Holder, Obama y la Cobarde Vergüenza de Guantánamo y el Juicio del 9/11
Andy Worthington
6 de abril, 2011
Traducido del inglés por El Mundo No Puede Esperar 19 de mayo de 2011
Desde Mayo 2009, cuando por primera vez el presidente Obama cedió a la
presión Republicana en asuntos de seguridad nacional y abandonó
un plan del abogado de la Casa Blanca Greg Craig para traer a dos
prisioneros – no sospechosos - de Guantánamo hasta los EEUU, porque estaban a
riesgo de ser torturados si se les repatriaban, ha sido evidente de que no hay
nada suficientemente importante para que la Administración no eche por la borda
en el momento que las críticas empiezan a aparecer.
Después del primer triunfo con los prisioneros que no eran sospechosos –
bloqueando la entrada a los Estados Unidos de los Muslims Uighurs de la
provincia Xinjiang de China, que un tribunal de los EEUU ya les había declarado
listos para ser liberados– los Republicanos
y en menor medida los disidentes del propio partido de Obama, se dieron cuenta
que tenían poder para modificar los asuntos de seguridad nacional,
particularmente cuando la palabra mágica “Guantánamo” salía a relucir.
Como resultado, cuando un joven nigeriano, aparentemente reclutado en
Yemen, intentó poner una bomba en un avión que se dirigía a Detroit el día de
Navidad del 2009, los críticos aullaron que ningún yemení de Guantánamo debería
ser liberado; el Presidente no les dejó saber que eso era inaceptable, y que no
apoyaría la política de “culpable por nacionalidad.” En lugar de eso, capituló inmediatamente imponiendo
una moratoria en la puesta en libertad de los yemenís en Guantánamo que
todavía perdura 15 meses después, debilitando la promesa del propio Presidente
de cerrar la prisión.
Algo similar les pasó a los críticos de Obama después de que el fiscal
general Eric Holder anunció el 13 noviembre del 2009 que Khalid Sheikh Mohammed
y cuatro hombres más, acusados de su participación en los ataques del 9/11 se enfrentarían a un tribunal federal en Nueva York,
el mismo día que anunció que otros cinco hombres se enfrentarían a un tribunal
de las Comisiones Militares en Guantánamo.
A pesar de que este anuncio fue bien al principio, con la mayoría de las
quejas provenientes de los críticos de las Comisiones – incluido yo mismo – consternados
de que Obama y Holder sacaran de la tumba el muy criticado sistema de
tribunales militares, enseguida surgió una reacción cínica contra el previsto
juicio federal contra los supuestos co-conspiradores del 9/11. Esto fue
dirigido por Keep America Safe (Para una América Segura), una organización
fundada por la viuda del 9/11 Debra Burlingame, la autoridad derechista William
Krystol y Liz Cheney, la hija del antiguo vicepresidente Dick Cheney, que podía
bien haberse llamado “Para una América con Miedo.” De cualquier manera, el plan
salió bien, porque ahora, ya previsiblemente, cuando los críticos levantaron
sus voces en protesta, Obama, otra vez se echó para atrás, arrinconó esos
planes, dejando aparecer a Holder como un insensato.
Sin embargo el Fiscal General por lo menos mantuvo algunos de sus principios.
Conociendo la importancia del juicio de Khalid Sheikh Mohammed y de los
supuestos co-conspiradores, Holder dijo a Jane
Mayer del New York Times, el pasado Febrero, que él estaba “dispuesto a
no abandonar la idea de hacer un juicio del 9/11.” El reporte de Mayer decía:
“No pido perdón por lo que hice,” me dijo. “La historia demostrará que
las decisiones que hicimos fueron las correctas.” Holder declaró que vio el
juicio de Khalid Sheikh Mohammed en un tribunal como “el acontecimiento cumbre
durante el tiempo que fui Fiscal General.” Pero, añadió, “entre ahora y
entonces sospecho que van a pasar algunas cosas interesantes.”
Esas “cosas interesantes” incluyen ver al jefe de Holder no hacer nada
para luchar contra sus críticos, de manera que, al final del año pasado, los
partidarios de Guantánamo en el Congreso estaban tan envalentonados, y tan
seguros de que Obama no haría nada para oponerse a ellos, que introdujeron
legislaciones dentro del presupuesto militar explícitamente
prohibiendo a la Administración traer a prisioneros de Guantánamo a los
Estados Unidos para juzgarlos – mencionando a Khalid Sheikh Mohammed con su
nombre, por si acaso alguien no se había enterado.
Cuando la legislación se aprobó, Obama pudo vetarla o pudo luchar para
eliminar las provisiones más ofensivas, más contenciosas, pudo haber firmado
una declaración negándose a aceptarla, pero predictiblemente, no hizo ninguna, significando que Khalid Sheikh
Mohammed y sus co-acusados se quedarían en Guantánamo sin posibilidad de juicio
alguno, o de que el Presidente aceptaría que había sido obligado a llevarlos
ante un tribunal de la Comisión Militar.
