamente en Guantánamo, con el propósito de mantenerlo
abierto para siempre y utilizarlo para la detención e interrogatorio de nuevos
prisioneros, afirmando: “Los sucesos de la pasada semana subrayan la
importancia de la información que obtuvimos de los detenidos, especialmente de
los de la Bahía de Guantánamo”. Y añadió: “Durante meses, hemos estado
preguntando a los funcionarios de la administración dónde podríamos meter a los
detenidos que capturemos. La legislación proporciona una respuesta y nos da la
oportunidad de recoger inteligencia procesable para mantener a nuestro país a
salvo”.
El senador Chambliss se basó también en afirmaciones desacreditadas,
procedentes del Pentágono, en las que se afirmaba, sin pruebas, que uno de cada cuatro de
los 600 prisioneros liberados de Guantánamo –un total imposible de 150 prisioneros- “han vuelto al
campo de batalla, o se han implicado en actividades terroristas contra Estados
Unidos. Por tanto, las tasas de reincidencia son superiores al 25%”, dijo el
senador Chambliss, “no podemos permitirnos dejar que más detenidos peligrosos
vuelvan a la lucha”.
Al igual que las enmiendas al proyecto de ley de defensa de 2012 en la
Cámara de Representantes, el “Acta de detención de terroristas para la
seguridad de EEUU” prohibiría también el traslado de cualquier prisionero a
cualquier instalación en suelo estadounidense, impidiendo que el presidente
cierre Guantánamo, mientras, como esperan los senadores, se va añadiendo una
nueva población de detenidos.
Con toda esta oposición, se hace difícil poder ver cómo va a poder
concretarse el “dividendo para la paz” que debería resultar de la muerte de bin
Laden, aunque, por supuesto, no es razón para que los opositores a la guerra, a
las detenciones arbitrarias, a la tortura y a las ruinosamente caras políticas
exteriores y políticas de contraterrorismo se resignen. Bien al contrario, es
hora de que hablemos más alto que nunca.
Andy Worthington es autor deThe Guantánamo
Files: The Stories of the 774 Detainees in America’s Illegal prison (publicado por Pluto Press) y
trabaja como asesor político para la Fundación del Futuro de la Libertad. Visite su sitio web en: www.andyworthington.co.uk
Fuente:
http://www.andyworthington.co.uk/2011/05/14/no-end-to-the-war-on-terror-no-end-to-guantanamo/
¡Hazte voluntario para traducir al español otros artículos como este! manda un correo electrónico a espagnol@worldcantwait.net y escribe "voluntario para traducción" en la línea de memo.
E-mail:
espagnol@worldcantwait.net
|