Al anunciar la opción de intimidación el lunes, Eric Holder ni
se preocupó de disimular su desilusión. Empezó explicando que, cuando el
estudió la mejor opción para el juicio en el 2009, lo hizo con una mente
abierta, y llegó a la conclusión de que “la mejor manera de proceder con el
juicio era con un tribunal federal.” Añadió intencionalmente que, “sigo con la
misma opinión” y presentó una evidencia
irrefutable defendiendo la decisión del tribunal federal:
Estábamos preparados para presentar un fuerte caso contra Khalid Sheikh
Mohammed y sus cuatro co-conspiradores; uno de los casos mejor preparado y estudiado
de todos los que he conocido durante mis décadas de experiencia como fiscal.
Examinamos cuidadosamente la evidencia y concluimos que podíamos probar la
culpabilidad del acusado siguiendo con los sólidos valores y tradiciones de
nuestras leyes. Consultamos cuidadosamente con los servicios secretos y
establecimos un plan específico de cómo usar la información secreta. Si este
proceso se hubiera hecho en Manhattan o en otro lugar de los Estados Unidos,
como exploré seriamente el año pasado, estoy seguro que nuestro sistema
judicial hubiera funcionado perfectamente, de la misma manera que lo ha estado
haciendo por más de doscientos años.
Holder más tarde condenó al Congreso por interferir en la decisión por
razones políticas, generosamente citando la queja del Presidente de que estas
“poco aconsejables e imprudentes restricciones debilitan nuestros esfuerzos contraterroristas
y podrían dañar nuestra seguridad nacional,” pero principalmente expresando su
propia desilusión más elocuentemente y revelando inadvertidamente que nada
relacionado con Guantánamo es de particular importancia para Obama, que no ha
hablado con convicción de este asunto desde que se convirtió en presidente:
Decisiones sobre quién, dónde y cómo juzgar han
sido siempre – y debe continuar así – la responsabilidad de la rama ejecutiva. Miembros
del Congreso simplemente no tienen acceso a la evidencia y otra información
necesaria para tomar decisiones judiciales. Aún así, han eliminado una de las
herramientas contraterroristas más probadas de la nación y nos han atado las
manos de manera que pueden tener ramificaciones importantes.
A pesar de que Holder expresó su confianza en
las Comisiones como un sistema capaz de impartir justicia, su preferencia por
el tribunal federal fue aparente, cuando se puso a defender apasionadamente a los
tribunales federales, como consecuencia de “varios criticismos injustos y a
menudo infundados.”
Esto fue probablemente una referencia a la manera en la que las críticas
de los republicanos intentaron ganar beneficios políticos del juicio federal de
Ahmed Khalfan Ghailani, el único prisionero de Guantánamo que se trajo a los Estados Unidos (en Mayo 2009),
donde su reciente condena y
cadena perpetua fue percibida por sus críticos
como un fracaso, porque el juez desestimó el uso de evidencia procedente tras el uso de tortura (como requiere
la ley), y porque el jurado desechó todos excepto uno de los 285 cargos contra
Ghailani.
En su defensa del sistema de tribunal federal, Holder escribió:
Los tribunales federales han probado ser un
instrumento indiscutible para hacer justicia con los terroristas. Nuestros
tribunales han condenado a cientos de terroristas desde el 11 de Septiembre, y
nuestras cárceles mantienen seguros a cientos de ellos, muchos de ellos con largas
sentencias. No hay ningún otro sistema que ha demostrado la habilidad para
incapacitar a los terroristas y al mismo tiempo sacarles información con tal
diferente tipo de circunstancias, como nuestro sistema de justicia tradicional.
En conclusión, Holder se lamentó que el caso del 9/11 “ha sido marcado
con controversia innecesaria desde el principio.” Como continuó explicando,
“los fiscales de Khalid Sheikh Mohammed y sus co-conspiradores nunca debieron
exponer argumentos ideológicos o políticos,” pero deberían “haber sido siempre
sobre repartir justicia para las víctimas del 9/11, y para sus seres queridos
sobrevivientes. Nada más.”
Este es otro mal día para la justicia, por una Administración que ha
estado marcada por la ausencia de buenas noticias cuando trata de asuntos de
seguridad nacional. En general, Eric Holder se merece solo un ligero elogio,
por la manera en que participó protegiendo a los
abogados de Bush de las acusaciones por su participación en los “memorándums
de torturas” en Agosto del 2002, y por su fallo de
supervisar el habeas de la legislación de Guantánamo, que ha continuado
tan agresivo como si Bush todavía estuviera en el poder. En el juicio del 9/11, sin embargo, y con su
exasperación obvia con el clima político en el que el terrorismo – cuando
relacionado con Guantánamo – fue utilizado sin ningún tipo de vergüenza por
oportunistas políticos o capturado por las ideologías derechistas que empezaron
a convencerse hasta convertirse en una indecorosa locura de histeria y
paranoia. Holder por lo menos, continúa expresando su creencia en ciertos
principios, a pesar de lo mucho que se ha visto obligado a ignorarlos.
Por todos lados en la administración, y particularmente con las acciones
de Barack Obama, que consistentemente ha fallado en ser un líder cuando se le necesitaba, no ha habido ni
siquiera una pizca de reconocimiento de que ciertos principios se han perdido,
y de que, me parece a mí, debería ser causa de mucha preocupación de que los
simpatizantes de Guantánamo – que con la falsa teoría de que los terroristas
son guerreros que deben ser juzgados en tribunales de guerra militares –
consigan otra victoria gracias a Obama.
Andy Worthington es el autor de Los Archivos de Guantánamo:
Historias de los 774 detenidos en la Cárcel Ilegal de América.
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